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El retorno del rey Márquez: reír y llorar cuando ganar no es la meta

El Gran Premio de Portugal tuvo un protagonista indiscutible. Marc Márquez regresaba tras su superar su lesión y con él, ese plus de emoción inexplicable que todos anhelábamos. Digo inexplicable porque las tres primeras carreras de MotoGP han dejado claro que si de algo va sobrado el campeonato este año es de aspirantes a coronar el título. Pero faltaba algo y visto que no era precisamente emoción, sería más exacto decir que faltaba alguien. Marc Márquez.

Nueve meses después de romperse el húmero, el piloto catalán regresaba al asfalto con un objetivo muy distinto al de sus compañeros. La victoria para Marc pasaba por línea de meta pero no por el podio, el lugar donde más feliz ha sido y nos ha hecho. Ganar no era ganar, ganar era terminar. Completar 25 vueltas cuando no había rodado más de seis seguidas. Y Marc lo hizo: ganó aunque no ganó.

Porque el reto era otro muy diferente: el reto era mucho más peligroso y arriesgado que llegar primero o entre los primeros. Cada carrera es una nueva oportunidad para conseguir ese desafío. Sin embargo, una caída, un desgaste acusado o un movimiento en falso, podría haber dado al traste con otra victoria más deseada aún que la propia victoria.

Para volver al asfalto, Marc ha emprendido un auténtico viaje. Un proceso de recuperación física que encerraba otro más profundo: una transformación mental capaz de guiar su regreso y no hacerlo errar en el camino. Ayer fue la primera prueba. Pero vendrán más.

Solo hace falta escuchar a Marc para darse cuenta de que ha trabajado su mentalidad y, bajo mi punto de vista, de una forma muy acertada. Su mayor aprendizaje fue ayer el faro que le permitió mantener el rumbo tal y como él mismo explicó a los medios en rueda de prensa: "Lo que he aprendido yo de esta lesión es sencillo: tenemos muchas carreras por delante y solo un cuerpo y a veces necesitas descansar. Reconozco que cometí un error".

Si no hubiera aprendido la lección quizá ayer no hubiera terminado. Quizá hubiera precipitado un regreso en Qatar 1 o Qatar 2 para el que se sentía (o quería sentirse) preparado pero que sus médicos habían desaconsejado. Otro Marc, el de antes, hubiera desoído sus indicaciones. Pero este Marc es otro: se escucha (y también a los demás).

La humildad y la capacidad de autocrítica es algo que siempre le han definido fuera del asfalto, no tanto cuando rueda en moto, donde Marc ha demostrado ser obcecado e ingobernable. Ese carácter ha elevado MotoGP a un nuevo nivel, pero también ha condicionado y eternizado su regreso. Hasta hoy. Lo que ha dejado por el camino es suficiente como para asegurar que no volverá a pasar.

Porque no ha sido un viaje sencillo ni una meta ni mucho menos asegurada. Durante la recuperación, Marc ha sentido el vacío de quien sabe que arriesga algo más que tiempo. Cabía la posibilidad de no volver. Cabía la posibilidad de no recuperarse. Cabía la posibilidad de no subir más a una moto. Cabía la posibilidad de no volver a sentir el calor del asfalto, los nervios en la parrilla de salida, la exaltación en la línea de meta. Y ayer todo eso estuvo ahí. Terminar no solo fue suficiente: fue lo mejor que podía pasarle a él y pasarnos a todos. Marc ha vuelto. Quizá aún no ha vuelto a ganar, pero ya está ahí.

"Soy el primero que me exijo estar en lo más alto, pero ahora debo ir dando pasitos. Ahora es mi pretemporada”, explicaba. Y así fue. Una pretemporada que ayer lo colocó sexto en la salida y séptimo en la meta. No fue esa posición lo que originó los aplausos entre su equipo. Tampoco las lágrimas que no logró evitar cuando tuvo ocasión de analizar la carrera con Izaskun Ruiz, periodista de DAZN. “Ha sido duro”, fueron sus palabras. Su eterna sonrisa contrastaba con unas lágrimas que no conseguía detener y la imposibilidad de seguir con la entrevista. Reír y llorar. Nada más y nada menos.

Otro Mundial para Marc es posible y del todo necesario. El tiempo y su implacable ambición lo pondrán de nuevo en su sitio, bien arriba de la clasificación. Mientras tanto, la victoria, como avanzaba días antes: ni le preocupa ni le obsesiona. “Está claro que te fijas, pero no es, de entrada, mi pelea. Hay otros objetivos para cumplir. Si se cumplen rápido, ya se pensará en el objetivo grande que es el título", matizó en rueda de prensa.

Son más que palabras. El piloto de Cervera se ha encargado de refrendar estas firmes intenciones con hechos. La carrera de ayer evidencia un cambio de mentalidad imprescindible para que su regreso culmine con un estado de forma óptimo. Un regreso que me sirve, precisamente, para recordar que un objetivo no se mide como un resultado. Los objetivos y resultados están muy relacionados entre si y es fácil confundirlos. Por ello, en este artículo quiero sacarte de dudas y explicarte sus diferencias.

Marc debe, en definitiva, disfrutar y no sufrir para encontrar su mejor versión, una incluso que supere la de temporadas anteriores: "El primer objetivo es sentirme bien con la moto, por eso estoy aquí. Ahora es el momento de volver a disfrutar sobre la moto".

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