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Escaño 82: Un error de juicio

Acaba de cumplirse un año de las elecciones autonómicas que ganó el PSOE de Tudanca, perdió el PP de Mañueco y dejaron la llave del Gobierno de Castilla y León a Cs. En ese momento Rivera, que no Igea, eligió prorrogar 32 años de gobiernos populares y sus procuradores hicieron ganador efectivo del 26-M a Alfonso Fernández Mañueco con una coalición. Ese tándem ha celebrado el aniversario por todo lo alto, con una crisis de gobierno en mitad de una pandemia provocada por la dimisión de Germán Barrios, consejero de Empleo e Industria.

El dimisionario era cuota de Cs en el gabinete, pero creció en política como alto cargo con carné del PP al abrigo de Tomás Villanueva, exvicepresidente de la Junta al que los casos de la Trama Eólica y la Perla Negra abocaron al ocaso político.

Barrios redondeó currículum como presidente del Consejo Económico y Social (CES). Allí fraguó una relación consistente con los sindicatos y la patronal y disfrutó de un escaparate protocolario que ni de lejos le brindaba la Consejería de Empleo. Este órgano, motor autonómico en tiempos del todopoderoso Villanueva, quedó reducido al mínimo en el último Gobierno de Herrera.

Las áreas de promoción económica, con los 'marrones' de las investigaciones por corrupción, pasaron a Hacienda y allí siguen. Eso limitaba la capacidad de Barrios al Diálogo Social, a la valoración de los datos del paro (potables cuando juró el cargo, noqueados por la covid ahora), a la formación laboral y a la agenda para la (des)población. Mañueco había anunciado que Igea se ocuparía de esta última y en la gestión de las anteriores ha cohabitado con un viceconsejero, David Martín, igeísta convencido. De la repercusión de la actividad de la consejería da idea la sucesión de plenos de las Cortes en los que la oposición no planteaba a Barrios una sola pregunta, mientras consejeros como Casado, Blanco o Fernández Carriedo no daban abasto a responder. Eso lo ha cambiado la covid.

Más allá de si la renuncia inducida del exconsejero es fruto de un choque de egos, de un tutelaje ninguneador del vicepresidente a través del viceconsejero o del descontento con la labor de Barrios, lo que pone de relieve la espantada en medio de una crisis brutal con 366.000 trabajadores en paro o ERTE y nubarrones sobre un sector crucial como la automoción es que en su elección hubo un error de juicio.

Y ha vuelto a dejar al cierzo las dos almas de Cs, con usos de política cainita de toda la vida asomando por las grietas de un barniz regenerador 'made in China'. Basta ver cómo han zurcido el roto del fichaje de Barrios. Al grupo de Cs en las Cortes, dirigido por el sector oficialista, le faltó tiempo para elogiar oficialmente su trabajo. Un 'cate' a Igea. Y esa parte oficialista de la bancada vetó, con la bendición de Madrid, que el viceconsejero David Martín ascendiera a consejero, que era la opción de Igea. Otro 'cate'. Y cuando el nombre de consenso fue el de Ana Carlota Amigo, tan en la línea de Igea como Martín, el trato incluyó el peaje de que la hasta entonces portavoz dejase el escaño. Otro más. Igea pierde en ese grupo también a Juan Pablo Izquierdo, que sigue a Amigo a la consejería.

El vicepresidente cede margen de maniobra en el hemiciclo, dentro de la bancada que decide quién gobierna Castilla y León, y apuesta por la gestión de Empleo. Un departamento convertido en vital por la covid y que merece estabilidad. Lleva cuatro consejeros en cinco años: Rosa Valdeón, Carlos Fdez. Carriedo, Germán Barrios y ahora Ana Carlota Amigo. Urge acertar.

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