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Johnny Depp: «Serán las personas y no los gobiernos ni las farmacéuticas las que nos saquen de la pandemia»

«Johnny, from Kentucky», responde Johnny Depp cuando el periodista se presenta con su nombre y medio al que pertenece. Fiel a su fama de tardón tras tener esperando hora y media a los medios, el protagonista de 'Piratas del Caribe' es la primera gran estrella de Hollywood que visita España en la pandemia. El mérito corresponde al Festival Internacional de Barcelona, en el que Depp (Owensboro, 57 años) ha presentado 'El fotógrafo de Minamata', filme de Andrew Levitas en el que da vida a la leyenda del fotorreporterismo Eugene Smith, que en los años 70 fue enviado por la revista 'Life' a Japón para cubrir el envenenamiento por mercurio de un pueblo pesquero provocado por los vertidos de una empresa química.

'El fotógrafo de Minamata', en cines el 30 de abril, incide en el gusto de Depp por los personajes autodestructivos, puestos hasta arriba de todo, y reivindica el valor del periodismo para concienciar en una época donde una portada daba la vuelta al mundo. El actor, feliz de encontrarse en Barcelona, «la ciudad donde está el 'Guernica'», observa confundido, lía un cigarrillo y se explaya en las respuestas con su hermosa y profunda voz. Eso sí, prohibidas las cuestiones personales sobre el contencioso judicial que arrastra con su ex, Amber Heard, con acusaciones de maltrato de por medio y que han provocado su retirada de la saga 'Piratas del Caribe' y 'Animales fantásticos'.

-'El fotógrafo de Minamata' empieza con una canción que dice «me encantaría cambiar el mundo pero no sé cómo hacerlo», que es lo que quería hacer a través de la fotografía Eugene Smith. ¿Y usted quiere hacerlo con sus películas?

-No creo que una persona sola pueda cambiar el mundo. Aunque parece que Donald Trump hizo un trabajo bastante bueno cambiándolo para meternos a todos en un pozo oscuro… Quiero seguir pensando que la gente cuida a los demás cuando hay algo más importante que sus propios sentimientos o su ego. Entonces somos lo suficientemente altruistas como para unirnos gracias a un tejido que solo puede durar si lo cuidamos. Si no, ese tejido se desintegrará. No quiero sonar cursi, pero a veces juzgamos y nos distanciamos de los demás de manera muy rápida. Todos somos iguales. ¿Por qué aplazar lo inevitable?

-Ponga un ejemplo.

-La pandemia. Serán las personas y no los gobiernos ni las grandes compañías farmacéuticas las que salvarán al mundo. Entender esto es muy sencillo, lo llevamos incorporado, a pesar de que quizás está aplastado por experiencias que hemos sufrido a lo largo de la vida. Si no nos abrimos los unos a los otros, si no perseguimos las mismas pasiones y los mismos objetivos, al final perderemos todos. Esta es una lucha de colaboración y amor por la vida, por la esperanza de crear un mejor paisaje para nuestros hijos. En el 'I Ching' chino hay un símbolo que se traduce como «el poder de lo pequeño», es la representación de la lucha de las personas contra un monstruo monolítico, golpeando la base con un pequeño martillo hasta hacerlo caer.

-La película reivindica asimismo el poder de los medios para transformar la realidad. ¿Cómo contempla usted el periodismo en estos tiempos de fake news y crisis de los medios?

-Recuerdo tener una conversación al respecto con uno de mis grandes héroes, uno de mis mejores amigos al que tuve el honor de conocer: Hunter S. Thompson. Él estaba obsesionado por la verdad, hasta el punto en que se involucraba y formaba parte de las historias que contaba. Digamos que desarrollaba un poquito la verdad en lo que se vino en llamar periodismo gonzo. Hunter fue a Vietnam y trabajó para muchas publicaciones. Un día en Nueva York -sería 1997-, Hunter estaba leyendo el 'New York Times', deteniéndose en pequeñas partes de distintas noticias. Y cogió el periódico y lo lanzó como si fuera un frisbi. «Eso era el 'New York Times', lo que siempre se ha considerado el periódico de los récords», soltó. Hunter sabía muy bien que el periodismo intenso y real de Bernstein y Woodward se había acabado.

-¿Por qué?

-Porque la publicidad llegó a ser más importante que los titulares en cuestión de ingresos para el diario. Es la serpiente que se muerde su cola. No se trata tanto de escupir la verdad, sino de crear noticias sensacionalistas. Recuerdo ver el asalto al Capitolio en televisión, cuando Trump alentó a las masas. Era sorprendente. Cambiabas de canal y en todos ponían el rótulo «insurrección mortal». Y fue mortal, pero usaban ese término como un gancho. La cultura del miedo. Ni el que lo escribía ni su jefe se atrevían a cambiarlo. Pero no quiero sonar tan negativo. Es importante reconocer tanta verdad como podamos encontrar y guardarla bien en el bolsillo, porque no dura mucho.

-¿No le da pena no volver a ser Jack Sparrow?

-No, está conmigo todos los días. No le echo de menos. Lo maravilloso de haber encontrado a Jack Sparrow en algún lugar es que viajo siempre con él en la maleta. Por si tengo la oportunidad, sobre todo sin que la prensa se entere, de ir a un hospital disfrazado y de convertirme en el capitán Jack para los niños durante tres o cuatro horas de improvisación. Ahí es donde pertenece Jack Sparrow. Yo hice las películas, y Jack es muy leal, se queda conmigo. Continúo divulgando su locura, su ignorancia, sus estupideces, para que la gente pueda escapar de su vida durante un tiempo, para los niños y los padres. No, no puedo sacármelo de encima.

«Nunca me llamaría artista, aunque me acerco a todo lo que hago con la intención de un artista» vocación

«Sentí una conexión con escritores como Jack Kerouac porque yo me sentía roto desde muy pequeño» influencias

-Después de los affaires con Disney y Warner, ¿cree que Hollywood le veta?

-Tengo sentimientos distintos al respecto… Ante todo, uno solo puede hacer una cosa en la vida: levantarte y respirar hondo sin miedo. No suelo pensar demasiado en estas cosas, son problemas temporales. Me interesa más permitirme por primera vez en mi vida hacer música otra vez, escribir canciones, un libro… Estoy contento de poder hacerlo, no me voy a limitar ya más. A lo mejor no pinto muy bien, pero lo hago. Me gusta describirme como alguien que fluye, que está en un proceso de cambio continuo.

-No se tiene por un artista.

-Somos quienes somos por cómo nos criaron y crecimos. No me atrevo a decir de manera tajante quién soy. Nunca me llamaría artista, aunque me acerco a todo lo que hago con la intención de un artista. Pero no creo que eso haga de mí un artista, no depende de mí. Si alguien siente que lo soy y me llama así, me conmovería y honraría. Pero llamármelo sería como acomodarte en cualquier cosa, empieza a perder interés. Lo peor del mundo es estar satisfecho con lo que haces, porque entonces te sustituyen. A mí me gusta lo que hago, películas normalmente. Las hago y me largo, ya no dependen de mí.

Johnny Depp y el director de 'El fotógrafo de Minamata', Andrew Levitas, en Barcelona.
Johnny Depp y el director de 'El fotógrafo de Minamata', Andrew Levitas, en Barcelona.

-En 1997 dirigió 'The Brave' con Marlon Brando. ¿Por qué no ha vuelto a repetir tras la cámara?

-Hay una película en desarrollo que quiero dirigir, y lo bueno es que no tengo que estar encima. 'The Brave' fue difícil, la escribí, dirigí e interpreté. Y eran como fuerzas opuestas. El director tiene que estar al tanto de todo lo que pasa en la película y los actores fijarse solo en la escena que están interpretando. Espero rodar el año que viene esta película pequeña, una historia que me toca de cerca.

-¿Por qué le resultan tan cercana gente como Hunter S. Thompson o Eugene Smith?

-Yo crecí en los 70, y no pude decir que mi infancia y mi educación fueran lo más agradable del mundo. Todas esas cosas te marcan y hacen que seas quien eres. Mi hermano, que tiene diez años más que yo, leía sin parar. Él hizo que me gustaran los libros y que me sintiera atraído por esas personas. Veía que estaban totalmente rotas, como Jack Kerouac y mi primera 'biblia', 'En el camino'. Sentí una conexión con esos escritores porque yo me sentía roto desde muy pequeño, poder entender sus inseguridades y dolores era una necesidad. Era un niño de once años que no quería sentir más el dolor, era un proceso de automedicación para hacerme insensible. Aplazas lo inevitable, pero un día te tendrás que enfrentar a tus demonios y a esos sentimientos. No es agradable, pero así podras seguir siendo tú mismo y no dejarás que el ruido en el interior de tu cabeza se apodere de todo. Van Gogh se sentía inferior y yo conecto con eso, cuando tocaba de chaval siempre evitaba los focos y tocaba la guitarra en la oscuridad. Son autolimitaciones que requieren de toda una vida para superar.

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