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Iglesias se aferra a la coalición con el PSOE después del hundimiento de Podemos el 12-J

Las elecciones autonómicas de Galicia y País Vasco dejaron el domingo un dato ilustrativo para entender la erosión sufrida por Podemos en apenas cuatro años. Solo 328 personas de las más de 6.500 que votaron en Fene (Ferrol), localidad donde nació la ministra de Trabajo y la más valorada de Unidas Podemos, Yolanda Díaz, introdujeron la papeleta morada en la urna, según recogió ayer Servimedia. Siendo este uno de sus mejores datos en la zona es, asimismo, paradigma del envejecimiento prematuro del proyecto.

Las mareas perdieron su representación en Galicia, de 14 escaños a cero, y en País Vasco, Elkarrekin Podemos se quedó reducido a la mitad. El «espacio rupturista», el del cambio, está roto. El vicepresidente segundo del Gobierno y secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, fue uno de los perdedores de la noche. Acostumbrado ya a ver como sus siglas se desinflan según compiten en los sucesivos comicios.

Estos resultados autonómicos inevitablemente tienen repercusión a nivel nacional para Iglesias porque debilitan su figura en La Moncloa como líder de uno de los partidos de Gobierno. No obstante, Podemos defiende que la coalición no peligra: están seguros de la vigencia del pacto.

En el entorno del vicepresidente segundo consideran que el resultado en el País Vasco no fue bueno, pero admiten que no se esperaban un descalabro tan grande como el de Galicia. Los pronósticos electorales de las últimas semanas apuntaban a posiciones minoritarias en esa región, un descenso, aunque en ningún momento vieron venir un hundimiento de tal calibre, con un trasvase preocupante hacia el nacionalismo (BNG). Indicio de que la hoja de ruta no cumplió las expectativas del votante «rupturista» que confió en ellos en 2016.

«La izquierda nacionalista vasca y gallega se han podemizado. El discurso de EH Bildu y BNG no se diferencia del que antaño criticaban», expresó ayer en Twitter uno de los cofundadores de Podemos, Juan Carlos Monedero. Una leve autocrítica que esconde que Podemos deberá buscar a partir de ahora un discurso con el que poder diferenciarse del PSOE por la izquierda, y recuperar el estatus de alternativa, para tapar las fugas de votos que escapan hacia plataformas de carácter soberanista o con posiciones más radicales.

Sin embargo, la dificultad de esa revisión que tendrán que hacer reside en encontrar el equilibrio entre sus necesidades electorales y el perfil más institucional que se les exige por ser partido de Gobierno.

Las urnas del 12-J eran el primer examen de esa coalición. Pero el «efecto Moncloa» no les funcionó. Iglesias no consigue rentabilizar fuera de Madrid su puesto en el Ejecutivo bicolor, a pesar de los intentos por promocionar como logros de Unidas Podemos las medidas económicas y sociales aprobadas en el Consejo de Ministros. Se suma a esto un rol desdibujado en la gestión de la crisis sanitaria del coronavirus.

El vicepresidente segundo empezó el estado de alarma sin un papel determinante en lo competencial y, menos Yolanda Díaz (Trabajo), que marcó el paso de los morados en materia laboral, el resto de ministros de UP se quedaron muy fuera del mando único.

Líos internos

Esta pérdida de influencia en dos territorios donde las candidaturas moradas irrumpieron con tanta fuerza en 2016 son también síntomas de desconfianza por acumulación de errores y conflictos internos. En este sentido, Monedero escribió otro punto clave que explica el desgaste visto el domingo: «Podemos, que ha cambiado la política de este país, sigue sin dedicar el grueso de sus energías a lo que debe: construir partido». Una referencia a los problemas de arraigo territorial, falta de estructura, y por acumular la mayor parte de su poder en Madrid, pero con sucursales autonómicas sumidas en luchas internas que desestabilizan y desvían de los planes.

Por otro lado, el exsecretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, en su momento persona de confianza de la dirección, Ramón Espinar, también hizo ayer una valoración. La suya fue eso sí mucho más incisiva, como acostumbra, y acusó a la cúpula del partido y a Iglesias de provocar la caída por su mal liderazgo.

«Endogamia, incapacidad para llegar a acuerdos, sectarismo, agresividad indiscriminada con los medios, expulsión sistemática de la disidencia y el talento, burocratización que impide desarrollar iniciativas locales, autoritarismo… La autocrítica es fácil de hacer», escribió Espinar en Twitter. «Es una tendencia asentadísima: cuanto más poder interno acapara la actual dirección, más desastrosos son los resultados».

El también cofundador de Podemos y líder de Más País, Íñigo Errejón, dejó en la red social otra importante puya que lamenta la posición residual en Galicia y la caída en el País Vasco. «Eso ya no existe (en referencia a Podemos). Existe una cosa que se llama Unidas Podemos y que tiene los resultados de siempre de Izquierda Unida», respondió Errejón, tras ser mencionado por un usuario que le pedía que regresara al partido.

En paralelo a los aguijones de los críticos, casi todos fuera del núcleo duro de confianza y de la formación, en Podemos defienden que el hundimiento en las dos comunidades no pone en riesgo ni afecta al liderazgo de Iglesias.

«Reflexión y autocrítica»

La portavoz de Podemos, Isa Serra, así lo manifestó ayer después de ser preguntada por periodistas en una protesta convocada por sanitarios. «Acabamos de tener una asamblea ciudadana en Podemos que ha revalidado la dirección que tenemos actualmente. Esa dirección junto con nuestros compañeros en Euskadi y Galicia tendremos que tener una reflexión para salir más fuertes para el futuro», expresó Serra, según informó Efe.

No obstante, Serra sí que señaló que será necesario «reflexionar» y «hacer autocrítica», aunque no abundó en qué aspectos. «Los resultados no se basan en una causa concreta, la realidad es compleja, hay muchas causas y lo que nos toca es tener una reflexión colectiva para estar más fuertes en el futuro», expresó.

Quitando estas declaraciones de la portavoz en la calle, ningún dirigente ha comparecido en rueda de prensa para hacer una valoración oficial de los datos. Actitud que sí han mostrado otras formaciones políticas, como el PSOE. El silencio es significativo. Iglesias se limitó a poner su evaluación en Twitter la noche electoral. «Nuestro espacio político ha sufrido hoy una derrota sin paliativos, perdemos buena parte de nuestra representación en el Parlamento Vasco y quedamos fuera del Parlamento de Galicia. Nos toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido», expresó entonces.

Galicia En Común desapareció el domingo del arco parlamentario de la Xunta al no haber logrado representación. En cuatro años, la coalición de Podemos, Esquerda Unida, Anova y las mareas pasó de ser segunda fuerza en la región y líderes de la oposición con 14 escaños (19,07 por ciento) a no tener ni uno. El candidato Antón Gómez-Reino, propuesta de Iglesias, obtuvo el 3,92 por ciento (poco más de 50.000 votos), sin pasar el corte del cinco por ciento. En el País Vasco, la cabeza de lista Miren Gorrotxategi bajó de tercera fuerza con 11 escaños (14,76 por ciento) a cuarta con 6 (8,03).

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