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España sin plan B: las medias medidas colocan al país al borde del colapso de las UCI

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Vamos cuanto antes con los datos y así nos ahorramos muchas valoraciones: 40.197 nuevos casos se han notificado este viernes en España. Es, de lejos, el registro más alto desde que empezó la pandemia, si bien es cierto que en marzo apenas se hacían tests.

En los últimos 7 días, pese al temporal, pese a la dificultad para hacer pruebas o incluso para desplazarse a un centro de salud en buena parte del país, se han detectado 146.486 casos, lo que supone un aumento del 47,46% con respecto a la semana anterior. Aunque es cierto que dicha semana tenía un festivo más -el 6 de enero- es igualmente cierto que los datos de estos siete días no están consolidados, así que subirán conforme pasen los días.

Hablar de incidencias acumuladas ya parece un poco absurdo llegados a estas cifras, pero bueno: en los últimos 7 días, 337,99 de cada 100.000 españoles han dado positivo en un test de detección de Covid 19. En los últimos 14, van 575,10. Hablamos, también, de un récord histórico. Recordemos que acabamos el año con una incidencia de 279,5, lo que supone que en estas dos semanas se han doblado los casos en España sobre una base que ya estaba por encima del nivel de alerta extrema.

Al contrario de lo que explicaba ayer Fernando Simón en rueda de prensa, el ritmo de crecimiento de esta tercera ola es mucho mayor que el de la segunda, arrastrando a la vez un volumen gigantesco. España, que tan bien surfeó aquella ola comparada con sus vecinos, se encuentra ahora mismo pisando los talones de Gran Bretaña, Irlanda, Israel y Portugal, los países con mayor incidencia y mayor crecimiento en el último mes.

Cuando el pasado verano se instauró el límite semanal de 50 casos cada 100.000 habitantes como señal de alerta para restringir el turismo con otros países, nadie imaginaba que, meses después, solo una comunidad autónoma (Canarias) estuviera por debajo del triple de ese umbral, con casos como Extremadura, La Rioja o Murcia en los que dicha incidencia a 7 días sobrepasa los 500 casos. Diez veces el nivel de alerta.

Las consecuencias de todas estas abstracciones numéricas son muy claras: en torno al 1,5% de los detectados muere. Y aquí ya no hay vacuna que pueda salvar a nadie porque hablamos de gente que ya ha contraído el virus. Rozar los 300.000 casos cada dos semanas ahora mismo supone rozar los 5.000 muertos en dos semanas dentro de unos días. Eso, insisto, creciendo al 47,46% semanal.

Con todo, este no es el mayor problema. Incidencias muy similares hemos tenido ya en noviembre y salimos adelante. El 6 de noviembre, por ejemplo, la incidencia a 14 días también superaba los 500 casos por 100.000 habitantes (525,74). La diferencia es que la incidencia a corto plazo indicaba un retroceso que se empezó a ver de inmediato. En ese momento había 20.239 hospitalizados, de los cuales 2.863 estaban en una UCI. Entrábamos pues en algo parecido a una meseta de contagios con un altísimo estrés asistencial pero una buena perspectiva.

No es lo que estamos viendo ahora. Las cifras hospitalarias son muy similares: 19.657 hospitalizados, de los cuales 2.953 están en UCI… pero la tendencia al alza asusta. Aún no estamos viendo en los hospitales el efecto de la subida en los contagios y aun así solo en una semana hemos tenido un incremento del 31,47% en hospitalizados y un 27,39% en camas UCI ocupadas.

Con una media semanal muy por encima de los 2.000 ingresos diarios -rozando los 3.000 este viernes-, esto no va a bajar sino todo lo contrario. Aun así, limitando el incremento, la semana que viene tendríamos unos 4.000 hospitalizados UCI en todo el país. Es completamente insostenible. No es ya que suban los casos, suban los ingresos, suban los hospitalizados, las UCIs y los fallecidos… es que suben a velocidades de vértigo.

Estamos en el pico de la segunda ola cuando parece que no hemos llegado ni a la mitad de la tercera. Es complicado ver cómo se detiene esto con medidas intermedias y resulta descorazonador observar que las autoridades siguen mirando a ver qué pasa confiando en que la vacuna les salve automáticamente de cualquier responsabilidad.

Aunque todas las autoridades coinciden en descartar el confinamiento domiciliario absoluto -salvo Castilla y León, que lo contempla para dentro de dos semanas si el gobierno de la nación se lo permite-, los números no cuadran. Insisto en que no es una cuestión de casos ni es una cuestión siquiera de muertos. Ese cálculo, para bien o para mal, ya está hecho. Es una cuestión de si los hospitales van a aguantar y esto no se puede afrontar desde una perspectiva genérica.

La irresponsabilidad absoluta de levantar restricciones para Navidad cuando la tendencia ya era al alza a principios de diciembre en muchas comunidades y permitir por lo tanto una movilidad casi absoluta ha hecho que este brote sea generalizado en toda España, pero algunas comunidades están peor que otras.

Por ejemplo, ¿qué futuro le espera a Extremadura con un 1,5% de la población total de la región contagiándose cada dos semanas? Si el 7-8% de los casos, como es habitual, requiere hospitalización, ¿dónde los van a meter? En Comunidad Valenciana, donde, por su habitual retraso en las notificaciones la incidencia no es tan escandalosa (aún así, 760 casos cada 100.000 habitantes en 14 días), tienen una ocupación de críticos superior al 48%.

La mitad de las camas UCI de la Comunidad Valenciana están ocupadas por casos de clínica Covid. Eso contando ampliaciones tipo quirófanos, unidades de neonatos, de rehabilitación, gimnasios, lo que sea. ¿Qué margen tiene esta comunidad, por ejemplo, que aun así crece al 94% semanal? Lo mismo podría decirse de La Rioja, Cataluña, Baleares, Castilla La Mancha y Madrid, donde se supera el 35% que marcó en su momento el gobierno como umbral de saturación. En el total del país, rozamos ya el 30%.

Las declaraciones de Fernando Simón y Salvador Illa hacen pensar que la estrategia va a seguir siendo dejar hacer y esperar a ver qué pasa. No hace falta ser epidemiólogo para eso. Tanto el Gobierno central como determinadas comunidades -Madrid, por ejemplo- están convencidos de que las medidas que cortaron la segunda ola servirán para la tercera. Aterra pensar que no hay plan alternativo.

Los datos invitan a pensar en 21.000 ingresos la semana que viene. Eso supone la necesidad de dar muchas altas, desde luego, si no se quieren reventar todos los hospitales de determinadas comunidades. No parece haber percepción del riesgo que estamos corriendo, ni se contempla que algún factor tipo las distintas variantes del virus esté afectando a nuestra situación, ni se plantea la posibilidad de que esto derive en un nuevo marzo.

No ya en comunidades como Madrid o Castilla La Mancha, donde marzo es insuperable, pero sí en buena parte del resto del país. La situación es dramática pero hemos preferido alejar el drama de nuestras vidas. Así hasta que el drama nos encuentre y ajuste cuentas.

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