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Spain

Entrenando a tu dragón

La guerra comercial entre EEUU y China está dejando algunas lecciones. Una de ellas es que no es indiferente que la hegemonía global la ostente un país democrático o una dictadura. Esto, que puede parecer de perogrullo, conviene no olvidarlo, sobre todo cuando abundan quienes están dispuestos a transar cuotas de libertad a cambio de bienestar. El fenómeno es muy visible en países medianos o que no forman parte de alianzas fuertes. En marzo, el Gobierno de Trump lanzó una dura ofensiva contra Huawei, acusándola de servir intereses ocultos del régimen chino. Varios gobernantes latinoamericanos recibieron advertencias de que EEUU dejaría de compartir información estratégica con ellos si aceptaban la tecnología 5G de Huawei.

Ahora, en Chile se ha dado un caso inverso. Jaime Bellolio, diputado liberal de uno de los partidos que apoyan al Gobierno de Piñera, ha brindado su respaldo público a Joshua Wong, el líder de los manifestantes de Hong Kong. El embajador chino en Chile, Xu Bu, criticó públicamente a Bellolio por «reunirse con la persona equivocada», calificó a Wong de «matón social» y expuso que «la situación actual de Hong Kong no tiene nada que ver con la supuesta democracia y libertad».

La polémica fue transversal. Hubo líderes de izquierda que criticaron a Pekín y líderes de derecha que se mostraron comprensivos. Hubo líderes de izquierda que preguntaron por qué tanta firmeza con la dictadura venezolana y tanta manga ancha con la china. El ministro de Exteriores chileno explicó que Venezuela era una democracia destruida por una dictadura y la China era una dictadura que nunca había sido democracia. Esa misma semana, embajadores chinos en Australia y en el Reino Unido publicaron duras críticas a las autoridades locales por respaldar las protestas en Hong Kong.

Pero el problema es lo que no se dice en la prensa. El embajador Xu Bu le hizo ver al Gobierno de Chile que casi el 30% de sus exportaciones las compra China. Aprovechó un viaje al sur del país para reunirse con representantes de las minorías étnicas que han protagonizado conflictos con el Gobierno. De paso se reunió con empresarios a los que China compra sus productos.

La reacción y los movimientos de Xu Bu preocuparon al Gobierno chileno de una manera muy distinta al malestar que les provocó en marzo el aviso de Trump sobre Huawei. La diferencia es obvia: Trump no ejerce el poder total en su país, tiene frenos y contrapesos institucionales y siempre está una prensa libre que puede denunciar los abusos de poder. Los chilenos saben que, por mucho que se empeñe, el Gobierno norteamericano, que compra el 15% de sus exportaciones, no es capaz de alinear la totalidad de las energías de su país en contra de un pequeño país de Sudamérica. Pero con China las cosas no son igual. La única limitación al poder del Partido Comunista es la prudencia del que está al frente. En este caso Xi Jinping. El poder no está repartido entre instituciones y no hay una prensa que cuestione el orden de cosas. Ya se sabe, criar dragones tiene sus riesgos.

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