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El «Matamendigos» necrófilo que oía voces

Francisco García Escalero, conocido como el «matamendigos» o el «mendigo asesino»+ info
Francisco García Escalero, conocido como el «matamendigos» o el «mendigo asesino» - Juan Carlos Soler

El «matamendigos» Francisco García Escalero alardeaba públicamente de haber matado a tres personas, pero en su siniestro historial se contaron hasta once crímenes cometidos entre 1987 y 1993 y puede que fueran más ya que confesó otros cuatro asesinatos que no pudieron ser comprobados. «Una fuerza interior me empujaba a matar», dijo a los policías cuando fue detenido en 1993 y los restos de sus víctimas salieron a la luz.

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En un pozo de un descampado de la zona norte de Madrid los investigadores encontraron los cadáveres de dos hombres y una mujer y la cabeza de otra cuyo cuerpo, decapitado y calcinado, había sido hallado en el interior de una furgoneta abandonada. «El Barbas», como se le conocía en el mundo de la mendicidad a este vagabundo de 39 años, trababa amistad con las víctimas, la mayor parte de ellos indigentes y marginados sociales, y aprovechaba un descuido de éstas para golpearlas en la cabeza o apuñalarlas por la espalda. Los motivos solían ser banales. «Me desperté junto a él, le miré y le aplasté la cabeza», llegó a decir sobre uno de sus crímenes. Sus impulsos irrefrenables solían coincidir con alguna de sus borracheras -decía que ingería tres litros de alcohol al día- y con el consumo de pastillas de Rohipnol. Después quemaba los cadáveres tras realizar con ellos actos de necrofilia y hasta de canibalismo.

Los psiquiatras diagnosticaron que el «mendigo asesino», uno de los peores criminales en serie de la crónica negra española, padecía esquizofrenia, paradigma de locura, alcoholismo crónico, trastorno de inclinación sexual y necrofilia.

«Este caso es uno de los más pesimistas que existen», aseguró uno de los forenses en el juicio. A pesar de la violencia de sus atroces crímenes, mantenía una enorme frialdad, «como de no haberle importado nada en su momento y ahora tampoco», decían los facultativos. El mismo acusado reconoció que no tenía sentimientos.

«No era como los demás»

Serio, hosco, introvertido y solitario, siempre había huido de las relaciones interpersonales. Según relató a los médicos, ya desde pequeño se había sentido distinto. «No era como los demás, hacía cosas que no estaban bien, no me gustaba estar con la gente, me gustaba ir a sitios solitarios y me pasaba la idea de matarme... De pequeño también me ponía delante de los coches, incluso a los 12 años me atropellaron... Tenía ideas raras desde los 17. Paseaba por las noches con un cuchillo».

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«Me miraba en los espejos como si no fuera yo -aseguró a los forenses-, llegué a pensar que sería un espíritu. Oía voces interiores, me llamaban, me decían que hiciese cosas raras, que tenía que matar, que tenía que ir a los cementerios...»

Sus relaciones con mujeres fueron en actos violentos de agresiones sexuales o con prostitutas a las que les «obligaba a hacer cosas que ellas no querían». Y también mantenía relaciones homosexuales, por las que cobraba. «Me daba lo mismo. Alguna vez lo he hecho con perros», decía.

Casado con la muerte

Siempre se sintió atraído por todo lo relacionado con la muerte. Desenterró cadáveres en el cementerio de La Almudena y se coló en la morgue de un hospital para tocar los cadáveres de varias mujeres. Aseguraba que se sentía más satisfecho tras realizar actos sexuales con una mujer muerta que viva.

Según las conclusiones de los forenses, la historia de este hombre era la de «un doble fracaso. Un fracaso personal de Francisco, un enfermo mental, un loco que padece una enfermedad paradigma de la locura, lo cual lo ha incapacitado para una convivencia en libertad y para desarrollarse de forma armónica consigo mismo y con su entorno». Y en segundo lugar, Escalero era también «un fracaso estrepitoso de la sociedad en general y más en concreto de sus instituciones» porque no habían sabido o no habían podido detectar, prevenir o poner los medios para evitar estos hechos. García Escalero se había presentado en hospitales psiquiátricos asegurando que había matado a varias personas y que quería ser internado, pero no le creyeron.

La Audiencia Provincial de Madrid lo absolvió de los crímenes al aplicar la eximente completa de enajenación mental y ordenó que fuera internado de por vida en un centro psiquiátrico penitenciario. Murió en agosto de 2014 en el centro psiquiátrico penitenciario de Foncalent (Alicante).

Francisco García Escalero
Francisco García Escalero - Juan Carlos Soler

Cruz Morcillo habló con él en 2009. Encontró al «Matamendigos» «amable, huidizo, maltratado, mucho más envejecido» de lo que atestiguaban sus 55 años. El alcohol había agudizado su enfermedad.

«Yo de lo mío no quiero hablar, pero vente un rato conmigo y te cuento», le dijo mientras pasaba su manaza con dulzura por el lomo de un perro labrador. Esa misma manaza que sesgó tantas vidas desgraciadas como la suya. No había vuelto a ser violento.

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