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La nueva usurpación: chalés con piscina y coches de alta gama

Una prueba de que la ocupación que se está detectando no responde a los cánones de siempre podría ser que del chalé de Francisco, en Gines (Sevilla), dos de los sucesivos delincuentes que lo habitaron, en una usurpación de romería que duró cuatro meses, fueron recogidos una mañana en la puerta por un deportivo, «un Audi de 50.000 euros». Del de Teresa, en Espartinas, a los menores de la pareja okupa los sacaron una noche a bordo de un BMV.

Estos dos casos están separados en el mapa poco más de cinco kilómetros, pero íntimamente ligados por un vínculo surrealista: en ambos fue una misma mafia «la que manipuló el contador de la luz, del agua y cambió el bombín de la cerradura» antes de proceder a lo que, aparentemente, fue el alquiler de ambas viviendas a terceros.

Lo cuenta Teresa, que cada enganche ilegal de los servicios básicos lo hizo una persona. «Primero vino uno en un coche, después otro, luego el de la puerta, en pleno día, a cara descubierta». Y delante de ella. Era jueves 11 de junio, consiguió sorprenderles gracias a un aviso y grabar con el móvil la incursión, lo que una vez subido a las redes se convirtió en un vídeo viral que resultó clave para disparar la presión social y terminar expulsando a los okupas en ocho días.

Aquellas imágenes permitieron conectar el ilícito con el de la casa de Francisco, que había comenzado en febrero, ya que sus vecinos reconocieron en ellas a quienes habían puenteado los suministros en Gines.

El negocio de vivir bien

«Es un negocio», zanja este joven, «no son ocupaciones de necesidad, sino para vivir mejor sin pagar». Y es que el guión descabellado de esta pesadilla quiso que a Francisco le entrara gratis a vivir en su casa y a pasar el confinamiento un tipo justo cuando él acababa de pagar la señal de compra y andaba de notarios y bancos, peleándose la hipoteca y echando las correspondientes cuentas para las próximas décadas.

«La segunda vez que fui con la guardia civil -narra-, ese señor (por el okupa) nos abrió la puerta, estaba con una menor de 14 ó 15 años, nos dijo que no tenía donde ir, que les venía bien la zona porque ella tenía por allí a sus amigas y había jardín para el perro». Tras ellos, que un día desaparecieron, vinieron otros, «chavales, una pareja con dos niños... hacían vida normal, como si vinieran del gimnasio, con sus vehículos nuevos, se veía por la matrícula». Entre otros, instalaron cámaras de seguridad para protegerse de intrusos.

Cuando el estado de alarma lo permitió, el vecindario se movilizó en concentraciones vespertinas, a las que se sumó Vox Sevilla en su lucha contra la okupación, y que se celebraron tanto en Gines como en Espartinas. Se hizo con mucha prudencia , recuerda Teresa, para evitar ser denunciados por coacciones por los vándalos, como intentó en vano el que estaba ilegalmente en su vivienda y que, entre otros, la llamaba «perra», llegó a tirarle piedras y a mostrarle el trasero.

También acabó amenazándola con destrozarle el chalet si finalmente tenía que marcharse. Ella está convencida de que lograron echarle las manifestaciones y la exposición mediática del caso, pero lo determinante en los dos casos fue el corte de la luz y el agua, que les evitó un proceso de desahucio que se hubiera prolongado de seis meses a más de un año.

Impotencia

Teresa hizo frente desde la calle a su okupa -que primero estaba aparentemente en familia y después solo con otro hombre- todo el tiempo. En el minuto uno, ella también llamó a la Guardia Civil, y a la Policía local, que llegaron al filo de lo flagrante, pero nada pudieron hacer. «Les he visto con lágrimas en los ojos», indica para ilustrar la impotencia de las fuerzas de seguridad ante estas prácticas.

El intruso mostró a los agentes una llave y un contrato de alquiler de 800 euros al mes. Falso, ajeno a la legítima propiedad del inmueble, se supone que firmado con la mafia usurpadora, pero suficiente para neutralizar la acción policial. Teresa ofreció ayuda al hombre. «Para buscarle un alojamiento, un apoyo económico, yo trabajo en una entidad con obra social, pero no lo quiso», explica.

Al segundo día «les estaba viendo llenar la piscina», y entonces es cuando se fue a la compañía local del agua y consiguió que cortaran el servicio. Con la luz costó un poco más. Para ello recurrió al Ayuntamiento, gobernado por los socialistas gracias al respaldo de Podemos, y no obtuvo gran cosa. «Me recibieron en una reja y me dijeron que hiciera una instancia general. Cuatro días después pude ver a la alcaldesa», aunque finalmente el cierre del fluido eléctrico llegó por otras vías.

En ambos casos, Gines y Espartinas, hay interpuesta denuncia y expectativa cero de que los respectivos intrusos vayan a recibir algún correctivo. «Delito leve de usurpación» lo definió un juez al que fue a ver Teresa, y más en su caso, puesto que al no ser la ocupada su vivienda habitual no cabe «allanamiento de morada». También comparten el trauma de saber lo que es no dormir de miedo y la convicción de que, mientras no cambie la ley, nada asegura que esto no vuelva a ocurrir.

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