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El Prado y las artistas, a debate

En los últimos años ha habido en el Prado exposiciones dedicadas a Clara Peeters (la primera monográfica de una mujer en sus 200 años de historia), Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana... ¿Cree que las mujeres artistas están bien representadas en el Prado o sigue siendo una asignatura pendiente del museo? ¿Cree que es un museo machista? El propio director, Miguel Falomir, dice que el Prado históricamente lo ha sido, pero al igual que lo ha sido toda la sociedad.

Amelia Valcárcel
Amelia Valcárcel - ABC

Amelia Valcárcel, filósofa y escritora, y vicepresidenta del Patronato del Museo del Prado, comenta que «muchos grandes museos tienen más obras de pintoras de las que se suponía. Obviamente, lo que hace que haya mayor interés es que haya una enorme presión sobre el canon, que viene dada directamente por el feminismo, una marca de nuestro tiempo. Es decir, lo que el feminismo pone en el tablero es que no puede olvidarse el talento de las mujeres. Un canon del que no forme parte el talento de las mujeres no es un buen canon. El Prado ya ha puesto de relieve más de lo que estaban a Sofonisba Anguissola, a Clara Peeters, y nos hemos dado cuenta de que tenemos dos Vigée-Le Brun, que es una de las grandes pintoras del siglo XVIII. Creo que todos los grandes museos están haciendo esto, porque es el espíritu de los tiempos. Reconocer el talento: el masculino, por descontado, porque siempre ha estado reconocido, pero el talento de las mujeres también. Y ha habido grandes pintoras. Pensemos, por ejemplo, en ese fantástico autorretrato de Rosa Bonheur, que en realidad es un gran león. Hay muchas obras que están en los peines y que pueden estar en las salas. El Prado no es el único museo donde eso ocurre. Yo estoy deseando ver qué sucede con la inauguración de "Invitadas". Es un buen ejercicio para interrogarse sobre qué pasa con la gran pintura realizada por mujeres e interesarse también en qué pasa con la propia imagen de las mujeres».

María Dolores Jiménez-Blanco
María Dolores Jiménez-Blanco - ABC

María Dolores Jiménez-Blanco, historiadora del arte y patrona del Prado, responde: «Proyectar los anhelos y convenciones actuales sobre la cultura de otras épocas puede dar lugar a muchos equívocos: los anacronismos pueden distorsionar nuestra visión del pasado. El Museo del Prado es, en muchos sentidos, consecuencia de la cultura europea de varios siglos y, como otros museos históricos, refleja el canon de lo que se entendía por cultura artística en épocas anteriores. En ese sentido, en lugar de la cuestión cuantitativa centrada en el número de artistas mujeres representadas, creo que sigue siendo pertinente plantearse la pregunta -mucho más de fondo y de enorme trascendencia en la historia del arte posterior- que se hizo en 1971 Linda Nochlin en su famoso artículo “¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?”. Nochlin defendía que, para tomar conciencia de la situación y enfrentarse a ella, lo verdaderamente importante es dar a conocer las estructuras sociales, educativas o económicas que durante siglos impidieron a las mujeres dedicarse al arte, o que, si excepcionalmente llegaban a ejercerlo, dificultaron que su obra se apreciase y se conservase en igualdad de condiciones respecto a las de sus compañeros masculinos. Durante los últimos años, el Museo del Prado ha iniciado una labor de visibilización de las obras de mujeres artistas de su colección, y también ha realizado exposiciones que han permitido contemplar obras de mujeres artistas procedentes de otras colecciones. Ahora, la exposición "Invitadas", que estaba previsto inaugurar en marzo y se abrirá el 5 de octubre, significa un nuevo posicionamiento del museo en esa dirección».

Juan Manuel Bonet
Juan Manuel Bonet - JOSÉ RAMÓN LADRA

El crítico de arte y ex director del Museo Reina Sofía Juan Manuel Bonet sostiene que «la historia es la que es. En España, como todo el mundo, la emergencia de las mujeres artistas ha sido un fenómeno muy tardío, iniciado en el XIX, y que se acelera a partir de los años veinte del siglo pasado. He dirigido dos museos centrados en la modernidad, que es mi época, y por mi parte he tenido clarísimo que era necesario atender a las modernas españolas. Tuve la suerte de tratar a algunas, y especialmente a Maruja Mallo, que es quien me contó lo del sinsombrerismo, y a la novelista Rosa Chacel. En esos museos dimos visibilidad a la obra de artistas contemporáneas, como Eva Lootz, o Ángeles Marco. Expusimos a Margaret Michaelis, la fotógrafa del GATEPAC, o a Joan Mitchell, y en relación al ultraísmo insistimos en el papel clave de Sonia Delaunay. También he presentado al público español a Tarsila do Amaral, cuya obra me parece superior a la de cualquiera de sus colegas del modernismo brasileño... El Prado tiene menos campo de acción. En el caso de Rosario Weiss, por ejemplo, se le adelantaron la Biblioteca Nacional y el Lázaro Galdiano».

Elvira González
Elvira González - BELÉN DÍAZ

La galerista Elvira González ha mamado el arte desde muy pequeña, cuando acudía al Prado con su madre. Hoy es ella la que lleva a sus nietos a un museo que ama profundamente. «Las mujeres han sido invisibles durante mucho tiempo. Parece que hemos nacido hace un siglo o siglo y medio. Y hay pintoras anónimas que no conocemos y está muy bien que se fomenten para que las conozcamos, pero hay que ir poco a poco. No hay tantas mujeres artistas en la historia. En el Prado hay pocas obras de pintoras, pero las hay muy buenas, como Sofonisba Anguissola, Clara Peeters... En cambio, "El Cid", de Rosa Bonheur (una gran cabeza de león), no me gusta». En las paredes de su galería cuelgan en estos momentos obras de Elena Asins, una de las creadoras que se están reivindicado en la actualidad. «Hay artistas muy buenas, como la propia Asins, Maruja Mallo, María Blanchard, Ángeles Santos... ». Pero cree que no hay que sacar las cosas de quicio en este debate sobre las mujeres y el arte. «Yo me considero una feminista de verdad. Ha habido en España muchísimas heroínas, fantásticas mujeres a las que hay que reivindicar, dar visibilidad y reconocimiento. Y no sólo en el arte, sino en la ciencia y en todos los campos. He conocido a muchas de ellas, como Soledad Ortega o María Luisa Caturla. Mi madre fue una mujer cosmopolita, una gran luchadora».

Cristina Iglesias
Cristina Iglesias - IGNACIO GIL

La escultora Cristina Iglesias, autora de las puertas del edificio de Rafael Moneo en el Prado, afirma que «el Museo del Prado alberga una colección histórica que refleja el pulso de la sociedad en las fechas que abarca. Pocas mujeres pudieron hacerse notar en un mundo regido por hombres. Las colecciones reales no atendían el trabajo hecho por mujeres. Creo que no es un problema que se diera solamente en el Prado. Por lo menos en las recientes exposiciones de artistas que eran mujeres han dado a conocer el gran nivel de estas».

El mundo del cine apuesta fuerte por la diversidad. Los Oscar exigirán estándares de diversidad a partir de 2024: va a haber cuotas de negros, hispanos o mujeres para optar a los premios. En la Berlinale no habrá distinciones por sexo entre premios a actores y actrices, sino que se premiará a la mejor interpretación... ¿Es partidario de algo similar en el mundo del arte? Que haya cuotas de mujeres artistas en exposiciones y adquisiciones de obras, en la plantilla del museo, en el equipo directivo y el Patronato...

Amelia Valcárcel: «Las mujeres no somos ninguna minoría, somos la mitad más uno de la población, ni formamos parte de las diversidades. Somos ciudadanas a todo rango de pleno derecho. Yo soy partidaria de la paridad. Las mujeres necesitan paridad en todos los ámbitos de poder. En el Prado lo que se trata es de hacer una mucho mejor investigación histórica, de tal manera que no te saltes lo que hay, no lo atribuyas a quien no es, y no hagas desaparecer a una figura que tiene relieve e importancia. Ha habido grandes mujeres pintoras. Yo he quedado muy impresionada y contentísima desde que sé que tenemos dos Vigée-Le Brun. Ya cuando apareció el Rosa Bonheur, un regalo de la propia artista, y ni caso, como si nada. Las obras de Sofonisba no estaban atribuidas a ella. No son infinitas las mujeres pintoras. Hay lo que hay. Pero hay más de lo que nos parece. Clara Peeters estaba tan convencida de que la podían olvidar que se dibujaba a sí misma en cada cuadro, firmaba de esa manera».

María Dolores Jiménez-Blanco: «Me parece muy bien que los Oscar u otros premios y acontecimientos de la cultura tengan en cuenta el mundo en el que se desarrollan y respondan a él. El mundo del arte, como parte de la cultura, y por tanto de la sociedad de su tiempo, debe también estar en concordancia con la sociedad que lo rodea. No tendría sentido que en una época en la que las mujeres se han incorporado plenamente al mundo laboral se quedasen fuera de los órganos directivos o estuviesen representadas en ellos en distinta proporción que en la realidad».

Juan Manuel Bonet: «Creo firmemente en la necesidad de hacer un esfuerzo especial para que las creadoras tengan mayor visibilidad, como por suerte está sucediendo. Pero no creo que las cuotas sean una solución. Con ellas se pueden cometer injusticias, o simplemente hacer el ridículo. Pondré un ejemplo literario: no es imaginable una antología de la generación del 27, con paridad hombres-mujeres, porque la historia no fue así, y el canon no se puede forzar. Por lo demás, en el mundo del arte, tanto en las plantillas de los museos, como no digamos en el ámbito galerístico, son las mujeres quienes mandan».

Cristina Iglesias: «Creo que la diversidad es buena siempre. Y justa. Me gustaría pensar que nos acercamos a una sociedad en la que buscando a los mejores para cada puesto esta diversidad sea natural».

Elvira González: «No me gusta que se impongan unas cuotas por sexos. Al final, me parece que es algo perjudicial, discriminatorio. Estoy harta de tantas estupideces que se están haciendo en nombre del feminismo».

¿Cree que hay que revisar cartelas de las obras y catálogos razonados del Prado para adecuarse a esa diversidad?

Amelia Valcárcel: «Yo tuve una breve pero intensa amistad con Linda Nochlin, autora de un artículo que de alguna manera abrió todo esto: "¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Es un fantástico artículo, un clásico. Lo que pasa es que es más fácil aplicarlo al arte contemporáneo que al arte clásico, donde digamos todo el mundo sabe lo que hay, pero no es verdad. Las atribuciones han de ser mejor estudiadas: empiezan a aparecer las artistas que han sido borradas del canon».

María Dolores Jiménez-Blanco: «La historia del arte no es estable. Es, sobre todo una narración que responde a los intereses y gustos de quien la formula. No es casualidad que Nochlin se plantease precisamente en 1971, en un momento de intensos cambios culturales y en plena ebullición de los movimientos feministas, la necesidad de mirar las obras de arte desde otras ópticas. Lo deseable es acercar la explicación de las piezas a sensibilidades actuales sin perder de vista su significado original y las razones que explican su creación en un contexto determinado».

Juan Manuel Bonet: «No creo más que en las revisiones científicas. No me imagino una cartela denunciando, pongamos por caso, cuáles eran las circunstancias sociales y políticas que explican la presencia en la Corte de los enanos y bufones inmortalizados por Velázquez. Tampoco otra calificando de machista la mirada de Tiziano o de Rubens o de Eduardo Rosales sobre el cuerpo femenino, o, ya fuera del Prado, la de Velázquez en "La Venus del espejo"».

¿Es partidario de retirar de las salas del Prado alguna obra por ser políticamente incorrecta? Estamos instalados en una especie de dictadura de lo políticamente correcto y la autocensura.

María Dolores Jiménez-Blanco: «No soy partidaria de retirar obras por razones de incorrección política, entre otras razones porque las piezas deben entenderse siempre en el contexto original en el que se crearon. La corrección o incorrección de una obra podría interpretarse, además, en muchas direcciones, especialmente teniendo en cuenta la variedad de procedencias de los visitantes del museo. Por ejemplo, no todos comparten de forma natural algunas imágenes que forman parte de la tradición iconográfica católica, y nuestra propia percepción acerca de determinados ritos festivos como los toros está cambiando de forma muy rápida. Censurar es, en todo caso, una práctica siempre peligrosa que, como ha demostrado la historia, puede desembocar en situaciones muy oscuras».

Juan Manuel Bonet: «No soy partidario de retirar nada. Si nos pusiéramos a releerlo todo en esa clave, Sade, Bataille, Henry Miller o Nabokov volverían a estar prohibidos, se descolgarían de los museos "El origen del mundo" de Courbet, los cuadros y fotografías de Balthus (de hecho, ya ha habido algún intento) o las muñecas de Bellmer, se prohibiría el cine de Pasolini o de Bertolucci... El arte es territorio de libertad, y no puede ser leído en clave "politically correct". Ni en relación a lo sexual, ni en relación a lo colonial, esos intentos absurdos de prohibir "Tintín en el Congo"...»

Cristina Iglesias: «Creo que el arte refleja la sociedad en la que crece. Pienso que es bueno para la educación de todos poder ver con ojos críticos las costumbres y vilezas de otros tiempos. Goya en sus "Caprichos" criticó duramente la sociedad en la que vivía. Nos enseña monstruosidades, que creo es muy interesante tenerlas presentes».

Elvira González: «Yo no retiraría ninguna obra de ningún sitio, no soy partidaria de censurar nada. Me gusta la política que está llevando a cabo Miguel Falomir, un hombre muy culto y sensato, en el Prado. Es un museo muy activo. Soy fanática del Prado. Yo viajo mucho por todo el mundo y visito los museos. Y te das cuenta de que el Prado es una maravilla. Cada vez está más valorado en todo el mundo. Está en la primerísima liga de los museos internacionales. Aunque echo en falta en España que museos como el Reina Sofía apoyen más a los artistas españoles».

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