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El Sevilla de Lopetegui, sin quite ni proyección

El Sevilla de Julen Lopetegui es un muy buen equipo de fútbol porque sus virtudes suelen pesar más que sus defectos. Pero no tanto cuando se trata de oponer resistencia a una formación superior en el plano técnico y físico. Es una escuadra muy fiable en esas virtudes, pero también en sus defectos. Con el entrenador vasco al mando, en sus encuentros ante los tres mejores de la Liga reincide en los mismos errores: llevar los partidos a un frío pulso de ajedrez en lugar de una ardiente batalla en la que juegue tanto el corazón desbocado como el virtuosismo técnico.

Joan Jordán lo reconoció después de que Hernández Hernández, ese árbitro que no quiso ver su cara en los rotativos barceloneses con la temprana expulsión de Messi, diera los tres pitidos finales: “Queríamos hacer un partido agresivo y han estado cómodos”. Y así fue.

Defensa

Ronald Koeman sorprendió al trocar a defensa de tres centrales y convertir a Dest y Jordi Alba en dos piezas más en la zona ancha, lo que invitaba a su vez a Frenkie de Jong o a Pedri a descolgarse en busca de Messi y Dembélé, esta vez menos abiertos a las bandas en ambos casos.

Ese planteamiento exigía pierna dura en las disputas, intensidad plena y capacidad para hostigar, adelantarse al posible receptor en la medular. Nada de eso ocurrió. Sergio Busquets, que ya no puede meter una quinta marcha porque la perdió, agradeció la impericia de los Rakitic, Jordán o Papu para el quite y se reencontró con su mejor versión.

A su lado, Frenkie de Jong, que sí que tiene motor, arrancaba, se asociaba y batía líneas. Y como los laterales sevillistas, Jesús Navas y Escudero, quedaron anclados en sus respectivos rincones ante Jordi Alba y Dest, quedó el peor de los escenarios posibles para que los blancos plantearan batalla a un enemigo superior.

Faltó agresividad sin balón y, con él, precisión y arrojo, otro factor necesario en partidos de una exigencia máxima: Papu y Munir perdieron muchos balones por fuera y en uno de ellos llegó una contra mortal para el 0-1.

Ataque

Lopetegui sorprendió con el Papu por la derecha y mantuvo a Munir por la siniestra después de su buen partido en Pamplona. Y si el argentino destila cierta incomodidad pegado a la banda izquierda, más aún la tuvo en el otro costado. El casi inexistente apoyo de los laterales a ambos terminó de obturar el juego por fuera. Por dentro, Piqué sujetó a Luuk de Jong en largo, y en corto, Jordán y Rakitic estuvieron imprecisos en controles y pases. El Barça sí que hostigó mucho y bien.

Tras el descanso, con Rekik por Diego Carlos y el cambio a defensa de tres centrales, más Suso por el Papu y En-Nesyri por Munir, el Sevilla se estiró algo más, sobre todo por el manejo de Suso por dentro, y Navas apareció con timidez. Faltaba un giro de tuerca más que Óliver y Óscar no dieron.

Virtudes

Pese a todo, no se descompuso.

Talón de Aquiles

Le faltó capacidad de quite y le sobró celo por asegurar el pase, algo que lastra su ataque mucho.

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