Spain

La isla contra el continente

Ante los que piensan que el placer se encuentra en la repetición, reconozco que siempre que vuelvo a Londres termino cayendo en una de mis tentaciones favoritas: Hatchards en Picadilly, la librería que presume desde 1797 de vender meditaciones encuadernadas. Entre los amigos de papel que he descubierto en mi última visita se encuentra Britain’s Europe, el análisis de un milenio de conflicto y cooperación entre Gran Bretaña y Europa escrito por el profesor Brendan Simms, especialista en historia de las Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge.

El libro empieza por reconocer el celebrado complejo de excepcionalidad isleña que acompaña a la identidad primero de Inglaterra y, después, de Gran Bretaña. Dentro de esa visión de reducto inexpugnable de soberanía nacional –resistente a Napoleón, Hitler o incluso a los europeístas de Bruselas– se insiste en que Inglaterra desde 1066 ha sido diferente y… mejor. Tal y como demuestra la Carta Magna, el desarrollo del Gobierno parlamentario, una destacada tolerancia religiosa, el sofisticado derecho consuetudinario y su revolución industrial. Además del alarde de conquistar un ingente imperio con maestría marítima, situarse en el lado ganador en las dos guerras mundiales y convertir el inglés, que originalmente solamente se hablaba en el valle del Támesis, en lingua franca para todo el mundo.

Al contrario de estas visiones relanzadas al calor del nacional-populismo, el profesor Brendan Simms argumenta que la historia británica es primordialmente una historia continental y que el destino de esa esperanzadora y gloriosa isla ha sido determinado mucho más por sus relaciones con Europa que por sus relaciones con el resto del mundo. Sobre todo, en lo referente a su política exterior y diseño constitucional. Dos frentes de especial relevancia en la tarantela del Brexit que aspira a reducir la historia del Reino Unido a la banda sonora del último día de los conciertos Proms de la BBC. Rule Britannia sin descanso hasta construir Jerusalén en la tierra verde y placentera de Inglaterra.