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El padre enrique Trigueros: “No abro la puerta a nadie"

Por Oseira ya no circulan visitas ni peregrinos o huéspedes. El superior, Enrique Trigueros, explica que este aislamiento forzoso limita el horizonte económico del monasterio: "Podremos subsistir cuatro o cinco meses, no mucho más".

Los monjes de Oseira han sido de los primeros en confinarse, ya antes de que el Gobierno declarase el estado de alarma en el país. Cuando la Conferencia Episcopal instaba a no utilizar el agua bendita ni a darse la mano, en el monasterio ya se tomaban medidas y se procedía a su cierre al público el pasado 13 de marzo. El superior, Enrique Trigueros Castillo, tiene muy claro que "no abro la puerta a nadie", manifestaba ayer con contundencia, matizando que "tenemos en la comunidad tres monjes de más de 80 y 90 años y existe un alto riesgo de que nos puedan contagiar y no quiero poner en peligro a nadie".

Allí conviven 12 monjes y aseguran que la rutina de sus vidas no ha cambiado a rasgos generales, más allá de que no hay visitas guiadas, ni huéspedes, ni peregrinos,ni tampoco funciona la tienda en recepción en la que venden muy variados artículos como sus licores, pastas artesanas, libros, figuras, recordatorios... El turismo es, sin duda, su principal fuente de ingresos y ya no cuentan con él. 

"Creo que podremos subsistir cuatro o cinco meses, no podríamos aguantar mucho más, sería difícil", matizaba el superior. Y añade: "Si se prolonga meses y meses tendríamos que despedir a los empleados, espero que se solucione pronto". En el monasterio cuentan con cinco trabajadores que desempeñan diferentes funciones, casi todas relacionadas con la atención al público, teniendo en cuenta que reciben miles de visitantes al año.

Es cierto, según reconoció Enrique Trigueros, que elaboran el licor eucaliptine, muy demandado en la tienda, y que hace tiempo que se han puesto al día con la venta online, pero "lo fuerte se vende en el propio monasterio, hay algún pedido pero puede suponer solamente el uno por ciento", explicaba.

También tienen vacas autóctonas y "las crías se venden bien, pero con esto y una pequeña huerta no alcanza para sostener la economía de la comunidad".

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Misma rutina

La rutina de sus vidas, pese a todo, no ha cambiado porque ya vivían antes del confinamiento prácticamente en clausura. "Estamos acostumbrados a la dinámica de la oración y trabajo, solamente que ahora estamos cerrados a cal y canto, ni siquiera permitimos que la gente participe de la Eucaristía, lo hacemos a puerta cerrada ". El coronavirus, insiste el padre Enrique Trigueros, "no ha cambiado nuestro ritmo de vida, seguimos levantándonos a las cuatro de la mañana, a las cuatro y media asistimos a maitines y a las siete y cuarto celebramos la Eucaristía". Ellos continúan con su vida en soledad, cada uno en su celda, aunque participando en los actos comunes.

El superior añade que "en Semana Santa tendríamos al completo la hospedería, pero estará cerrada porque lo que está sucediendo hay que tomarlo muy en serio".

Los monjes no creen que se trate de un castigo divino. "Esto es cosa de los hombres y no han sabido frenarlo. Pienso que hay que reflexionar cara el futuro, hay que ver cómo nos vamos a mover en la vida, porque esto lo hemos hecho los hombres", concluye el superior del Monasterio de Oseira.

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