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Jordi Gual, crónica de una «despedida» anunciada

la Fundación Bancaria La Caixa no es una fundación cualquiera. Es la FUNDACIÓN por excelencia, con mayúsculas. Y su presidente, tampoco es un presidente al uso, es el PRESIDENTE, también en caja alta. Y a Isidro Fainé, el incombustible PRESIDENTE de la FUNDACIÓN de La Caixa, le gusta su cargo, y mandar desde y a través de él. Y que no le hagan «luz de gas», obvio. Y si eso aún alguien hoy que no lo tiene asumido e interiorizado, sea quien sea, y sea cuál sea el nivel en el que se encuentre dentro de la cadena organizativa de la plantilla de La Caixa, es mejor que se apee en marcha lo más raudo y veloz que pueda y por sí mismo, porque en cualquier caso terminará por salir por la puerta –y no precisamente por la «grande»– más pronto que tarde. O no. Pero terminará saliendo.

Y es que en La Caixa hay unas normas. Como en todas las organizaciones, sí, pero en esta en concreto son de esas no escritas que se respetan a rajatabla, se cumplen porque siempre han estado ahí, y se cumplen en familia, casi como si fueran de la casa de uno. «Estos son mis principios, pero si no le gustan... ¡no tengo otros! tergiversaría si así se tuviera que expresar el presidente Fainé. Eso en «Ca’Caixa» es LEY. O lo tomas o lo dejas.

Y Jordi Gual, el hasta ayer mismo presidente de Caixabank –elegido por el propio patrono para sucederle al frente en dicho cargo hace poco más de cuatro años–, ni lo tomó ni lo dejó. Y despúes se lo encontró lo que se encontró. El caso es que en paralelo a la filtración de las negociaciones para la fusión de la antaño primera gran caja de ahorros catalana conBankia había runrún entorno a que la presidencia de la nueva entidad resultante recaería en la persona de Jose Ignacio Goirigolzarri. Cuando menos, curioso. Precisamente el líder de la entidad absorbida sentado al frente del sillón presidencial ya con la fusión en marcha. Y más aún. Que su segundo de a bordo sería el consejero delegado de la Caixabank presidida por Gual, Gonzalo Gortázar. ¿Y entonces, Gual? Ni rastro. Desaparecía del mapa por arte de birlibirloque. ¿Sorpresa para todos? ¿Y para él? Maestría de la casa.

Hacía tiempo que lo daba por hecho. No tenía constancia, pero lo sabía. Había dejado de ser santo de la devoción del PRESIDENTE. A sabiendas de que llegaría el día, Gual se mantiene hoy en un segundo plano. De momento. Aunque mejor le irá si mantiene la discreción, también lo sabe. Muchos, los considerados más cercanos a Fainé, algo se olían, porque con las cosas de la Obra Social en la casa no se juega. Las indicaciones al respecto se siguen sin osar preguntar. Norma no escrita ya saben. Salvaguardar la financiación de la obra social que realiza la Fundación La Caixa no es «pecatta minuta» para su presidente, algo que por cierto fue la línea roja más importante que ha mantenido el acuerdo de fusión en el aire desde que esta que trascendiera a la luz pública hasta minutos antes prácticamente de la firma definitiva del acuerdo. «El dinero no mana, para poder ayudar hay que ganarlo» (Fainé «dixit»). Y Gual «jugó» con el dividendo. Y le hizo perder.

La Fundación contaba a principios de año con que el banco repartiría un dividendo de 15 céntimos en abril con cargo a los resultados del pasado año, pero con motivo del impacto del Covid-19, el consejo de Caixabank decidió reducirlo a más de la mitad, lo que reducía los ingresos previstos por Fainé para su Obra Social en unos 200 millones de euros. Pero lo peor, que se enteró por la prensa, no por su elegido. «No estoy de acuerdo con esta política que ahora está de moda de no pagar dividendos», dijo el gran jefe en junio ante la flor y nata de la gran empresa española. Mensaje que el principal navegante recogió pero por el que no rectificó. Error. La gota que colmó el vaso para Fainé, que tenía ya clavadita la espinita de la deslealtad por una metedura de pata anterior de Gual: la poca contundencia y tibieza con la que «su» delfín al frente de «su» banco se pronunciaba en público respecto al desafío independentista en febrero pasado en la comisión de investigación del Parlament sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución en la región catalana. «En Cataluña hay una diversidad de opiniones que se traduce en el equilibrio parlamentario que vivimos y esto se reconoce por la entidad como legítimo», declaró entonces el presidente de Caixabank, sentado junto a Fainé para más inri. Otro craso error. Debería haber recordado que para «su» presidente es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Así, tras la decisión sobre el dividendo, y las nuevas prácticas de cómo llevar la gestión con el cliente –con el que se perdía la tradicional relación personal, ¡otro error! y van...–, Fainé entró en campaña. Y una vez desconfinado, no dejaba escapar ni una sola de sus citas, sin disimulo alguno, con sus amigos y conocidos, para evidenciar que con sus normas, ni media fisura. No solo iba a cambiar al presidente de Caixabank sino que además ya tenía el nombre para el recambio. Creando el caldo de cultivo para luego evitar sorpresas. Salidas con diplomacia. De los últimos en tener la primicia del destierro de Gual –pero no de la fecha ni a cuento de qué–, el presidente de ACS, Florentino Pérez, que se desayunaba con la buena nueva en Palma de Mallorca de boca de su buen amigo, si bien de la fusión con Bankia, ni «mú». Eso sí que ha sido una sorpresa para todos. Secreto empresarial, santo y seña de los grandes empresarios. Otra de las normas no escritas de Fainé que crean jurisprudencia. En adelante. «Goiri» debe tomar nota de ellas. Y su equipo de comunicación, pues también.

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