Un año después de la polémica que levantaron los partidos de derecha y ultraderecha contra las manifestaciones del 8 de marzo celebradas pocos días antes de que se decretara el estado de alarma sanitario, el feminismo vuelve a estar en el punto de mira. Los mismos partido que han permanecido en silencio mientras se celebraban otras concentraciones y manifestaciones como las que protestaban contra la ley Celaá o las concentraciones en contra de las medidas del Gobierno para frenar la pandemia (en ocasiones sin respetar la mínimas medidas de prevención frente a la covid-19), ponen una vez más el grito en el cielo cuando de lo que se tata es de salir a la calle para defender los derechos de las mujeres.

A las críticas de la derecha se han sumado además los mensajes de alerta de algunos miembros del Ejecutivo. El rotundo y sonado ‘no ha lugar’ de la ministra de Sanidad, Carolina Darias, al ser preguntada sobre la conveniencia de celebrar estas concentraciones, contrasta con las matizaciones del epidemiólogo Fernando Simón, quien señaló que "no es lo mismo estar debajo de un paso (de Semana Santa) de 2.000 kilos, transportado por muchas personas, que estar en una manifestación de 500 personas donde se puede esparcir la gente".

Representantes políticos y analistas de todo signo llevan días intercambiando argumentos a favor y en contra de unas concentraciones que las organizaciones feministas consideran clave para seguir avanzando materia de igualdad y contra las violencias hacia las mujeres, pero poniendo en el centro del debate las limitaciones de reunión en el contesto actual de pandemia, en lugar de las causas que llevan a cientos de miles de mujeres a manifestarse cada año. Desde las organizaciones feministas, sin embargo, tienen claro que sigue siendo clave "ocupar el espacio público" y "salir a la calle" sobre todo después de que la pandemia mostrara y ahondara en "las brechas y la desigualdades", en especial en lo relativo a los cuidados y las violencias hacia las mujeres, dos de los temas clave en las reivindicaciones de este año. 

La delegada del Gobierno contra la violencia de género, Victoria Rosell, recordaba recientemente en una entrevista que el Tribunal Constitucional ya argumentó en una sentencia que "la vía pública es un espacio de participación política, no de orden y de circulación de coches. Los derechos, en este país, se han ganado ahí también".

La larga retahíla de réplicas y contraréplicas en torno a si deben o no celebrarse las concentraciones convocadas por diversos colectivos feministas en toda España ha alcanzado una vez más un punto culminante con las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, quien ha declarado que la celebración del año pasado "dejó de ser el Día de la Mujer para presenciar lo que se convirtió en el día de la mujer contagiada". Unas palabras que, según Rosell, "desacreditan a quienes las pronuncian". En su opinión, se trata de "un ataque real al 8M" por parte de quienes "intentarían boicotearlo con pandemia y sin pandemia".

"Salir a la calle no es negociable"

Aunque este 8 de marzo no se repitan las multitudinarias manifestaciones de estos últimos años, sí habrá concentraciones a lo largo y ancho del país. "Salir a la calle no es negociable", han afirmado estos días desde la Comisión del 8M. Las organizaciones feministas apuestan este año por movilizaciones descentralizadas y con aforos limitados, consensuadas con las delegaciones del Gobierno y con las recomendaciones sanitarias para garantizar que los eventos sean seguros en el contexto actual de pandemia . Por ello se van a potenciar las movilizaciones en barrios y pueblos, las concentraciones limitadas y las acciones que se puedan desatollar desde los balcones y los espacios privados.

Tampoco será una convocatoria unitaria. La celebración feminista de este año llega además marcada por un clima de clara disensión social y política en torno a la legislación de algunos temas esenciales en materia de igualdad. Desde la llamada ley del 'solo sí es sí' hasta la denominada 'ley trans', pasando por la Ley de Igualdad de Trato o la Ley LGTBI, la agenda legislativa ha estado marcada en el último año por intensos debates que han hecho aflorar sensibilidades y aproximaciones jurídicas muy diferentes no solo entre los partidos progresistas y los conservadores, sino también dentro de los socios de Gobierno.

Entre las principales discordancias a lo largo de las últimas semanas estuvo protagonizada por la voluntad de la ministra Irene Montero de que el Consejo de Ministros aprobara antes del 8M el anteproyecto de Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans, una iniciativa que sus socios de Gobierno del PSOE frenaron desde Moncloa, aduciendo que los textos no eran una propuesta del Gobierno, sino un borrador de Igualdad y que debían aún incorporar aportaciones de distintos ministerios. 

Las disensiones en el propio movimiento feminista han llevado a que diversos colectivos llamen reivindicar por separado este 8 de marzo. En Madrid, por ejemplo, la Comisión 8M formada por plataformas y personas a título individual que lleva liderando las marchas durante las últimas décadas, ha convocado cuatro concentraciones con un aforo máximo de 500 personas en distintas plazas de la capital para el lunes 8 de marzo. Bajo el lema común "ante la emergencia social, el feminismo es esencial", cada una de las citas tendrán una reivindicación específica: los cuidados, los servicios públicos y la precariedad; la violencia machista; el antirracismo y la diversidad y la emergencia climática.

Por su parte, el 8M Movimiento Feminista de Madrid, formado por más de 350 organizaciones feministas de la sociedad civil, han convocado diversos eventos a lo largo de esta semana, que culminarán en una concentración en la céntrica Plaza de Callao con un aforo controlado de 250 personas previamente inscritas. Con el lema 'Mujeres feministas en lucha por la igualdad entre sexos', se movilizarán contra los últimos borradores de leyes del promovidos desde el Ministerio de Igualdad que "anulan la categoría protegida del sexo y vulneran la protección de las mujeres", la necesidad de implantar planes de educación afectivo sexual y coeducación, que se aplique el pacto de Estado contra la violencia de género para atajar la violencia hacia las mujeres o que se tomen medidas para prohibir la explotación sexual de las mujeres. 

Desde las distintas plataformas rebajan el nivel de enfrentamiento y afirman que, independientemente de se convoque actos por separados, lo importante es salir a la calle y avanzar en derechos. "La clave es mostrar que el movimiento tiene músculo", afirman desde 8M Movimiento Feminista de Madrid. 

La batalla, afirman unas y otras es avanzar en los derechos, muchos de los cuales han retrocedido durante los meses de pandemia y contrarrestar las voces de la ultraderecha cuyo objetivo principal tiene como diana los derechos de las mujeres y de la población LGTB.