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La conveniencia o no de los excesos 'a lo Jordan': "En la elite hay que abroncar"

«Un día, durante un entrenamiento, Phil [Jackson] decidió emparejarme con Steve Kerr. Phil sabía que yo era agresivo y para frenarme siempre protegía a mi defensor cuando había contactos. Yo me volvía loco: '¿Cómo vas a proteger a este tío cuando nos enfrentemos a Nueva York?'. Así que me propuse joder a Steve, fui a por él. La verdad es que le hice una falta muy sucia. Pero él reacciono, vino a por mí y me pegó en el pecho. Y yo se la devolví con todas mis fuerzas». En el documental The Last Dance, el fenómeno de la temporada de Netflix, Michael Jordan narra con esas palabras su puñetazo a Steve Kerr, compañero en los Bulls en 1995, el año de su primer regreso a la NBA, y, al mismo tiempo, admite las acusaciones que le rodeaban desde la publicación del libro The Jordan Rules en 1992. Ninguneaba al resto del equipo. Insultaba a quien se equivocaba. Y en más de una ocasión -no sólo ocurrió con Kerr, también con Will Perdue- incluso agredía. Pero, además de como el mejor jugador de baloncesto de siempre, pasó a la historia como un extraordinario líder, el hombre que guio a un equipo de la continua derrota a la celebración de seis títulos de la NBA en ocho años.

De alguna manera, un ejemplo. Así que la pregunta es obligada: ¿Hay actitudes de este tipo en los equipos hoy en día? Según psicólogos y expertos en coaching no sólo las hay, también son necesarias.

«Para mí Jordan, más después de ver The Last Dance, es un referente histórico en cuanto a liderazgo. Era un líder que tiraba de los compañeros. Les exigía como se exigía a él mismo. El propio Steve Kerr lo admite: aquello le hizo mejor jugador, ofreció su mejor versión al lado de Jordan. Hay determinados actos que se sacan de contexto, pero hay que enmarcarlos en la competición», responde Joseba del Carmen, que jugó en el Baskonia y como coach ahora ayuda al Espanyol y a deportistas como Jon Rahm o Maverick Viñales.

Otro tipo de líder

«En la élite, cuando los equipos son supercampeones, y eso lo he vivido, la responsabilidad de ganar corre a cargo de los jugadores, no se necesita al entrenador. Si alguien comete un error, el equipo, sobre todo el capitán o el líder, le abronca porque hay momentos en los que hay que mandar. Puede parecer exagerado, pero Jordan sólo recuerda al resto cuál es su responsabilidad. Introduce en los entrenamientos la exigencia que luego se vivirá en los partidos y eso, sin penalizaciones de ese tipo, es muy difícil de hacer. Enseña a los demás cómo se sentirán cuando fallen en plena competición y cómo deben responder», añade Xesco Espar, ex jugador del Barcelona de balonmano más triunfante, y asesor de conjuntos como el Girona, el Leganés o el Tottenham, además de Carolina Marín.

«La teoría habla de un tipo de líder demócrata y dialogante, pero en la práctica existen muchos tipos de líderes y hay muchos casos como el de Jordan. Es un tipo de líder que funciona. En alto rendimiento si los compañeros, aquellos que están siendo liderados, son conscientes de para qué lo están, aceptan el cómo. Puede haber quienes se bajen del tren, quienes decidan dejar el equipo, pero al resto les ayuda», analiza Jesús Portillo, profesor de Psicología del deporte de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y psicólogo de equipos como la selección española de hockey hierba.

Para todos los consultados, los excesos de Jordan son justificables ante la presión que sufre un equipo que busca el título de la NBA, pero deben tener dos contrapuntos: por un lado, un entrenador que sepa gestionarlos y manejarlos con destreza como hacía Phil Jackson y, por otro, las propias actuaciones del líder. Si rinde como hacía Michael Jordan, todo puede funcionar; si no lo hace, el riesgo es alto.

"El entrenador por delante"

«Un líder así siempre está sobre una balanza. Hay que valorarlo y actuar si quita más de lo que da. En los casos más extremos, habría que cambiar las jerarquías en el vestuario y otorgar más fuerza al entrenador. He vivido situaciones así y apartar al jugador suele ser efectivo. El grupo se siente respaldado: ve que aunque el jugador en cuestión sea importante, el entrenador pone por delante al grupo», expone Portillo.

«Es que en casos así es crucial la credibilidad. El líder exigente debe ser el primero en dar el nivel, en estar por encima del resto. Si no el entrenador debe intervenir. Hay que recordar que Jordan actuaba bajo las directrices de Phil Jackson, que ganó seis anillos con los Bulls, se marchó a Los Angeles Lakers y ganó otros cinco anillos. Su importancia en todo esto era alta», argumenta Xesco Espar.

Un liderazgo así puede generar conflictos en un equipo, pero el entrenador puede mediar y debe tener herramientas para hacerlo. Phil Jackson era un referente en ese sentido. Dejaba espacio a quien lo necesitaba, como se explica con el caso de Rodman, y reclamaba cuando era debido. Sólo con un técnico como él, capaz de ir modulando al equipo, se entiende que hubiera un líder en la pista tan fuerte como era Jordan», finaliza Joseba del Carmen.

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