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Impacto del coronavirus en la recaudación de impuestos

La recaudación de impuestos en abril se redujo hasta los 14.213 millones, un 32% menos que en el mismo mes de 2019. La recaudación fiscal de abril se redujo en 7.506 millones si tenemos en cuenta la recaudación del mes completo. Este dato, en parte por esperado, resulta menos preocupante de lo que podría parecer a primera vista. Aun así, la recaudación fiscal se va a resentir en los próximos meses. En cualquier caso, habría que distinguir lo que son cuestiones económicas, de lo que son efectos puramente fiscales.

Empecemos por la parte más sencilla: el Gobierno tomó la decisión de aplazar buena parte de las liquidaciones de las pymes que vencían el 20 de abril. Estas declaraciones se han acabado presentando el 20 de mayo. Esto ha retrasado los ingresos un mes. La medida se tomó fundamentalmente por razones sanitarias, pero ha supuesto dar un mes de liquidez a las pymes a costa de aplazar un mes la recaudación de los impuestos.

Por otra parte, se han dado facilidades para aplazar impuestos, incluyendo retenciones, primero con tres meses sin intereses y luego cuatro. El resultado de estas medidas, y alguna otra menor, han sido 6.818 millones de euros menos de recaudación en abril, que se irán ingresando, previsiblemente, en los próximos meses.

Esto es algo que había que hacer, aplazar las declaraciones e ingresos y explica casi toda la caída recaudatoria. En la encuesta realizada por el Banco de España a los empresarios, ésta era la medida mejor valorada.

Y una buena parte, supone directamente conceder un crédito: en la parte a la que se refiere a aplazar el IVA cobrado a los consumidores y las retenciones realizadas a los trabajadores cuando se pagan las nóminas. Y como todo crédito, existe el riesgo de que una parte de estos importes no se cobren en los próximos meses. Ahora bien, de haber exigido este importe de forma inmediata tampoco está claro que se hubiese cobrado el 100%.

De alguna forma, estos aplazamientos son un crédito preconcedido por Hacienda. Pero no haber dado medidas de liquidez hubiese sido un disparate: secar la liquidez de las pymes y autónomos no hubiese permitido recaudar mucho más y hubiese llevado a más empresas al cierre.

Ahora bien, algunas tendencias son particularmente preocupantes. En primer lugar, hay que recordar que, en abril, fundamentalmente el día 20, se ingresan declaraciones trimestrales y mensuales (grandes empresas) de IVA y retenciones de IRPF.

En ese mes también se ingresa el primer pago fraccionado del impuesto de sociedades, sobre el resultado de los tres primeros meses. Bien, aunque solo hemos tenido estado de alarma durante dos semanas de marzo, la recaudación del impuesto de sociedades en abril se ha caído un 66%.

Aquí hay un problema de calendario de devoluciones, pero en lo que se refiere a los grupos consolidados (muy grandes empresas) el pago fraccionado se ha caído un 32,3%. Resulta extraordinariamente preocupante que dos semanas sin actividad tengan un efecto tan brutal en los rendimientos y bases imponibles, especialmente de las empresas más grandes.

Resulta extraordinariamente preocupante que dos semanas sin actividad tengan un efecto tan brutal

Aquí nos enfrentamos a dos problemas que habría que distinguir. Por una parte, como ya puso de manifiesto el INE en su avance de la contabilidad trimestral que todo el impacto de la caída lo han sufrido los beneficios empresariales, habiéndose mantenido en buena medida las rentas salariales. 

En concreto, en el primer trimestre de 2019, el excedente bruto de explotación se redujo un 9,2%, mientras que la remuneración de los asalariados creció un 2,9%. Esto no es sostenible, especialmente si cae la productividad y el número de horas trabajadas.

En estas condiciones, por otra parte, considerar que se puede derogar en bloque la reforma laboral no parece precisamente una buena idea, al menos desde una óptica económica. Pero, en cualquier caso, mientras no se produzcan quiebras masivas y despidos, la recaudación por IRPF y cotizaciones sociales (principales conceptos recaudatorios del Estado) sufre menos y compensa la caída de la recaudación del impuesto de sociedades.

Pero, evidentemente, hay un problema fiscal y recaudatorio muy importante con el impuesto de sociedades. Este impuesto recauda cada vez menos en fases de bonanza, y anticipa su caída cada vez que entramos en una crisis. Y además, las empresas que más dinero ganan del mundo, son también las que menos tasa efectiva pagan sobre sus beneficios.

Por supuesto, esto no solo es un problema español, sino europeo y mundial. Por eso, es una buena idea que el plan de reconstrucción se financie precisamente con impuestos que deben gestionarse a nivel europeo, no solo por eficiencia recaudatoria, sino también porque se iguale el terreno de juego: entre empresas y entre países.

Más allá de todo esto, tristemente, los datos de recaudación de abril son solo un primer aviso. Cuando se declaren los datos de los siguientes meses serán peores. Porque los datos de abril sólo recogen 15 días de parón, los próximos recogerán el resto de la caída de la actividad y luego de las restricciones y la economía a medio gas.

Hay un problema fiscal y recaudatorio muy importante con el impuesto de sociedades

Los efectos en estas declaraciones de abril no han sido tan graves como hubiese sido previsible, salvo en el impuesto de sociedades. En los próximos meses, triste e inevitablemente, la caída recaudatoria se extenderá al IVA, los impuestos de hidrocarburos y al IRPF. Conviene hacerse a la idea y tenerlo en cuenta.

Sólo podremos esperar una normalización de la recaudación cuando vuelva la actividad y el crecimiento económico, si hemos conseguido salvar en buena medida el aparato productivo. Ése debería ser el objetivo esencial de los próximos meses. Siempre es menos costoso mantener que reconstruir desde cero.

*** Francisco de la Torre Díaz es economista e inspector de Hacienda.

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