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El peligroso sonido del silencio para el Cádiz CF

Hay muchos aspectos del nuevo fútbol al que deben acostumbrarse los principales protagonistas de este deporte, entre ellos los jugadores y los componentes del cuerpo técnico, que se van a ver muy solos en la travesía que resta hasta poder acabar la presente temporada. Especial cuidado deben tener con aquellas palabras malsonantes que, en muchas ocasiones, forman parte del deporte rey. El insulto y la descalificación puede tener un precio más alto a partir de ahora por el simple hecho de que en un campo vacío se escucha todo. En la Bundesliga, primera Liga en volver tras la alerta sanitaria, se ha visto que los futbolistas o entrenadores se quedan vendidos ante los árbitros cuando dicen lo que no deben y que otras veces se perdía en el bullicio de un estadio con miles de espectadores. El Cádiz CF toma buena nota de esta incidencia.

Desde que a partir de la primera semana de mayo los equipos profesionales regresaron a los entrenamientos en sus diferentes fases, los cuerpos técnicos han ido trabajando casi todos los aspectos dentro de las limitaciones de hacerlo con grupos reducidos de jugadores. Sin embargo, pocos equipos han reparado en una realidad que es difícil de controlar: lo que se dice, cómo se dice y cuándo se dice. Evidentemente el círculo rojo se sitúa alrededor del colectivo arbitral, el centro de las iras en los momentos de mayor desacuerdo por alguna decisión. Todo ello sin olvidar que la ofensa se produzca hacia un contrario.

El escenario que se abre ahora es muy distinto a lo que se conoce. Hasta antes del parón por la alerta sanitaria, era norma habitual la carga verbal contra el árbitro principal o alguno de sus ayudantes en las bandas y en la zona de banquillos. Pero cuando la pelota vuelva a rodar en competición oficial en el Ramón de Carranza o lejos de éste, cualquier insulto o descalificativo al cuarteto arbitral o a futbolistas rivales será oído fácil para los colegiados, que si aplican la normativa se pueden quedar solos sobre el césped.

Las normas son muy claras al respecto cuando se produce un acto de la gravedad de un insulto, sin embargo está por ver la aplicación que tiene en los responsables de aplicar el reglamento en un partido. Hay entrenadores que sí han tratado este asunto con sus jugadores, alertando del peligro que a todos se les viene encima si la boca se calienta más de la cuenta. Tiene el Cádiz ejemplos claros con Álvaro Cervera, en el banquillo, y jugadores como Iván Alejo en el terreno de juego. Uno y otro han demostrado que tienen poco control cuando la velocidad de los acontecimientos que se suceden les supera y el nivel de alguna decisión se considera injusto. Sin espectadores y, por lo tanto, con mucho menos bullicio que antes -a pesar del deseo de acompañar los encuentros con sonido ambiental desde la megafonía-, decir lo que no se debe al volumen de cuando las gradas estaban llenas puede multiplicar las expulsiones.

"Se oyen las voces, se oyen hasta los insultos..., se pierde la intimidad de los buenos momentos", señalaba hace poco con cierta ironía el seleccionador español, Luis Enrique, que lo está comprobando con los partidos de la Bundesliga. Alemania está siendo el primer ejemplo claro que pone de relieve que los jugadores y los integrantes del cuerpo técnico están al 'desnudo' con el nuevo fútbol. El del peligroso sonido del silencio.

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