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Fallece Jaime Blanco, padre del PSOE cántabro y expresidente regional

Es imposible escribir la historia del PSOE y de la política cántabra sin que aparezca en la primera página el nombre de Jaime Blanco (Santander, 1944), fallecido esta noche a causa de una enfermedad que padecía desde hace años. Retirado de la política activa desde hace más de una década, su voz todavía conservaba peso en las instituciones -asistía frecuentemente a los actos oficiales del Parlamento- y en un sector destacado del socialismo de la región. No en vano, Blanco lo fue casi todo en política durante cuatro décadas. Además de actor relevante de la Transición, padre del Estatuto de Autonomía y presidente de Cantabria en aquel Gobierno de concentración para apartar temporalmente a Hormaechea del poder (1990-1991), también ocupó un escaño en el Congreso en tres legislaturas distintas y fue senador en otras tres etapas, además de diputado en el Parlamento de Cantabria.

Blanco todavía conservaba el carné con el número uno del PSOE cántabro. Era el pequeño de nueve hermanos y se mudó de Santander a Sevilla para estudiar Medicina y Cirugía. Fue allí, en su etapa universitaria, donde empezó a coquetear con la política. Se integró en el famoso 'grupo de los sevillanos', con Alfonso Guerra y Manuel Chaves, que aupó en el Congreso de Suresnes de 1974 a Felipe González como secretario general. Y solo un año después fundó el PSOE Cantabria, que lideraría durante los siguientes 25 años, hasta que Dolores Gorostiaga le sucedió en el 2000.

En su última entrevista en El Diario Montañés, en febrero de 2018, Blanco habló, precisamente, sobre las diferencias entre aquel PSOE de los inicios y el actual. «Estoy bastante alejado de la política partidista, aunque la sigo y la analizo, pero intento separarme de ella. El otro día he escuchado a Pedro Sánchez que tenía la ilusión y el deseo de ser la primera fuerza en 2019, en eso estoy con él. Pero bueno, eso es mi ilusión y la de él, parece». Una ilusión que vería cumplida en las elecciones un año después de esas palabras, acompañado por su esposa, Rosa Inés García, otra histórica figura del socialismo cántabro, exdiputada y exconcejala en el Ayuntamiento de Santander.

Durante el cuarto de siglo que estuvo al frente del PSOE cántabro, a Blanco le tocaron vivir tiempos de turbulencia política y social. Tanto en Madrid como en Santander. Tras colocar a su partido como segunda fuerza de la región en las elecciones de 1983 y 1987, en diciembre de 1990 llegó uno de los hitos de su carrera. El presidente Juan Hormaechea y el PP rompieron y, tras una moción de censura, se formó un Gobierno de concentración liderado por Blanco con el apoyo de PP, PRC, CDS y PSOE. El nuevo presidente cántabro, en aquel momento médico en excedencia de Valdecilla, dijo en el Parlamento: «Mi Gobierno será de gestión, ni socialista ni de coalición, un Gobierno que administre para seis meses los recursos de esta región». Y fue exactamente medio año. Pese a que logró la victoria electoral en junio de 1991 con 16 escaños, Hormaechea y el PP volvieron a darse la mano y le alejaron de la Presidencia.

Durante la siguiente década siguió compaginando su papel como senador y congresista con la Secretaría General del PSOE en Cantabria. Considerado como un azote de la derecha en los años de oposición más dura, el paso del tiempo ha templado su figura a ojos de sus adversarios y nadie discute ahora la herencia que deja en la región, hasta ser reconocido por todos los partidos como un referente de la historia política y social de Cantabria.

Una de sus últimas intervenciones fue este mismo verano, tras las acusaciones que salpicaron al Rey Emérito. Blanco apareció como uno de los firmantes del manifiesto en el que más de setenta exministros, expresidentes autonómicos y antiguos altos cargos a nivel nacional de PSOE, PP y UCD mostraban su apoyo a don Juan Carlos. «El balance de la monarquía no es extraordinario, pero no es malo. Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario y la Justicia debe demostrar si este señor ha delinquido, como pasa con todos», subrayó entonces el histórico dirigente socialista.

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