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"Hay que defenderla rabiosamente la alegría, que está en las cosas cercanas y pequeñas"

"Defender la alegría. Contra el desánimo, contra la falsedad y la costumbre, defender rabiosamente la alegría". Es el lema vital que vertebra el nuevo poemario de Gracia Morales (Motril, 1973), Apuntes para un diccionario, donde la autora reflexiona sobre la complejidad del vivir en un mundo inestable y precario. Lo hace a través de su escritura sencilla, apegada a lo cotidiano, y su mirada perspicaz y afilada. La dramaturga enumera una a una las cosas que de verdad importan: la infancia, el amor, el hogar, la convivencia, la familia. El libro recién publicado por Renacimiento fue reconocido con el Premio Juana Castro de Poesía. El jurado lo definió como una "meditación sobre la vida completamente actual". "Te gana por su veracidad porque puede ser nuestro espejo", aseguraron. Lo presentará este martes a las 19:00 acompañada del poeta Luis Bagué Quílez en una reunión de Zoom organizada por el Ateneo.

La profesora de la UGR ha tardado siete años en confeccionar esta suerte de diccionario vital, muy apropiado para los agitados y pandémicos tiempos que corren. Vive ajena al mercado editorial; sus versos rezuman paz. "Nunca he estado condicionada por una editorial. Escribo por placer, por necesidad. Forma parte de mi día a día. Empecé a escribir poesía a los ocho años. Me acompaña desde siempre", reconoce al otro lado del teléfono. Morales no pierde el tiempo: escribe poesía y teatro, actúa con Remiendo, da clases de Literatura y ahora aprende piano. "No hay que perder la curiosidad. Antes hablábamos de la calma y el sosiego, valores importantísimos, pero por contra y parece paradójico: también tenemos que mantener la inquietud de no dejarnos llevar por la rutina, de seguir buscando y saciando cierta inquietud", sostiene.

-Muchos han sentido cierto alivio al parar y poder pasar tiempo en sus casas. ¿Piensa que esta crisis nos hará replantearnos nuestro modelo de vida insostenible?

-Ojalá. Teníamos cierto frenesí de querer hacer muchas cosas. También creo que una de las cosas que no sé si cambiará, pero quizá es una decisión interesante, es la de no pensar que ya lo tenemos todo planificado, seguro y recontraprogramado. Vivíamos con demasiados certezas y con demasiadas cosas como ya pensando que las teníamos ya seguras, conquistadas. Esta parte de incertidumbre es una especie de lección de humildad. Nos vendrían bien como sociedad volver a una cierta calma y retomar la humildad de sabernos vulnerables.

–"Nacemos vulnerables", dice, "y si se quiere vivir con la belleza hay que estar dispuesta a dejarse arañar". ¿Qué cosas ha aprendido sobre el dolor con los años?

-Se aprende que el dolor es necesario, una parte de nuestra existencia. El dolor nos enseña muchas veces lo que es lo esencial, lo necesario, lo realmente importante. Yo me reconozco una persona vulnerable, muy fácil de herir. Eso está de alguna manera jugado en el libro. No soy yo totalmente la persona que está en el libro, pero si parto de experiencias personales, gente cercana, imágenes, sueños o posibilidades. Tenemos que aprender a vivir con la vulnerabilidad. Y la gente que se considera invulnerable para mí es al más frágil, la más fácil de romperse. Vulnerabilidad no quiere decir debilidad, sino aceptar la presencia del dolor y aprender a cicatrizar las heridas.

-Al final del libro da gracias por el día a día. ¿Cree que después de la pandemia valoraremos más las cosas que importan, las que forman parte de nuestra rutina?

-Sí. Es un poco triste que tenga que llegar algo tan trágico como la pandemia para que nos demos cuenta de estas cosas. Pero el ser humano muchas veces es así, aprende a base de situaciones contundentes. Si no, nos dejamos atrapar en ese frenesí que decíamos al principio. Desde hace bastante tiempo valoro mucho el día a día. Mi poesía bebe del día a día. Me importa lo cotidiano, lo cercano. Al final es lo que de verdad somos. Entrecruzado con nuestras ambiciones, sueños e ilusiones. Tampoco digo que tengamos que volvernos ermitaños. Tenemos que aspirar a tener la esperanza de ir más lejos. Pero que llegar más lejos tampoco nos impida ver lo que tenemos cerca. Hay una canción de Silvio Rodríguez que me gusta, la de la Fábula de los tres hermanos, que trata esto. Ese caminar mirando al horizonte, al suelo, ese caminar intentando mover la cabeza entre el horizonte y el suelo.

-Hogar es uno de mis poemas preferidos. ¿Cómo construimos nuestro hogar en un contexto tan inestable, movido por las lógicas despiadadas del mercado?

-No quiero darle consejos a la gente de cómo vivir. No me considero tan sabia. Lo que a mí me sirve es lo se dice en el poema: aceptar esa precariedad, aceptar que va a ser un lugar inestable y no firme e inalterable a salvo del exterior. No puede serlo. Y aferrarse y defender lo que te hace sentir bien. Hay otro poema que habla de defender la alegría. Es un verso de Mario Benedetti. Hay que defenderla rabiosamente porque tendemos a vivir en una rutina que no tiene esa luminosidad que debería tener la alegría. La alegría está a veces en las cosas cercanas y pequeñas. Hay que construir un hogar a base de esas cosas que a uno le hacen sentir bien y que le hacen sentir útil. Para mí es muy importante sentirme útil, honestamente útil para uno mismo y para los demás. La pandemia ha sido una lección de humildad. El hecho de estar vivos y en un mundo donde tenemos la suerte de estarlo habitando, aunque lo dañemos, es un lujo.

-También habla del amor. El amor a una pareja, a unos padres, a unos hijos, a unos amigos. ¿De qué cosas nos salva el amor?

-El amor nos salva de la sensación de estar vacíos. Mi idea de utilidad quizá esté ligada a la del amor. El amor por otra gente. Yo creo que esto es radicalmente fundamental en el ser humano. Sin ese sentimiento no tiene sentido la empatía, la generosidad, el dejarse ayudar y no sólo el hecho de ayudar a otro. Es lo que nos salva del vacío, de una sensación si no que podemos llevar con nosotros de no saber para que estamos aquí. Ese sentimiento amoroso llevado a un lugar más amplio que lo romántico. Ese sentimiento de preocupación por el otro y de dejar también que el otro se preocupe por ti, ese encuentro con los demás.

-Esa una bonita lectura de lo que es la utilidad, en un momento donde las lógicas capitalistas aprietan las tuercas a sus trabajadores, que es para con los demás y la comprensión del otro.

-Yo soy profesora de Literatura. Estoy en un ámbito donde ese concepto del utilitarista está venido a menos. La literatura es un herramienta maravillosa de encuentro, de conocimiento, de expresión, de entender el mundo. Y la forma de tener un imaginario que te permite entender el mundo y estar en él. Y sin embargo, no responde a ese utilitarismo capitalista que tú decías antes. No digo que vivo al margen del capitalismo, pero intento relativizar algunos de los valores que desde esta sociedad se nos imponen. Hay que hacerlo porque muchos de ellos conducen a la infelicidad y a la enfermedad social.

-Un sociólogo me dijo el otro día que "necesitamos recuperar espacios donde podamos encontrarnos, cosas en las que estemos de acuerdo, un terreno común". ¿Ese espacio común podría ser la poesía, la lectura, el saber?

-Ojalá lo fuese. Con utopía me gusta mucho. Como realidad no estoy tan segura. A veces siento que la gente está más en conexión con el fútbol o con otras cosas. Ojalá lo fuera la literatura, la filosofía, la ética o valores básicos más allá de las ideologías. Uno de mis hogares fundamentales es la literatura. Y no es un hogar físico. Estoy hecha de todo lo que he ido leyendo en mi vida. Quizá la mayor parte de la sociedad no se reconocería en esto. Mis alumnos sí. Sería un mundo mucho más amable si pudiéramos reconocernos en la literatura, un espacio de diálogo, de lucidez, de capacidad crítica y de empatía porque tiene mucho de preguntarnos por el otro.

-Virginia Woolf pasea por su poemario. ¿Cuál es el mayor peligro para las mujeres hoy día?

-Uno de los peligros es dar pasos atrás en lo que ya se ha conseguido. No podemos retroceder. A veces tengo la sensación de que hay fuerzas que están empujando para que eso suceda. La ultraderecha sobre todo. Para ponerlo un nombre. El discurso de Vox es profundamente machista y antifeminista. Me asusta un poco. En España hasta ahora, durante la democracia, no había habido un partido que evidencie de una forma tan grosera este tipo de actitud. Eso me preocupa. Todavía queda mucho por hacer no sólo en las mujeres sino también en los hombres. Las mujeres debemos aprender a ocupar un papel de igualdad y los hombres uno donde ya no son la fuerza preponderante. También hay que educar a los niños en salirnos ya de esa imagen del hombre como el ser que es fuerte, invulnerable, que no expresa sus sentimientos, que tiene que proteger. 

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