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Ismael Jordi: «Los que deciden cerrar teatros cobran a fin de mes»

Veinte años, veinte, lleva ya de trayectoria Ismael Jordi (Jerez de la Frontera, 1973), jalonada calladamente con grandes noches en teatros como el Covent Garden londinense, la Fenice de Venecia, el Costanzi de Roma, la Opernhaus de Zurich, la Deutsche Oper berlinesa o la Bastille parisina, además de ser un habitual del circuito lírico español. Este domingo recala en Vigo para una gala —junto a Sonia de Munck, Marina Comparato, Javier Franco y Felipe Bou— que debería ser un «Werther» representado, pero que la pandemia mandó al traste. Jordi no pierde el temple. Como buen jerezano, más de palo cortado que de amontillado, echa casta y optimismo al momento que toca vivir.

¿Werther interruptus en Vigo?

Totalmente. Me lo habían pedido varias veces, incluso en el Covent Garden, pero pensé que no era el sitio para debutarlo, sabía que no iba a tener los suficientes ensayos. Los Amigos de la Ópera de Vigo me lo propusieron en unas condiciones óptimas y yo encantado. En los próximos años sabía que me lo iban a pedir y quería debutarlo. Pero vino la pandemia y habrá que esperar un poco más. Es un papel al que le tengo respeto y que será una de mis óperas de futuro.

La pandemia le ha impedido debutar en el Met de Nueva York.

No solo eso. Tenía también seis funciones de «Lucia di Lammermoor» en Londres, con primer reparto. Iba a ser mi cuarta vez en Covent Garden, un teatro de Champions. Se cayó el Met, pero tengo otro contrato dentro de dos años con «La Traviata». Te da una tranquilidad. Aunque yo hubiera preferido entrar en el Met con «Romeo et Juliette».

¿La ópera es capaz de aguantar un segundo confinamiento?

Nosotros los cantantes vivimos de esto. Si no cantamos, no cobramos. Los que hacemos una cierta carrera podemos esperar unos meses. Pero hay compañeros que no. Y hay mucha gente que vive del teatro, de las funciones de ópera: desde los técnicos a los restaurantes y bares de alrededor del teatro. Habría que buscar otras opciones. ¡Si las buscan Vigo o Coruña, que les obligaron a aforos de 60 personas para que los aforos no cayeran! Los que dicen que se cierre un teatro y que solo pueden entrar 60 personas seguro que cobran todos los meses.

Viene de Zaragoza, de un recital también para un aforo exiguo.

Igual eran 50 personas, o menos. La sensación es rara. Aunque haya solo una persona, se merece todo el respeto del mundo y yo cantaré igual. Pero es complicado. Cantas un aria o una romanza, sabes que terminas y escuchas los aplausos. Cuando son cuatro, te parece que has cantado fatal. Pero tenemos que adaptarnos. Si hay teatros capaces de ser valientes, con todas sus medidas de sanidad y seguridad... Lo que no tiene sentido es cuando yo vuelva a Jerez en avión y vaya lleno con 200 personas a menos de un metro. Dicen que se renueva el aire... No sé la de veces que he cogido un resfriado en un avión. A la cultura le están dando por todos lados. Se necesita un poco más de calma para decidir según que cosas.

Acaba de detectarse un brote en La Scala. No descartan hacer funciones por streaming con el teatro vacío.

Es una opción. Son ideas muy interesantes. Será muy complicado que no haya público, no recibir el aplauso cuando acabas un aria será duro. Pero tenemos que tirar para adelante. Es lo que tenemos en los próximos meses. Hay que adaptarse a la situación. Pero que no caiga la cultura. El streaming o lo que sea hace que esto se mueva y que haya gente que pueda ir aguantando. Hay que ser un poquito más solidario.

Participó de «La Traviata» que reabrió el Teatro Real tras el primer confinamiento. Cantó a varios metros de la soprano. ¿El drama no se resiente?

Sí. Y encima un papel como Alfredo, un rol ingrato sepultado por Violeta y Germont. Es muy importante que Alfredo interactúe con Violeta. Cuanto más hagas, una mirada, una caricia, hace crecer el rol. Fue muy raro.

¿Notó que en el público había mono de teatro?

Sí, sí. Lo vi y lo sentí. La gente quería. Estamos necesitados de que nos pongan los pelos de punta, que en esas dos horas de función puedas pensar en otra cosa. Yo veo a la gente con muchas ganas, pero tienen que facilitar las cosas. Deben saber que en el teatro no habrá ningún problema de nada, que se desinfecta a diario, que los protocolos sanitarios son perfectos... Y ocurrió en Madrid, pero también en Jerez o ahora en Vigo. Eso lo sabemos nosotros, pero los teatros deberían venderlo a la ciudadanía, para infundir tranquilidad.

Hablamos poco de Ismael Jordi, pero veinte años de carrera por Zurich, Venecia, Berlín, Munich, Londres...

Yo soy un privilegiado. Tampoco me han regalado nada, me lo he currado. Aunque lleve más de cien funciones de un papel no me impide estudiarlo de nuevo antes de cantarlo, para buscarle cosas nuevas. Soy también una persona más pendiente de mejorar en mi trabajo que de ser mediático o las redes sociales. Mucha gente pierde demasiado tiempo en eso, y deberían perderlo en estudiar más. El canto son dos cuerdecitas que vibran, y se puede terminar. Intento que mi carrera, aunque sea obsesiva, tenga otras cosas en mi vida. Lo obsesivo debe ser el estudio, la interpretación y el cuidado de la voz, no todo lo externo sobre qué hacen otros cantantes.

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