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El Madrid no descarta que lo expulsen de las semifinales de la Champions

El lunes 19 de abril de 2021 no será un día más en la historia del fútbol. El 19 de abril de 2021 va camino de ser el día en el que cambió la historia del deporte más seguido del planeta y el ocio más consumido por la mayoría del mundo. El nacimiento, de manera oficial, de la Superliga es el mayor terremoto sufrido en los 154 años de existencia del fútbol. Doce de los mejores clubes de Europa, liderados por el Real Madrid de Florentino Pérez, han puesto patas arriba una industria que, hasta ayer, estaba encabezada por la UEFA. Hoy, ya no está tan claro que el organismo dirigido por Ceferin vaya a ser el capitán de un trasatlántico que se ha roto en mil pedazos.

El lunes comenzó de madrugada, cuando la Superliga hizo pública de manera oficial su creación con un comunicado que provocó noche en vela en la UEFA, previa a su Comité Ejecutivo. En él, como ya se había filtrado en las últimas semanas, se aprobó la nueva Champions que verá la luz en la temporada 2024-2025. De 32 se pasa a 36 equipos y a una primera fase basada en el sistema suizo. Todos contra todos, pero de manera virtual. Realmente solo habrá diez partidos en la primera fase contra rivales de distinto coeficiente. Las posiciones en las ligas nacionales así como las actuaciones en las Champions precedentes serán los dos filtros para configurar cuáles serán esta decena de enfrentamientos. Para octavos se clasificarían de manera directa los ocho primeros. Los otros ocho integrantes de octavos saldrían de una eliminatoria de dieciseisavos, que mediría a los equipos clasificados entre el noveno y el decimosexto lugar contra los situados entre decimoséptimo y el vigesimocuarto puesto. El resto de la competición tendría un formato similar al de ahora. El ganador, pasaría de jugar en total 13 partidos a 17, y ganaría alrededor de 150 millones, unos 30-35 más que ahora mismo.

La Superliga, de 15 equipos fijos y 5 que accederán mediante invitación o méritos deportivos, haría que el campeón jugara 23 encuentros e ingresara 400 millones de euros, es decir, casi cuatro veces más que con la nueva Champions. Serían diez partidos por jornada, repartidos en martes, miércoles y jueves, durante 18 semanas entre agosto y enero. Los tres primeros clasificados de cada grupo se meterían directamente en cuartos de final. Los otros dos clubes que jugarían la ronda de cuartos saldrían de un playoff a doble partido que mediría a los cuartos y quintos clasificados de cada grupo, a disputarse en febrero. El resto de la competición no presenta modificaciones a lo actual. Cuartos y semifinales serían a ida y vuelta, y la final a un partido en campo neutral.

Amenazas

Como sucede tras cada Comité Ejecutivo, llegó el turno de Ceferin, pero su tono y sus palabras fueron totalmente distintas a lo habitual. Lo que siempre había sido un mensaje de unión y trabajo en equipo del fútbol europeo, se convirtió en una grave amenaza: «Los clubes de la Superliga serán expulsados de las competiciones europeas lo antes posible. Y sus jugadores no podrán disputar competiciones internacionales con sus selecciones. No dejaremos que pase este escupitajo en la cara», aseguró el presidente. De hecho, según varias informaciones procedentes de Italia, el departamento legal de la UEFA estaba estudiando desde ayer tarde el modo legal para echar de la actual Champions al Real Madrid, al City y al Chelsea, tres de los cuatro semifinalistas, todos ellos miembros fundadores de la Superliga.

En el club blanco, preguntados por ABC a este respecto, no descartan que la amenaza se convierta en realidad, pero lo veían más como una rabieta que como una solución. Si la UEFA se fulmina las semifinales de la Champions —y también de la Europa League donde están Arsenal y United, otros dos clubes adheridos a la Superliga— uno de los mayores perjudicados sería la propia UEFA, que perdería muchísimo dinero ya firmado en cuanto a derechos televisivos, market-pool y patrocinios. E ‘inventarse’ unas semifinales nuevas con equipos ya eliminados es justo lo contrario de lo que pregona la UEFA en sus competiciones, basadas en méritos deportivos. Los próximos días, e incluso horas, serán decisivas para saber si hay alguna medida.

El rechazo y el gigante enfado de la UEFA a esta Superliga fue secundado en el día de ayer por una amalgama de individuos y entidades del mundo del fútbol, pero también de otros sectores. Jugadores y exjugadores como Ánder Herrera, Ozil o Luis Figo, mitos como Ferguson, clubes de la entidad del Bayern o el Borussia Dortmund, asociaciones como ‘Football Supporters’, dirigentes políticos como Boris Johnson o el ministro de Cultura y Deportes de España, Rodríguez Uribes, o estrellas de la música como Liam Gallagher. Y, cómo no, la Liga.

«Secesionista y elitista»

Antes de mediodía, la Patronal dirigida por Javier Tebas hizo público un nuevo comunicado en el que calificaba a la Superliga de competición secesionista y elitista, e iba más allá: «La nueva propuesta de competición europea no es más que un planteamiento egoísta, diseñado para enriquecer aún más a los más ricos. Socavará el atractivo de todo el juego y tendrá un impacto profundamente perjudicial para el futuro inmediato de LaLiga, de los clubes que la componen y de todo el ecosistema futbolístico».

Un ecosistema que, en estos momentos, ha entrado en una espiral bélica de la que sabemos sus contendientes pero no el número de heridos y muertos. El fútbol, como lo conocíamos hasta hoy, está muy cerca de ser sepultado. La Superliga es una bomba de la que solo hemos conocido una pequeña parte de su onda expansiva.

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