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Fodos europeos y estrategias de futuro

Qué difícil es conjugar los intereses particulares con los generales. Mejor dicho, qué difícil es dejar de priorizar los particulares, incluso de considerarlos como los únicos válidos. Y así es muy complicado hacer avanzar proyectos comunes. La Unión Europea, un proyecto si no necesario si muy conveniente, incluso ilusionante en algún momento, está en una nueva encrucijada. No es la primera vez que la UE se encuentra en esta situación, pero la incapacidad de acordar determinadas reglas del juego -tanto económicas como políticas- y, especialmente, el papel jugado en la crisis de 2008, ha dejado el crédito del proyecto en la reserva.

Reconozco la dificultad de hacer avanzar conjuntamente -a veces simplemente evitar el retroceso- a países con culturas e intereses tan distintos, pero creo que la Unión se juega su futuro como proyecto político, más allá del mercado único, en los próximos días o semanas. Ante la mayor crisis, primero sanitaria y después económica y social, que sufre Europa desde el final de la II Guerra Mundial, la UE ha sido incapaz de armonizar una política sanitaria, ahora tiene el reto de encontrar soluciones comunitarias para el proceso de reconstrucción. Si no es así, ¿quién va a confiar en el proyecto europeo?

Es evidente que algo ha cambiado en relación con la crisis de 2008, algunos dirigentes políticos europeos son conscientes, al menos, de que la situación es totalmente distinta y que las soluciones no pueden ser las mismas. Probablemente el cambio más significativo es el de la canciller alemana Angela Merkel, partidaria de que la UE financie en parte la recuperación de la crisis a que nos ha llevado la pandemia, pero también están en la misma línea el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, o el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, que fue ministro de economía con Rajoy.

Pero, ¿van a ser suficientes estos cambios? Para ello habrá que convencer a los llamados países “frugales”, no de que sean generosos, sino de que piensen en los intereses comunes, en el futuro de la UE y de que se olviden de los prejuicios –no somos una cuadrilla de incapaces e insolventes como parece que nos ven- y las dobles varas de medir.

El sistema fiscal holandés no es precisamente un modelo de colaboración para un proyecto colectivo. Según la plataforma Tax Justice Network, ese sistema hace que los países europeos dejen de ingresar, por impuestos corporativos, unos 25.000 millones de euros al año, unos 2.300 en el caso de España. Además, si bien la deuda pública holandesa era en 2019 el 49% del PIB, aproximadamente la mitad que la española, la deuda privada alcanzaba el 242% del PIB, siendo la española el 131%. No es la mejor carta de presentación para acusar de despilfarradores a los países del sur.

Pero también hay que ser autocríticos, no siempre hemos gestionado bien las ayudas que recibimos -los fondos del plan Mimer en Aragón son un ejemplo- y, a tenor de la apuesta por la construcción del ministro de Transporte, José Luis Ábalos, y más todavía de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, seguimos sin ser conscientes de la necesidad de modernizar y transformar nuestro modelo productivo. Un modelo que ha demostrado su extraordinaria fragilidad que produce, ante cada crisis, una enorme e inaceptable destrucción de puestos de trabajo.

Otro factor sobre el que debemos reflexionar es la recaudación fiscal. Me parece una desfachatez impresionante que Comunidades Autónomas que tienen por bandera la bajada de impuestos, pidan ayuda económica al presidente Pedro Sánchez, que no tengan ningún reparo en defender públicamente la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas. Algo parecido deben pensar de nosotros alemanes, belgas, franceses… y también los holandeses, los ingresos tributarios en España son el 35,4% del PIB, mientras que la media de la zona euro alcanza el 41,7%.

Nuestro futuro inmediato va a depender, en buena medida, del acuerdo europeo sobre el fondo de rescate: cantidad, condiciones y formas de reparto. Los acuerdos políticos y sociales a los que lleguemos en España pueden favorecer nuestros intereses,  pero creo que el compromiso con la industrialización, la digitalización, la economía ecológica y la aproximación de nuestra recaudación fiscal a la media de la eurozona serian factores más decisivos. Estas son el tipo de condiciones que deberían exigir las instituciones europeas, condiciones que armonizan y cohesionan, que pueden hacer una Europa más sostenible y social.

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