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El nacionalismo diluye a los socialistas en País Vasco y Galicia

El estancamiento del PSOE en Galicia y País Vasco está relacionado con el inevitable desgaste de la gestión de la crisis sanitaria, pero también es síntoma de una estrategia equivocada. Ahora que están en el Gobierno, no hay mejora significativa en comparación con 2016, en el peor momento histórico del partido. BNG y Bildu superaron al socialismo en las dos regiones. Una victoria del nacionalismo frente a un constitucionalismo desorientado. Aunque en Ferraz se consuelan diciendo que no son los más damnificados. Tampoco supieron capitalizar el hundimiento de Podemos.

El 12-J obliga a una reflexión profunda. Las urnas poscoronavirus han supuesto para el Gobierno, y sobre todo para el presidente y secretario general de los socialistas, la prueba a sus últimos seis meses de mandato. Sin embargo, Pedro Sánchez se mantiene al margen. No estuvo en Ferraz la noche electoral y no ha hecho ninguna valoración ni autocrítica en público.«Felicidades también a Idoia Mendia y Gonzalo Caballero por vuestro trabajo», escribió en su Twitter. Antes, había felicitado a Alberto Núñez Feijóo y a Iñigo Urkullu por sus resultados. «Los votos socialistas siempre estarán al servicio del progreso en ambas comunidades», añadió. No más.

¿La culpa? Del PP

El líder de los socialistas parece que está más cómodo dejando ese papel a su secretario de Organización y ministro de Transportes, José Luis Ábalos, quien compareció ante la prensa al conocerse los resultados y ayer acudió a tres medios de comunicación diferentes (TVE, RNE y la Ser) para hacer balance de las urnas. El mensaje que quería transmitir estaba claro: el fracaso lo ha cosechado el PP con su «estrategia de crispación» y « bronca».

Ábalos consideró que el estancamiento es consecuencia de la actitud de «derribo» que tuvo el PP en los últimos meses de pandemia. Además, el secretario de Organización y ministro admitió que al PSOE le hubiera gustado conseguir unos datos mejores pero aún así se sienten satisfechos porque han conseguido un diputado más en cada región (15 en Galicia y 10 en el País Vasco). «No son buenos pero no son los peores», se consuela.

A su juicio, incluso el PSE sale «fortalecido» de estas elecciones porque el Gobierno del PNV dependerá del apoyo de los sociliastas vascos.

Lo cierto es que el PSOE tiene fácil hacer una lectura positiva de sus resultados en el País Vasco, donde ha rascado un parlamentario más que se suma a los nueve que tenía en la pasada legislatura. Pero esa «mejoría» es engañosa. El problema no es que se haya dejado por el camino 4.500 votos, algo que podría achacarse a la preocupante caída de la participación, sino que tampoco ha logrado aprovecharse de la debacle de Elkarrekin Podemos. Ese apoyo ha ido a parar a un nacionalismo que arrecia y que amenaza con difuminar también a los socialistas.

Basta con echar una ojeada a la evolución del PSE en los últimos años. En 2009, cuando el terrorismo etarra aún se manifestaba a través de las armas, consiguió los mejores resultados de su historia con 25 parlamentarios. Aupado por PP y UPyD, Patxi López se convirtió en el primer lendakari socialista. Pero algo cambió a raíz de entonces. El propio López se vio obligado a adelantar un año las urnas tras la ruptura de su acuerdo de Gobierno con los populares. En esos comicios, el PSE recibió un severo castigo que le llevó a perder un tercio de sus representantes.

Papel secundario del PSE

Hoy, los socialistas solo mantienen cierta influencia en el País Vasco debido a sus alianzas con el PNV de Iñigo Urkullu, que, salvo sorpresa mayúscula, se apoyará de nuevo en el partido de Idoia Mendia para alcanzar la mayoría absoluta. Pero el papel del PSE en el Ejecutivo ha sido totalmente secundario. En estos años solo ha gestionado tres carteras de poco calado político -Trabajo, Vivienda y Turismo-, y su presencia se ha diluido. «Es el bastoncillo del PNV», declaró durante la campaña una punzante Maddalen Iriarte (EH Bildu).

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