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“Hay que apoyar al Puerto en su ampliación. Creo en su criterio y necesidades”

–En noviembre se han cumplido 17 años desde la tragedia del Prestige y ahora se ha producido la encalladura del Blue Star en Galicia. Aquí también hubo episodios graves con el Tawe, Sierra Nava o Fedra. ¿Se aprende algo de estas situaciones extremas?

–Recuerdo perfectamente la situación del Sierra Nava, en un fuerte temporal avisó a la torre de control de que tenía problemas con el fondeo. El buque era incapaz de salir de esa situación y la mar de levante lo llevó a las rocas. De aquello se puso en práctica una medida que fue muy criticada al principio por la prensa y los ecologistas, sacar los buques a navegar durante el temporal y desalojar los fondeaderos. Cuando un buque está en condiciones, el mejor sitio para defenderse de un temporal es la mar. Al quedar fondeados, pueden garrear y ser arrastrados a la costa.

–Sobre los fondeaderos, ¿entiende la población su función y necesidad?

–Para este Puerto son muy necesarios porque permiten a los barcos esperar las operaciones en los muelles, que tienen un espacio limitado. También para el aprovisionamiento de combustible a través de gabarras o suministros. E incluso con buen tiempo, para reparaciones. Qué mejor lugar que un buen fondeadero con aguas abrigadas como los de la Bahía de Algeciras.

–¿Comparte la necesidad del Puerto de Algeciras de crear un nuevo fondeadero en aguas exteriores de la Bahía?

–Sí. Para que no tengan que estar a la deriva gastando combustible. Además, al estar fondeado en una zona controlada por el Puerto rigen esas normas más estrictas. El buque necesita los fondeaderos para no gastar fuel, tener unos suministros de provisiones o cambio de tripulación. El proyecto no plantea el abastecimiento de combustible, pero sí otras operaciones necesarias. Y es mucho más seguro.

–El Ayuntamiento de San Roque y otros de la costa de Málaga creen que dañaría al turismo.

–No voy a entrar en esa polémica. Puedo opinar sobre los efectos sobre las competencias de Capitanía, seguridad y medio ambiente, pero no sobre el turismo o la población. Un fondeadero también da crecimiento y riqueza para las empresas de la Bahía de Algeciras. Por el Estrecho pasan más de 100.000 barcos al año y casi todos tienen necesidades.

–¿Considera necesaria la ampliación que propone el Puerto de Algeciras?

–Soy parte del consejo de administración del Puerto, donde la dirección explicó el proyecto. Hay que creer en su criterio y necesidades. Hay que apoyar al Puerto.

–¿Cómo es la colaboración entre la Capitanía Marítima con otras autoridades?

–Absoluta. Con la Policía Nacional, Vigilancia Aduanera o la Guardia Civil, entre muchas otras entidades. Esta última ha concedido el Premio Amigo que es para las 21 personas de la Capitanía, que trabajan 25 horas al día. Aquí no se para el reloj.

–La OPE de este año dejó más de 1,7 millones de pasajeros en Algeciras y Tarifa. Y subiendo. ¿Cómo son los tres meses del Paso del Estrecho para el capitán marítimo y su equipo?

–Hay que preparar la OPE con antelación, con un buen plan de flota y una actividad hercúlea por parte del Puerto y las autoridades. Debe funcionar como una máquina. El éxito de la OPE depende de las disposiciones que hace el Puerto y del trabajo de la Policía, la Guardia Civil, la flota y, por supuesto, las tripulaciones de los buques. En el Estrecho se despliega una buena flota con capacidad y no ha habido averías.

–Las imágenes de los años 80 ya son historia.

–Las colas llegaban hasta Tarifa y las estancias en el Paseo Marítimo y el Llano Amarillo eran de días frente a las actuales horas. Eran una verdadera tortura para los ciudadanos marroquíes. Este año se tomó la decisión de permitir el embarque todos los días en el Puerto de Tarifa, que ha tenido un resultado muy satisfactorio para evitar la congestión en Algeciras. Conllevaba riesgos por la carretera entre Algeciras y Tarifa, pero salió perfectamente por la coordinación del dispositivo.

–La crisis migratoria de 2018 le tocó de lleno. ¿Cómo lo vivió?

–Fue terrible. Muy dura. Había que gestionar con los ayuntamientos para que abrieran polideportivos y evitar que los buques de Salvamento se convirtieran en campos de refugiados, para que siguieran rescatando o para poder afrontar otra clase de emergencias. Las tareas fueron llevar alimentos, contratar autobuses o hablar con los alcaldes. Pasé muchas noches sin dormir haciendo esas gestiones con Salvamento.

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