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El PP vasco, fundido: «¡Y encima le regalamos los puestos a Ciudadanos!»

La coalición PP+Cs no cuajó en el País Vasco, donde la suma del centro-derecha constitucionalista acabó en resta. La lista encabezada por Carlos Iturgaiz (60.000 votos) perdió la mitad de la ya maltrecha fuerza que tuvo Alfonso Alonso en 2016 (107.000 votos) y se queda con cinco de los nueve escaños, en la irrelevancia parlamentaria.

La cesión de los populares vascos es aún mayor porque Ciudadanos logra uno de esos asientos según el generoso reparto que hizo Pablo Casado con Inés Arrimadas, que acabó en el choque frontal y el cese fulminante de Alonso en febrero. «¡No sumamos nada y encima les regalamos los puestos de salida!», se lamentaba en las últimas horas un dirigente del PP vasco, que ahora deberá afrontar una profunda renovación de su dirección.

La nueva derrota electoral reavivó las voces contrarias a la estrategia de Génova por confluir con Cs, que hasta hace poco denunciaba la foralidad vasca y el Concierto Económico como «privilegios». La presidenta interina y escudera de Alonso, Amaya Fernández –que quedó apartada de la campaña–, se lamentó del «triste» resultado y llamó a tomar el ejemplo de la «moderación» de Feijóo y su proyecto «pegado a la singularidad de Galicia» como «antídoto del nacionalismo».

Un reparto muy desigual

La coalición todavía confía en ganar un sexto escaño por el voto de los residentes en el extranjero, como sucedió en las generales. La lucha vuelve a estar en Vizcaya, donde el PP logró el escaño nacional de Beatriz Fanjul frente al PNV y ahora se lo disputa a Bildu por cien votos de margen. De lograrlo, iría para Luis Gordillo, el portavoz de Ciudadanos en el País Vasco, de manera que el balance de fuerzas sería de cuatro a dos escaños. La salida de Iturgaiz está descartada, porque el desequilibrio sería aún mayor, con tres asientos del PP y dos de Cs.

Los resultados son un desastre sin paliativos para los populares vascos, que acumulan veinte años de hemorragia en las urnas. Desde los 250.000 que obtuvo el propio Iturgaiz en 1998 a los 326.000 votos que logró Jaime Mayor Oreja en 2001 y les convirtió en segunda fuerza política tras el pacto de Estella de los nacionalistas. Pero aquello era cuando ETA les «mataba como a gorriones con chimbera», como dijo el propio Iturgaiz en una frase terrible que es historia. Los vascos votaron en el 23º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, pero hoy muchos ni recuerdan ni les interesa saber quién fue aquel joven concejal del PP de Ermua.

La coalición PP+Cs achaca su fracaso a la fuerte abstención registrada, que fue mayor todavía en Álava, su feudo tradicional. En Vitoria, uno de los peores focos de la pandemia en Europa, la participación fue del 48%, cuatro puntos menos que la media vasca (52%), la peor de la serie histórica.

Cs se conforma con estar en Vitoria y abona ya el terreno para la unión electoral en Cataluña

El miedo a los contagios, la previsible victoria en las urnas del PNV y su pacto de gobierno con los socialistas, así como la estrategia de moderación política de Iñigo Urkullu desmovilizaron a los votantes. La caída más dolorosa fue en Álava, tradicional bastión del PP, que gobernó hasta 2015. La coalición apenas obtuvo 14.287 votos (11.800 en la capital), mientras que el PP en solitario consiguió hace cuatro años 27.877 votos. Vox sacó su escaño con 4.722 apoyos en toda la provincia.

Satisfacción en Cs

Lo que en el PP es un fracaso estrepitoso, ayer se vivió en la sede nacional de Cs, en Madrid, con un contenido entusiasmo. Los liberales contemplan con pasmo el auge del BNG en Galicia y de EH Bildu en el País Vasco, pero ayer rehuyeron cualquier autocrítica por los resultados –en Galicia perdieron casi 40.000 votos y en el País Vasco la coalición se estrelló– y prefirieron ver el vaso medio lleno.

La presencia de José Manuel Gil, nuevo diputado autonómico de Cs por Álava, en el número 253 de la madrileña calle de Alcalá era sintomática. Cs, en su peor momento desde su irrupción en la política nacional en 2015, consigue por fin presencia en el Parlamento vasco.

La coalición ha sido beneficiosa para ellos, y ayer Melisa Rodríguez comenzó a abonar el terreno para una posible reedición catalana. Argumentó, para convencer a propios y a extraños, que por separado PP y Cs habrían cosechado incluso peor resultado en el País Vasco. Aún no se sabe cuándo convocará Quim Torra comicios, pero la maquinaria está en marcha: «Trabajaremos para que no se pierda un solo voto constitucionalista en Cataluña».

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