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El misterio sin resolver del agente muerto en Ourense: ¿suicidio o ley del silencio?

El juicio de la operación Zamburiña, un caso de presunta corrupción policial en Ourense, ha sido zanjado por la Audiencia Provincial con una sentencia absolutoria. No hay evidencias contra el exjefe del Grupo de Estupefacientes de Ourense y otros tres agentes de su departamento que demuestren que favorecieran a nueve supuestos narcotraficantes. La anulación de escuchas telefónicas dejó sin pruebas a la fiscalía, que lamentó la "vulneración" del derecho a un proceso con todas las garantías. La sentencia no despeja las dudas que se ciernen sobre la controvertida comisaría ourensana, donde se mantienen vivos otros dos procesos judiciales relacionados, y sobre todo la respuesta a una pregunta: ¿cómo murió el agente Blanco?

El policía Celso Blanco apareció muerto en su despacho de la comisaría de Ourense el 19 de abril de 2016. Tenía una pistola en la mano y todos los indicios —quizá demasiados— apuntaban a que se había quitado la vida, entre ellos un buen número de mensajes autoinculpatorios. Pero ni la propia Policía se pone de acuerdo: Asuntos Internos considera que Blanco se disparó en la sien y la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) sospecha que lo mataron para taparle la boca. La sentencia de la Audiencia es especialmente crítica con las investigaciones llevadas a cabo por Asuntos Internos, por lo que cobra fuerza la tesis de que el malogrado policía, antiguo responsable de comunicación, haya sido víctima de un asesinato adornado con falsas pruebas de suicidio. Los investigados por su muerte son los gemelos Bernardo y Roy D. L., inspectores que trabajaron en la misma comisaría durante casi 20 años.

Foto: La comisaría de Ourense investigada. (Foto: Google Maps)

Una serie de anónimos que llegaron a periodistas de la ciudad, en los que se alertaba del supuesto trato de favor a traficantes, y el robo de armas en la comisaría fueron los detonantes de la Zamburiña, que ahora cae para incrementar las suspicacias sobre lo que ocurría en el cuartel policial. Como trasfondo de las causas abiertas y del presunto asesinato opera una guerra interna en el cuerpo policial propia de una novela negra, profusa en celos profesionales y supuestas venganzas entre compañeros. Los agentes ahora absueltos aseguran haber sido víctimas de una conspiración urdida por los gemelos y fundamentada en la envidia, que habría motivado las escuchas telefónicas que desencadenaron la Zamburiña.

Para los implicados, la operación solo consiguió destapar un rutinario trato de confianza con pequeños traficantes a cabio de información. En la práctica, supuso el descabezamiento de la Brigada de Estupefacientes y el procesamiento del entonces jefe y otros tres agentes antidroga. La Fiscalía pedía 102 años de cárcel para los cuatro policías —todos ellos desvinculados ya de la comisaria de Ourense— y los nueve traficantes a quienes presuntamente protegían, pero la sección segunda de la Audiencia Provincial ha absuelto a los 13 acusados. Los delitos que se juzgaron eran de tráfico de drogas, revelación de secretos, omisión de perseguir delitos, pertenencia a grupo criminal y tenencia ilícita de armas.

Foto: La comisaría de Ourense donde apareció muerto Celso Blanco. (Google Maps)

Para la Audiencia Provincial, la supuesta corrupción policial "descansa en un único hecho demostrado: la sustracción de armas del armero de la comisaría de Policía, cuya autoría ni se especifica en tal momento, ni se ofrece dato alguno que permita establecer una relación con alguna de las personas cuyas comunicaciones han de ser intervenidas". Y añaden los magistrados que los hechos calificados de "anomalías o irregularidades" en un oficio de la Unidad de Asuntos Internos "no permiten en absoluto deducir indicio de corrupción policial mínimamente serio".

La absolución no es una buena noticia para los gemelos, porque formaban parte de un bando enfrentado con los policías absueltos. Es de hecho el hilo del que tira otro juzgado de Ourense, en este caso el número 3 de instrucción, para investigar la muerte de Blanco. Los sospechosos son Roy D. L., en su día jefe del Grupo de Estupefacientes de la comisaría, y su gemelo Bernardo, ahora con incapacidad permanente por problemas psicológicos, pero en su día jefe directo del supuesto suicida. La detención de ambos en 2018 hizo que las miradas de todos se trasladasen de la Zamburiña al presunto homicidio. Según la tesis de la instructora, la desaparición de armas y los anónimos sin pruebas eran presuntamente una treta para desviar la atención, mientras ellos tenían manos libres para otras irregularidades.

Foto: Imagen de la comisaría de As Lagoas (Ourense).

Celso Blanco, un hombre alegre y de buen trato personal, conocido por ser el interlocutor habitual de la comisaría con los periodistas de la ciudad, mantuvo tiempo atrás una cierta relación de amistad con los gemelos. Su suicidio permitía dar por cerrado el caso del robo de las seis pistolas y de los anónimos, cuya responsabilidad se atribuía en una serie de correos electrónicos enviados desde su ordenador a sus compañeros y a medios de comunicación. El tono de los mensajes invitaba a pensar en una despedida.

La instructora del caso del agente Blanco, Eva Armesto, trabaja con la hipótesis de que eran los gemelos, y no los imputados en la Zamburiña, los auténticos responsables de las irregularidades, pero la identificación de los vínculos entre ambos bandos está dificultada por la instrucción de dos sumarios por distintos juzgados. Un análisis realizado por la UDEV sostiene que los hermanos asesinaron presuntamente a Blanco para evitar que les delatara. El propio agente fallecido habría participado, de hecho, en la sustracción de seis pistolas del búnker, en la elaboración de anónimos sobre una supuesta mafia policial y en la utilización de claves de otros agentes para confeccionar presuntas pruebas falsas contra ellos.

Según la UDEV, fue Bernardo quien disparó el arma y Roy era su cómplice. Pero también en esta teoría hay intereses cruzados. De hecho, uno de los agentes ahora absueltos, Antonio R. F., era jefe de la unidad. La Fiscalía no se apunta a esta versión. Para el Ministerio Público no hay indicios de homicidio en la muerte de Blanco, pero sí razones para recurrir la sentencia de la Audiencia, como se ha apresurado a anunciar.

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