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Spain

Gracias, Pepe

Para una vez que tenemos un ministro, qué poco nos ha durado. Ellos se lo pierden. Una figura de ese nivel y capacitación demostrados no se encuentra todos los días. Bueno, a lo mejor cuando estén leyendo ustedes esta columna, Sánchez nos haya sorprendido nombrando a una figura mundial, por ejemplo a Mario Vargas Llosa, que tiene la nacionalidad española y además es premio Nobel.

Pepe Guirao ha demostrado a lo largo de una extensa trayectoria profesional su gran capacidad para gestionar grandes instituciones de nivel mundial. Ahí está el Museo Reina Sofía o la Casa Encendida. Empezó muy joven; lo conocimos cuando activaba, desde su puesto de diputado provincial de Cultura, las primeras movidas juveniles ocurridas en este insensato pueblo, allá por los primeros años ochenta.

No tenía veinte años cuando ya hacía lo propio en el primer ayuntamiento democrático de su pueblo, Pulpí. ¡Mira que es mérito conseguir que llegara a Almería el movidón de los ochenta casi al mismo tiempo que en Madrid! Durante unos pocos años parecía que esta apática ciudad se iba a incorporar a la vanguardia, o sea, que "no la iba a conocer ni la madre que la parió", como dijo Alfonso Guerra de España. Pero aquello duró lo que un relámpago o tal vez menos. Lo malo (para nosotros) fue que su actividad llegó a oídos de más altas instancias y se lo llevaron para las capitales. Y no solo para cargos públicos, sino también en el sector privado, donde ha dejado marca.

Y menos mal que en ese escaso tiempo -y encima en funciones- ha tenido el detalle de aplicar el sabio refrán "a la casa de uno, aunque sean piedras". En este caso no han sido piedras sino honores. La medalla de oro de Bellas Artes concedida a la peña El Taranto es merecida, pero a nadie se le había ocurrido hasta ahora.

Su compromiso con nuestro flamenco ha ido mucho más allá con la concesión de más medallas a tres artistas señeros como Serranito, El Pele y María Vargas, y la peña hermana La Platería de Granada. Lo malo es no va a estar presente Pepe en el acto de la entrega solemne de las medallas. O a lo mejor lo invitan, pero no será lo mismo.

Eso sí, el bien ya está hecho. Se despide de su efímero mandato en olor de multitudes. O al menos con el agradecimiento de unos cuantos almerienses. Que conste.

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