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La Angorrilla, el hogar paralelo que Juan Carlos montó con Corinna junto a Zarzuela: amor y negocios

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Estos días de julio en los que el calor aprieta, la zona de El Pardo donde se encuentra la finca de La Angorrilla está prácticamente desierta. Situada a orillas del embalse más cercano de Madrid, las garitas de seguridad de la entrada están vacías. No se oye una mosca. La soledad es tan absoluta que estremece. Este bosque mediterráneo es un lugar que durante en el pasado simbolizó el poder de la dictadura de Franco. Un sitio que inspiraba temor y veneración. Una burbuja cerca pero lejos, de la capital española.

La historia del monte de El Pardo, de este inmenso territorio de 15.700 hectáreas de bosque mediterráneo (50 veces el tamaño del Central Park neoyorquino). Está lleno de cuarteles y pequeños palacios, entre los que se encuentra el que ocupó durante varios años Corinna Larsen, la ‘amiga entrañable’ de Juan Carlos I, en lo que fue "su vivienda paralela", cuentan a EL ESPAÑOL. Como vecinos, la alemana disfrutó de una fauna de 4.000 gamos, 4.600 ciervos y 500 jabalíes.

Porque este antiguo pabellón de caza está situado en un paraje sin igual y allí, probablemente, pasaron sus mejores momentos el Rey emérito y la que fue su provechosa amante durante una larga temporada. En la actualidad, la actividad del lugar ha vuelto al principio, cuando era tan sólo el centro donde los agentes forestales del monte tienen su lugar para cambiarse y organizarse. Han vuelto a la era precorinna.

Exactamente a 19 kilómetros de La Angorrilla, en el Palacio de la Zarzuela ha pasado el encierro y posconfinamiento motivado por la crisis del coronavirus el padre de Felipe VI. En sus jornadas de soledad, sentado en el jardín cerca del hórreo asturiano, el antiguo Jefe del Estado ha agotado las jornadas viendo cómo el cielo soleado que planeaba sobre su jubilación se ha ido transformando en negras nubes de tormenta. Tras el repudio ante notario de su hijo en forma de un duro comunicado el pasado 15 de marzo, han llegado los truenos y relámpagos en forma las diversas informaciones publicadas por EL ESPAÑOL y algún medio más sobre las comisiones que Juan Carlos I cobró por la construcción del AVE en La Meca, viajes con maletines con dinero y regalos de millones de euros.

Regalo 

Puede que el monarca Borbón, en su intento por olvidar los malos momentos que está viviendo, haya regresado mentalmente, una y otra vez, al pabellón de caza donde vivió una temporada de supuesta felicidad junto a su otra familia: Corinna y uno de los dos hijos de esta, Alexander, al que consideraba casi suyo como se demuestra en el ‘regalo’ de 65 millones de euros que les hizo a ambos para que nunca tuvieran problemas financieros. Al menos, el regalo "por amor" fue la justificación de Corinna en la declaración que hizo al fiscal suizo Yves Bertossa el 19 de diciembre de 2018. 

La residencia de la alemana en El Pardo duró hasta finales de abril de 2012 cuando tuvo que hacer la maleta, entre lágrimas, y abandonar la finca en la que había vivido, de forma intermitente desde 2008. La relación con el padre de Felipe VI comenzó en un viaje de caza en 2003 y se afianzó al año siguiente, cuando Corinna se encargó de organizar la luna de miel de los Príncipes de Asturias tras su boda, en mayo de 2004. Pero nueve años después, ya como ‘Ingrid’ (nombre en clave de la alemana para la central de inteligencia española) se dirigía hasta el aeropuerto de Madrid Barajas para que cogiera un vuelo con destino a Niza, en Francia donde un coche les recogería para llevarles a su casa en Mónaco.

No obstante, regresaría a La Angorrilla unos meses después. Fue allí en compañía de Juan Carlos, aunque ya no tenía una relación sentimental con el que era todavía el único Rey. "Todos sabíamos que estaba en la casita al lado del embalse. Le llamábamos 'La Vecina'. Eran viajes diarios de Juan Carlos ida vuelta hasta allí. Y el hijo se pasaba el día con la moto por el monte", cuenta una persona cercana a Zarzuela.

La decisión de que 'La vecina' desapareciera de la vida del entonces Jefe del Estado llega tras su accidente en Botsuana, el 13 de abril de 2012. Volviendo del país africano, el entonces Jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno le indicó a la ‘amiga entrañable’ del Rey que no veía conveniente que acompañara al padre de Felipe VI hasta el hospital donde iba a ser operado de su rotura de cadera y que debía continuar su vuelo hasta Mónaco.

Esa decisión, tomada el 14 de abril de 2012 terminó con el amor entre la misteriosa rubia que acompañaba a Juan Carlos a todos sus viajes y este. "Ahora está disfrutando de su venganza. Desde que se marchó ha debido sentir una rabia enorme por el chollo que perdió, porque con todos los respetos, si se le ponían al teléfono jeques árabes o mandatarios rusos para hacer sus negocios, era por deferencia a nuestro Rey", confiesa un amigo de Juan Carlos. "Dicen que la venganza se sirve en plato frío, y ya te digo yo que Corinna es una mujer de rompe y rasga, y nunca le perdonará su humillante salida de España. Vivía como una reina en La Angorrilla, mejor que la que tenía el título de verdad", añade.

Rehabilitación

En 2006 Patrimonio Nacional comenzó las obras de rehabilitación de esta finca, el antiguo pabellón de caza del Palacio de El Pardo, pero que tiene una entrada directa desde Zarzuela y en el que casi dos años después se instalaría la amante del entonces Rey para convertirla en su hogar durante los cuatro siguientes años. La empresaria alemana era tratada por los Servicios de Seguridad del Estado como un miembro VIP, por lo que contó con una escolta oficial bajo el nombre clave de ‘Ingrid’. Entre las reformas que se hicieron, instalar un muro para evitar ver lo que ocurría en los jardines y se construyó un garaje con acceso directo a la vivienda.

El interior de la residencia fue también remodelado. Del proyecto se encargó el interiorista Jaime Parladé. La casa se divide en varias estancias con distintos dormitorios, salones y un gran comedor. En esa sala hay tres chimeneas revestidas con piedra antigua, que es lo más valioso de la finca.

En el exterior se construyó una piscina de verano y se transformó el jardín, además de la pradera situada enfrente de la vivienda.

No esta claro quién pagó las obras que adecentaron el nuevo hogar paralelo de los Borbón Larssen en El Pardo. La memoria de Patrimonio Nacional revela que en 2004 se invirtieron 288.964 euros en "actuaciones de conservación y mejora de las casas forestales del monte de El Pardo", entre la que se encuentra La Angorrilla. Las cuentas de dos años después vuelven a hablar de "obras de conservación en La Angorrilla, Águila Alta, la Quinta, Somontes y Casa Quemada". 

Cuando hace unos años saltó la noticia de la estancia de la alemana en Madrid, algunos medios publicaron que la decoración de la finca había costado más de medio millón de euros y que había corrido a cargo de Zarzuela. Cuando se preguntó al departamento de comunicación de la Casa la respuesta fue el silencio. Así que estos datos están sin confirmar.

Antes de la reforma la casa estaba habitada por los agentes forestales de El Pardo que velaban porque todo estuviera en orden con anterioridad a la llegada de Corinna. Juan Carlos pasaba allí temporadas. "Cuando estaba harto de todo, se escapaba para estar solo. Hemos celebrado cenas con los amigos en tantas ocasiones. Cuando se instaló ella, íbamos también, pero ya no era lo mismo. Corinna era la señora de la casa. Hacía y deshacía. Vamos, vivía allí. En los jardines en verano se juntaban allí la gente más importante de Madrid, todo el mundo quería ir a La Angorrilla. Todos los sabían", cuenta un amigo íntimo del Emérito.

Puede que lo que la empresaria no supo nunca es que La Angorrilla tiene mucha historia entre sus paredes. En noviembre de 1906 fue la residencia del pintor Joaquín Sorolla y su familia, cedida por uno de sus mejores amigos porque su hija menor, María, padecía tuberculosis. Estuvieron allí instalados poco más de un año, pero de su paso por El Pardo nacieron obras como Arco Iris o María pintando en El Pardo.


Durante la II República se convirtió en parte de la sede del Gobierno, ya que Azaña residía en la Quinta del Pardo y fue allí donde estaba al producirse el Golpe de Estado el 18 de julio de 1936. Y durante la dictadura, Franco, que también decidió vivir en El Pardo pero en el Palacio, usó La Angorrilla como pabellón de caza y fue él quién decidió la construcción del embalse.


Tras la dictadura, Patrimonio Nacional se hizo cargo de todo el complejo de la zona y empezó a gestionar todos los emplazamientos de la zona.

Ahora la finca ha vuelto a la tranquilidad tras la etapa de Corinna. El único trasiego es el de los guardas forestales cambiándose antes de la jornada laboral. Atrás han quedado las veladas, los coches oficiales y los maletines. Ahora solo se ve a los paseantes que disfrutan de las orillas del embalse cuando ya cae el calor del verano.

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