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La mano del hombre condena un ecosistema clave de Galicia

Los últimos temporales han dejado una profunda cicatriz en la laguna de Baldaio (Carballo, A Coruña), uno de los humedales costeros más importantes de Galicia. Las insistentes lluvias han alterado el espacio y bloqueado el canal de intercambio intermareal con el mar, con consecuencias no solo ambientales. Además de la importante alteración de la salinidad de un ecosistema clave en Galicia, varias viviendas y un 'camping' permanecen cercados por el agua, mientras la campaña marisquera corre serio peligro. Las causas y las posibles medidas paliativas están siendo analizadas por un equipo de la Universidad de Santiago, pero todo apunta a infraestructuras ejecutadas desde los años setenta, algunas de ellas relativamente recientes, como desencadenantes de la actual situación.

Baldaio es un enclave natural conocido no solo por su incalculable valor ecológico. Es también un símbolo de la lucha ecologista de la Galicia de la Transición, a raíz de las movilizaciones que se registraron en mayo de 1977. Miles de personas salieron a la calle para protestar por las obras que se realizaron al amparo de una concesión para criar marisco. Se construyeron compuertas, canales y pistas para vehículos para optimizar el cultivo de bivalvos, sin evaluar su impacto en la dinámica de la marisma. Eran años en los que el entonces pujante sector de la construcción también se alimentaba de toneladas de arena procedente de la laguna. El tiempo ha dado la razón a aquel movimiento vecinal, ya que la alteración del espacio exhibe sus peores consecuencias 43 años más tarde.

La situación es desastrosa para mújoles y lubinas, que aletean sobre la arena en busca del mar para escapar de una muerte segura. Al permanecer aislada del océano, la laguna pierde su salinidad y se convierte en un hábitat hostil para los peces que la habitan. Tras el parón invernal, los mariscadores están a punto de iniciar la campaña, pero el nivel del agua ha subido tanto que, si se mantiene, tendrán que renunciar a sus capturas de berberecho, navaja y almeja.

También viven con angustia los habitantes de la zona, que permanecen incomunicados por la inundación del entorno. Estos días se vieron imágenes de vecinos saltando por encima del muro del 'camping' anexo para poder acceder a sus viviendas. Son pocas, pero habitadas en la mayoría de los casos por personas de avanzada edad. El agua llega también a las puertas del establecimiento turístico, ahora cerrado por reformas, pero cuyos propietarios desconocen cuándo y cómo podrán retomar la actividad.

“El puente por el que tenía que salir el agua como si fuese una ría está tapado por la arena, entra el mar con las mareas altas, pero no sale, y se junta con el agua de los ríos cercanos, que sigue llegando, y así va creciendo y creciendo”, relata una vecina, que asegura que los más viejos de la zona no han visto jamás alcanzar a la laguna semejante cota.

La Xunta, mientras, decidió la pasada semana abrir un canal de salida para la laguna mediante una actuación urgente, después de una reunión mantenida por la mesa de trabajo de las 'consellerías' de Medio Ambiente y del Mar. Como resultado de este encuentro, los técnicos de los dos departamentos autonómicos y del Instituto Universitario de Biodiversidad Agraria y Desarrollo Rural, de la Universidad de Santiago, se desplazaron a Baldaio para analizar sobre el terreno el estado de la zona y acordar las medidas más adecuadas. La primera de ellas consiste en la apertura de la laguna con el fin de que pueda desaguar, ante la imposibilidad de que este proceso se produzca en estos momentos de forma natural.

El Gobierno gallego también ha anunciado la redacción de un plan “que permita conjugar los intereses medioambientales de la laguna con los intereses del sector marisquero”. No en vano, se considera su marisma uno de los lugares más productivos del país, de aguas poco profundas y bien iluminadas, enriquecidas con los nutrientes del mar y de los ríos. La Xunta elaborará además un plan para garantizar la conservación de los valores naturales de la laguna de Baldaio y recuperar el equilibrio de ese hábitat. Costas del Estado, mientras, se ha comprometido, a través de su jefe de Demarcación, Rafael Eimil, a realizar una intervención tan pronto como la Xunta lo autorice, ya que debe contar con permiso expreso de la Dirección de Conservación de la Naturaleza, de la Consellería de Medio Ambiente.

Muchas de las obras ejecutadas en la zona se debieron a la concesión para el marisqueo, pero de la extracción de arena alertaba en 1981 un informe

Décadas de agresiones han causado un daño irreparable en Baldaio —mar, laguna y marisma—, un cordón de más de tres kilómetros de dunas, que conforma en su conjunto uno de los arenales más extensos de Galicia. Pero hasta la fecha, el ecosistema persistía en equilibrio pese a su fragilidad. Allí conviven aves de diverso tipos y tamaños, que encuentran en ese espacio uno de sus núcleos más destacados de cría en Galicia. La presencia de estas y otras especies la convierten en un espacio protegido en Red Natura y catalogado como ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves). Ese equilibrio está en peligro de desaparecer definitivamente.

Muchas de las obras ejecutadas en la zona se debieron a la concesión para el marisqueo, pero de la extracción de arena ya alertaba en 1981 un informe del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que pronosticaba un futuro “desolador”. “Sabemos que por un tractor de arena se están pagando 5.000 pesetas, y en una sola noche se pueden extraer varias toneladas”, señalaba. La arena desaparecía “día a día, de un modo más o menos encubierto por maniobras de transformación”. “A pesar de la teórica ilegalidad, los daños que se están causando son irreparables y a este ritmo, en un corto plazo, serán irreversibles”, añadía el documento.

El siguiente capítulo de agresiones se debió al Prestige. No por la marea negra, que no alcanzó la zona, sino por las medidas que se adoptaron para evitarla: taponar la entrada de agua del mar para impedir que la pleamar llevase el chapapote al fondo de la marisma. Se rompió una vez más el delicado equilibrio entre agua dulce y salada y sus ecosistemas asociados. “Cuando vino el Prestige, nos estábamos comenzando a recuperar”, recuerda María José Felípez, presidenta durante 22 años de la agrupación de mariscadoras de Baldaio, que relata cómo se perdió el agua salada “y murió mucho marisco”.

Y aunque no existe ningún estudio que lo acredite, la creencia entre vecinos y mariscadores es que el enorme dique del Puerto Exterior de A Coruña, a 10 kilómetros en línea recta, también ha podido alterar las corrientes y las acumulaciones de arena en la laguna. Ahora se ven abocados a nuevas obras de urgencia, pero convencidos ya de que la mano del hombre ha herido para siempre la laguna de Baldaio.