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La colección de falacias económicas de la última homilía de Sánchez en la televisión pública

El presidente Pedro Sánchez acumula derrotas políticas y económicas. Aquí las vamos narrando semana tras semana. Algo que ya de por sí es duro, pero que se torna especialmente doloroso cuando Ayuso, quien ilustra una clara alternativa a tu modelo de gestión de la pandemia, concatena buenos datos sanitarios y económicos desde que tomó las riendas el pasado mes de octubre.

No es motivo de esta columna la valoración de las medidas sanitarias de la Comunidad de Madrid. Para eso ya está la prensa internacional, la que se consumen en las grandes ciudades europeas, como París o Milán, que coinciden en poner al modelo madrileño como un ejemplo a seguir a la hora de hacer compatible las dificultades asociadas al Covid19 con la defensa de derechos fundamentales y con una actividad económica capaz de funcionar siempre que respete la normativa sanitaria.

Porque quien pretende establecer una dicotomía entre salud y economía es que no sabe gestionar ni una cosa ni la otra. Y, además, va a rebufo de quien sí está siendo capaz de hacerlo.

Una comparación alto nivel basta para ilustrar esta afirmación: Madrid crece un 4,4% mientras España se estanca, crea 6 veces más empleo desde que Ayuso tomó las riendas de la segunda y tercera ola, y mantiene una baja fiscalidad compatible con el menor endeudamiento de todas las regiones del régimen común. 

Sánchez anota los peores datos sanitarios y económicos de la UE, la mayor tasa de paro (y de paro juvenil) y dispara la deuda al 120% del PIB. 

Y, ¿qué puede hacer un gobierno concebido para gestionar emociones cuando el dato mata al relato? Correcto: Sacar toda su maquinaria propagandística a la palestra. Porque eso, y nada más que eso, fue lo que Sánchez hizo en su homilía del pasado martes. 

Fueron muchas y muy burdas las afirmaciones sesgadas y al borde de la falsedad que hizo el Presidente del Gobierno entonces.

El paro

La primera es que los datos de paro y seguridad social que hemos conocido esta semana son positivos. En España hay en este momento 5.131.666 personas que quieren y no pueden trabajar. Somos líderes europeos en tasa de paro, y eso que de cara a nuestros socios europeos maquillamos las cifras oficiales y no incluimos a las 780.000 personas que están en un ERTE ni a los 440.000 autónomos que no pueden ganarse la vida por sí mismos por Real Decreto. 

Si calculáramos una tasa de paro con los activos de la EPA del cuarto trimestre de 2020 tendríamos una tasa de paro equivalente del 22%. Si el 16% ya es una cifra sonrojante, imagínense cómo quedaríamos en los ránking internacionales con 6 puntos más de paro.

Pero para nuestro presidente, al parecer, esto es positivo. Una creación de empleo que es un 50% inferior a la registrada en el mismo mes entre 2015 y 2019 o una reducción del paro cíclica, similar a la de 2015 y 2016, al parecer, son datos de los que hay que sacar pecho en el mundo paralelo que pretendió crear el Presidente del Gobierno para todos los españoles. 

Alguien debería decirle a Sánchez que estos datos son pobres en cualquier coyuntura económica. Pero especialmente decepcionantes si tenemos en cuenta que desde febrero de 2020 hay 1,8 millones de parados más.  

El FMI

También sacó pecho del último informe de perspectivas económicas del Fondo Monetario Internacional. Un dictamen que concede una mejora generalizada de las economías avanzadas, y del que cabría destacar algunas cuestiones:

  • La mejora de las perspectivas de crecimiento para la economía española es de medio punto con respecto a las que tenía este organismo en enero. Exactamente la misma cifra que para las economías avanzadas y muy lejos de la experimentada por Estados Unidos (1,3 puntos más), Canadá (1,4 puntos porcentuales más), e incluso Italia (1,2 puntos más).
  • España es, junto con Italia, el país que más tarde recuperará los niveles de PIB precrisis. Según este organismo no recuperaremos la riqueza de 2019 hasta, al menos, 2023. 
  • Además, nuestro país es el tercer país desarrollado con mayor déficit público. Tan sólo nos superan en este dudoso ránking Bélgica y Estados Unidos. Tanto es así que mientras que prácticamente todos los países europeos podrían volver a cumplir los criterios de Maastricht (déficit inferior al 3%) en 2023, el nuestro saldrá de esta crisis con un déficit estructural del 4,3%. 
  • ¿La razón? Una tasa de paro inaceptablemente alta, que seguirá creciendo durante este año y que no volverá a los niveles pre-pandemia (también muy altos) hasta 2027.

Dicho de otra manera: Sánchez está sacando pecho por uno de los países más rezagados de toda Europa y la OCDE, cuyas cifras macroeconómicas estarán subvencionadas por las próximas generaciones vía deuda insostenible (permanecerá en torno al 120%) y con una enorme red clientelar de personas desempleadas, cada vez más sector público y con una destrucción superior a las 100.000 empresas que comienza a ser estructural. 

Se trata, sin duda, de una forma curiosa de engañar a la gente, de tergiversar nuestra realidad nacional y de tratarnos como un rebaño de borregos a quien hay que pastorear desde la televisión pública. 

España no va bien. Si las cifras no nos sitúan al borde de un rescate inminente, tal y como hemos explicado en esta columna, es por el empuje de la Comunidad de Madrid, que no sólo ha crecido, sino que también ha creado más de 100.000 puestos de trabajo desde que comenzó la segunda ola mientras en regiones comparables y en el resto del país se ha destruido empleo. 

Y lo ha hecho, además, manteniendo la pandemia a raya, con un déficit del 0% y manteniendo el menor endeudamiento de todas las comunidades de régimen común, a pesar de ser la más golpeada en la primera ola. 

Pero España no va bien. La realidad es dura, y por eso la AIReF ha estimado una caída del PIB del primer trimestre de 2021 del -0,6% trimestral y ha revisado a la baja sus estimaciones para el conjunto del año, reduciéndolas 1,6 puntos porcentuales.

Calviño

Como también lo ha reducido Calviño, con la mayor rebaja de estimaciones de crecimiento de la democracia y con una estimación que se ha pegado a la del FMI y continúa siendo optimista. Este movimiento, además, es importante, porque supone un nuevo fracaso de la política fiscal de Sánchez: Las estimaciones de ciencia ficción enviadas a Bruselas y recogidas en los PGE ya no sirven. Ahora, la enorme estructura de gasto se mantendrá intacta, mientras que las previsiones de ingresos se evaporarán. La consecuencia es un agujero fiscal aún mayor que pagaremos usted, y yo y nuestros hijos. 

Esta crisis ha sido grave. Muy grave. Por supuesto que todos los países la han sufrido. La diferencia entre Estados Unidos y nosotros, por usar el país de referencia que usó el Presidente del Gobierno en su homilía, es que Estados Unidos ha sido uno de los países con menor impacto en 2020 y nuestro PIB se ha desplomado un 10,9%. Una ligera diferencia (nótese la ironía) a la hora de analizar el crecimiento de 2021, pues nosotros saldremos favorecidos por un claro efecto rebote, mientras que ellos por una recuperación capaz de recuperar buena parte del empleo perdido durante el año pasado.

Ya saben. Cosas de economistas. Lo importante es lo que nos cuente en su próxima comparecencia el Líder Supremo. Y, por supuesto, seguir cercenando parcelas de nuestra libertad mientras nos anestesian con varios globos sonda. 

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