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La evolución del Lasismo

El Real Madrid de Pablo Laso gana un título cada 35 partidos. De la Copa de 2012 en el Sant Jordi a la de 2020 en el Carpena, un total de 19 conquistas, con una contabilidad de 523 triunfos (77%) y 153 derrotas en los 676 encuentros disputados hasta la fecha por los blancos en ocho temporadas y media. “Sigo celebrándolo como el primero”, cuenta el entrenador madridista. Un recorrido triunfal que esconde una metamorfosis constante en torno a un núcleo inalterable. Solo cuatro jugadores permanecen en el club respecto a la plantilla inicial de Laso: Felipe Reyes, Sergio Llull, Rudy Fernández y Jaycee Carroll. Los guardianes de las esencias. Sobre ellos ha gravitado un proyecto del que han participado 13 canteranos y 32 fichajes. Un viaje del Madrid de los Sergios [Llull y El Chacho] al de Campazzo y Tavares, cambiando de cuerpo sin perder el alma.

“Hay una idea que no es puramente baloncestística, pero es la fundamental. La que hemos ido transmitiendo en el día a día, de temporada en temporada, y entre todos los jugadores: la exigencia de ser siempre competitivos. Esa autoexigencia y el deseo constante de ser mejores se ha mantenido todos estos años porque hemos creado las condiciones necesarias para ello en el equipo. Cada año hemos incorporado a jugadores jóvenes que empujan desde abajo y anhelan jugar en el Madrid; hemos tenido paciencia con los fichajes, aunque les costara al principio, hasta hacerles ser parte importante… Esa es la base para que el trabajo baloncestístico, técnico y táctico se haya ido adaptando después a las cualidades de cada jugador y del grupo que forman entre todos”, explicó Laso en la tradicional cabalgata por las instituciones madrileñas para celebrar la conquista copera, ocho años después de aquel primer título en Barcelona, el que “hizo abrir los ojos al equipo, recuperar la fe y encontrar el camino de cómo hacer las cosas”, en palabras del entrenador madridista.

“Todos los jugadores que vienen aquí saben a lo que vienen. Y si no lo saben o no conocen la competición, los veteranos se lo inculcamos desde el primer día”, resume Felipe Reyes cuando repasa la evolución de la plantilla madridista en estos años, en los que como capitán, con 16 temporadas en el club, ha gestionado la cadena de transmisión de la idea. “Entre todos hemos logrado consolidar y prolongar la filosofía del club”, añade. “Nos hemos sobrepuesto a las importantes salidas que hemos tenido [Mirotic, Chacho, Doncic…] porque todos los que vienen se adaptan perfectamente a la filosofía de Pablo [Laso]”, reitera Rudy, otro de los pilares, recientemente renovado hasta 2022. De todos los fichajes madridistas, tan solo seis fueron cortados después de su primer año (Hettsheimeir, Ndour, Lima, Álex Suarez, Hunter y Randle). Con el resto de incorporaciones funcionó la paciencia de la que habla Laso, con Thompkins, Randolph y Taylor como representantes de las piezas que, superadas las dudas, se han convertido en estructurales. Las apuestas de futuro, en las que antes se anticipaban clubes como el Baskonia, también son ahora un filón madridista, como ocurrió con Campazzo en 2014 y con Deck en 2018. El Facu hizo la mili en Murcia durante dos temporadas y ahora es uno de los bases más determinantes de Europa, el líder de este Madrid en el que los bases siempre han manejado la hoja de ruta.

“En el base empieza todo”, repite Laso, conocedor del oficio de metrónomo y pasador. Y ahí situó el técnico su inamovible centro de operaciones desde 2011, los cimientos del estilo. “El base es la pieza fundamental porque es el que marca el ritmo del equipo, en defensa y en ataque. Siempre hemos buscado tener alternativas diferentes y complementarias en esa posición”, arranca Laso antes de desgranar la estructura de su guion. “Incluso Prepelic, que no es un base como tal, tuvo una aportación importante en esa posición en algunos momentos de la temporada pasada. Todos, desde Jorge Sanz, que estuvo con nosotros el primer año, hasta El Chacho, han cumplido con ese trabajo en estos nueve años para que el equipo sea reconocible en su filosofía. Sergio Rodríguez, Llull y El Facu son grandes estrellas de la Euroliga, pero todos los que han pasado por esa posición han sabido adaptarse a la evolución del equipo y conducirlo siempre sin perder la idea. Hemos tenido grandísimos jugadores en diferentes posiciones. Ahora toca Tavares, y el trabajo del base es engranar todas las piezas de ese motor. Hemos tenido mucha suerte con nuestros bases”, refuerza Laso.

El entrenador madridista fue uno de los más elogiados en los discursos del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. “Lo dijo Tavares y lo repito yo: Laso es el puto amo. Es la mejor definición que se me ocurre para él”, soltó el alcalde, José Luis Martínez Almeida, que responsabilizó al técnico de que el “ansia” del equipo “siga viva”. “Laso ha convertido este Madrid en una máquina de ganar y lo ha hecho desde la humildad”, sumó la presidenta, Isabel Díaz Ayuso. “Sabe lo que es y lo que representa el Madrid y es uno de los grandes artífices de esta época mágica del baloncesto de nuestro club”, completó el presidente blanco, Florentino Pérez. “Soy entrenador y estoy obligado, cada temporada y casi cada día, a adaptarme a todo. En los cursos de entrenadores es de lo que menos se habla y, probablemente, la adaptación sea lo más importante”, retoma Laso huyendo de personalismos. “Que reconozcan a nuestros jugadores siempre nos enorgullece, pero aquí no pensamos en los MVP. En esta Copa, Facu ha sido el MVP, pero sin los minutos de Llull el jueves, de Felipe en la final, de Tavares todos los días, de Deck, Rudy, Anthony [Randolph], Trey [Thompkins], Jeff [Taylor]… cada minuto de Jordan [Mickey], el inicio de temporada de Usman [Garuba]... Sin ellos no habría llegado ese premio. Lo importante es que todos sepan que son importantes”, cierra Laso.

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