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Spain

La contracumbre acaba sin incidentes y comienzan los actos de desobediencia civil

Unas 15.000 personas han marchado la mañana de este sábado entre Hendaya a Irún para protestar “contra las políticas neoliberales del G7”, el grupo de los líderes de los países más poderosos que se reúnen este fin de semana en Biarritz. Sin apenas incidentes —salvo los enfrentamientos de Urrugne de la noche del viernes, que se saldaron con 17 detenidos, los tres días de charlas, talleres y de la última manifestación, van a dar paso a acciones de desobediencia civil entre Bayona y Biarritz, que aumentan las posibilidades de chocar con la policía.

Este domingo están previstas siete concentraciones entre las 12 y las cuatro de la tarde en siete plazas de Angelu, Baiona y Miarritze, en torno al perímetro de seguridad de Biarritz al que es imposible acceder. La idea es crear "una gran zona arcoíris", según los organizadores, que "es el símbolo de la unión de todas las luchas y reivindicaciones" y el objetivo es denunciar la prohibición de manifestarse en Biarritz y "el recorte de derechos" que eso supone. Aunque los portavoces de la organización aseguran que "llegarán hasta donde puedan" de manera "pacífica", también afirman que "no se hacen responsables" de grupos ajenos a la contracumbre que puedan causar enfrentamientos con la policía.

En la protesta, sin embargo, el ambiente ha sido entre festivo y reivindicativo, con personas de todo tipo de colectivos de izquierda, desde partidos políticos hasta sindicatos pasando por feministas, ecologistas o independentistas marchando codo con codo. La presencia policial ha sido fuerte, pero ha estado bastante escondida para evitar enfrentamientos con los manifestantes. Gracias a los casi 200 voluntarios de la organización de la contracumbre que han controlado la marcha en todo momento, no ha habido que lamentar incidentes materiales ni personales, más allá de algunas pintadas y pequeños encontronazos verbales entre organizadores y grupúsculos de manifestantes. Al final de la manifestación, en Irún, se ha leído en cuatro idiomas (francés, español, inglés y euskera) un llamamiento contra el G7 consensuado entre las más de 100 entidades que han colaborado en la organización de la contracumbre y que pide buscar "alternativas a la globalización neoliberal".

"Queremos denunciar las políticas que excluyen a la gente de la vida digna, y que tienen su máxima expresión en la reunión de los líderes del G7", asegura una de las portavoces de la manifestación de la contracumbre, Luisa Menéndez, que ha venido este sábado desde Bilbao para apoyar la marcha. En la manifestación, las consignas lanzadas en euskera o en francés chocaban con la música reggae y ska que sonaba en los altavoces situados sobre el capó de varias furgonetas que seguían el trayecto, una de ellas incluso con dj y raperos en directo. Cuando se ha llegado al centro de Hendaya, la manifestación ha casi colapsado las calles, que se han convertido en un concierto improvisado frente a la escuela Jean Jaurés, con gente coreando consignas sociales en euskera.

Todos los grupos de edad estaban representados en la marcha. Jubilados y niños, personas de mediana edad y universitarios. David es un irlandés afincado en Irún que ha venido acompañado de su hija Sara, de ocho años. "Vengo por ella, porque no sé el mundo que le vamos a dejar", ha asegurado. Aunque duda de la efectividad de la marcha, defiende la movilización: "Esto no va a servir de nada, porque la clase media no nos movilizamos. Si fuéramos cinco millones en las calles, el G7 no tendría más remedio que hacernos caso". Junto a él, pasan fantasmagóricos unos guiñoles sobredimensionados que representan a los siete líderes de los países del G7, caricaturizados y junto a una pancarta que reza: "Contra el G7 y su mundo, defendamos nuestra alternativas".

La marcha ha avanzado sin problemas por Hendaya, donde todos los comercios estaban cerrados y algunos, sobre todo sucursales de bancos e inmobiliarias, estaban tapiados con placas de madera. Precisamente ha sido frente a uno de los pocos bancos que estaban sin tapiar que se ha producido una de las pocas escenas de tensión de la manifestación. Un par de chalecos amarillos han intentado quitar la protección para reventarlo, algo que han evitado voluntarios de la organización. "Queremos una imagen positiva del congreso y la marcha", repetían mientras repelían los empujones de una señora con chaleco, que les increpaba: "No me jodáis. ¿Qué sois, la policía? Sois basura".

Algunas pintadas a rotulador y a espray decoraban con consignas los escaparates tapiados, que se convertían en murales improvisados donde se encontraban reclamaciones ecologistas, anticapitalistas o incluso contra la depilación femenina. Todas las bocacalles que había junto a la vía por la que discurría la manifestación estaban cerradas con vallas y vigiladas por los voluntarios. Muchos vecinos curiosos se asomaban a las ventanas de sus casas a mirar y tomar fotos, e incluso alguno se animaba a bajar y sumarse. Antoine y Claire viven en Hendaya y trabajan en el Decathlon cercano. "La verdad es que ha sido más pesado todas las medidas de seguridad que llevamos estas dos semanas que la manifestación. A mí me parece que no molestan a nadie", ha opinado Antoine, que cree que lo más importante es "el ecologismo, defender el planeta que estamos matando entre todos".

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