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El Madrid despoblado se multiplica para hacer frente al coronavirus

La orden, como en toda España, era parar y quedarse en casa; pero en su caso nunca llegaron tan lejos. La Sierra Norte de Madrid, ejemplo de la despoblación en la región, ha hecho de sus debilidades una fortaleza y ha multiplicado sus recursos para hacer frente al coronavirus en un frente común. Los 42 ayuntamientos y las cinco mancomunidades de la comarca, junto a cientos de vecinos y comerciantes, han creado una plataforma de voluntarios para fabricar contra reloj batas, mascarillas o viseras de protección para abastecer a las residencias de mayores y centros sanitarios de la zona. Apenas una semana de trabajo ha desbordado cualquier expectativa y la ayuda ha llegado incluso al Hospital de Segovia. «Aquí no hay fronteras», advierten.

Problemas como el envejecimiento de la población, la dispersión o la distancia con los centros médicos, crónicos en la mayoría de estos municipios, se hacen más evidentes durante la crisis actual. Las dificultades derivadas del aislamiento, sin embargo, son relativas en localidades donde no se llega al centenar de vecinos. La vida sigue prácticamente igual en calles donde el invierno dura siete u ocho meses, casi ajenas al parón del estado de alarma. La combinación de estas circunstancias, precisamente, es lo que motivó el impulso de esta iniciativa, según explican por teléfono sus ideólogos.

«Empezamos de repente, vimos que había desabastecimiento y que se había hecho en otras comunidades autónomas y que era posible», explica a ABC Eva Gallego, presidenta del Grupo de Acción Local de la Sierra Norte de Madrid (Galsinma) y alcaldesa de Madarcos, el pueblo con menos habitantes de la región: 48. Lo que empezó como un gesto altruista, casi aislado, prácticamente se ha profesionalizado hasta unas cotas inimaginables.

Con cerca de trescientos voluntarios aportando su granito de arena, ya se han fabricado cerca de 1.600 mascarillas, cientos de viseras y batas, trajes a base de bolsas de basura... Solo el pasado miércoles, según explican desde la plataforma, se entregaron 800 máscaras, 193 batines y 70 pantallas en 3D entre las 22 residencias y cinco centros de salud de la Sierra Norte, así como en cuarteles de la Guardia Civil y la Policía. «Aquí empezó una vecina haciendo una bata y unas pantuflas y ahora es impresionante, estamos muy orgullosos», relata Jaime Sanz, regidor de El Berrueco (760 habitantes).

Un transportista de Buitrago entrega el material en una residencia
Un transportista de Buitrago entrega el material en una residencia - ABC

La respuesta a la iniciativa de Galsinma ha sido total. A la unión de los 42 ayuntamientos, con independiencia del signo político, se suma la del Comisionado de la Comunidad de Madrid para la Revitalización de los Municipios Rurales o de la Federación de Municipios de Madrid, que ha cedido un coche para la logística. También el servicio de transporte bajo demanda, habilitado por la Mancomunidad Valle Norte del Lozoya, se ha aprovechado para aliviar el déficit de material. «Hay mucho trabajo, empezamos a las ocho de la mañana y acabamos a las doce de la noche», relata Gallego. El salón de plenos de La Cabrera (2.667), por ejemplo, se ha convertido en un improvisado taller de costura.

Los Gobiernos locales, además, han previsto iniciativas para llevar la compra a domicilio o conversaciones para hacer más llevadera la soledad. «Nosotros hicimos una labor de buzoneo con los números de contacto de cada cosa para que a nadie la falte de nada», detalla a este diario María Cano, alcaldesa de Robregordo (58). Cruz Roja o Cáritas, por su parte, se ocupan de cubrir la prestación de otros servicios a las personas más vulnerables.

Contagios sin cifrar

Cada pueblo tiene su realidad y sus particulares anticuerpos contra el Covid-19. Los más grandes gozan de más recursos, como Buitrago del Lozoya (1.884), que centraliza parte de la asistencia médica; mientras que los más pequeños hacen de su tranquilidad y soledad el antídoto contra los problemas. «Nosotros el aislamiento lo tenemos de forma natural, nos ayuda mucho psicológicamente», apunta la presidenta de Galsinma, en una opinión compartida por la regidora de Robregordo: «Estamos tranquilos, con preocupación, pero sin miedo».

Más allá del desabastecimiento, el impacto del virus en esta zona serrana es difícil de calibrar. Municipios que rozan el millar de habitantes contabilizan 20 o 30 infectados, especialmente por las residencias, pero los más pequeños apenas han tenido incidencia. En cualquier caso, todo balance es a ciegas porque tampoco disponen de test: «Hemos tenido un muerto, pero no sabemos al cien por cien que se trate de coronavirus porque no se han hecho pruebas», añade Sanz.

Si bien el crecimiento de medios y material ha sido exponencial en los últimos días, de unas pocas de máquinas de coser a catorce impresoras en tres dimensiones, la alcaldesa de Madarcos insiste en que no es suficiente: «Necesitamos voluntarios, telas, hilo... todo lo que se pueda». Cada detalle cuenta y cada recurso suma.

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