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El diario de una niña en el Holocausto: "La venganza es dulce, pero no debería ser sangrienta"

"Recuerda este día, recuérdalo bien. Se lo contarás a las generaciones que están por venir. Desde las ocho de hoy estamos encerrados en el gueto. Ahora vivo aquí. El mundo está aislado de mí y yo estoy aislada del mundo". Estas palabras, fechadas el miércoles 15 de julio de 1942, son de Renia Spielger. Sus inquietos 18 años no le impidieron aislarse de lo que se le venía encima. Irremediablemente, lo que estaba viviendo marcaría la historia para siempre.

Renia residía en Przemysl, una pequeña ciudad al sudeste de Polonia, bajo el control nazi desde 1941. Comenzó a escribir su diario el 31 de enero de 1939, con 14 años, porque quería contar con "alguien con quien hablar de las alegrías y las preocupaciones" y que "nunca jamás se los revelara a nadie". No se cumplió ese deseo. Tampoco el de vivir, crecer, amar y ser poeta. Fue fusilada por los nazis. Su hermana, superviviente octogenaria, ha publicado este diario para que "su recuerdo no se pierda en la historia".

Esas hojas, hoy amarillentas, recogen su grito ahogado ante una realidad que se desmoronaba ante sus pies. Son palabras de impotencia e incomprensión ante la barbarie nazi, que se abrieron paso entre las inquietudes típicas de su edad sobre sus clases y sus amistades. Sus candiles pensamientos sobre sus compañeras de clase o sobre la satisfacción que le invadió lograr su primera voltereta en clase de gimnasia se van evaporando. El horror reclamó protagonismo. Como ocurre con El diario de Ana Frank, El diario de Renia Spielger (Plaza y Janés) alterna la narración de las más miserable de las acciones humanas con ingenuidades de una joven que dejó de ser niña a la fuerza, pero no dejó de querer vivir ni de recordar a los suyos.

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"Ayer vi cómo pegaban a unos judíos. Un ucraniano monstruoso con uniforme alemán golpeaba a todo el que veía. Los golpeaba y los pateaba y nosotros estábamos allí indefensos, débiles, impotentes...Tuvimos que soportarlo todo en silencio. En ese momento, mi único consuelo era pensar en mi venganza, oh, sí, la venganza es dulce, pero no debería ser sangrienta. Y quiero vivir hasta el día en el que pueda mantener mi cabeza bien alta ¡cuando sea una persona igual que el resto en un país libre y democrático!" (28 julio de 1941).

Su madre y su hermana quedaron en otra parte de la ciudad, su padre desapareció y ella se escondió junto a los padres de su novio en una buhardilla. "Y yo estoy aquí sola, sin mamá ni papá, sin hogar, mientras se meten conmigo y se ríen de mí. Ay, Dios, ¿por qué tengo que pasar por un cumpleaños tan horrible? ¿No sería mejor la muerte? Desde esta perspectiva que me dan mis dieciséis años me pregunto si llegaré al final", escribe.

Su testimonio asola, conmueve y advierte: "¡A veces me siento tan mal, tan vacía, que es como si mi vida casi se hubiese terminado. No soy capaz de ver lo que tengo delante. No hay nada, sólo lucha y sufrimiento, y todo terminará en una derrota".

El 7 de junio de 1942 escribe: "Dondequiera que mire, hay derramamiento de sangre. Horribles matanzas. Hay muertes, asesinatos. Dios Todopoderoso, por enésima vez me humillo delante de ti, ¡ayúdanos, sálvanos! Señor Dios, déjanos vivir, te lo ruego, ¡quiero vivir!"

Un chivatazo y la muerte

"Mi querido diario, mi buen y allegado amigo. Hemos vivido terribles experiencias juntos y ahora ha llegado la peor de todas. Creo que ahora sí que tengo miedo", fue su última entrada en el diario. Un chivatazo le despojó de su guarida. La ejecutaron en plena calle. Tenía solo 18 años.

Su novio Zygmunt encontró ese cuaderno y le puso fin, con una palabras tan tiernas como hirientes: "Mi querida Renusia, el último capítulo de tu diario está terminado". Zygmunt guardó este diario como su mayor tesoro. Fue deportado a Auschwitz, sobrevivió al campo de exterminio y se convirtió en médico del ejército de Estados Unidos. En 1950, logró encontrar a la hermana de Renia, Elizabeth, y a su madre, Róza, en Nueva York. Les entregó el diario.

Para Elizabeth y Róza, las páginas de este diario eran demasiado dolorosas. Así que lo guardaron en una caja fuerte de un banco en Nueva York. Ahora, 70 años después, Elizabeth, impulsada por su hija, ha conseguido la fuerza suficiente para sacar a la luz las palabras de su hermana. Ese diario es lo único que le queda de ella. "A día de hoy, solo he podido leer algunas partes, y me han hecho romper a llorar o sentir ganas de vomitar", reconoce. "Sin embargo, sé que estas páginas son importantes, así que las voy a compartir con vosotros".

Este testimonio inédito está precedido por las palabras de la historiadora estadounidense Deborah Lipstadt, que habla así de Renia: "Una joven llena de amor por la vida y que poseía la habilidad de describir la belleza del mundo que la rodeaba, se le negó con una bala lo que tanto quería: un futuro. De no ser por este diario, habría terminado, junto a otros millones de personas, en el cruel olvido que la mayoría de las víctimas del Holocausto tuvieron como destino".

Renia Spiegel. El diario de Renia Spiegel. Plaza & Janés, 2019. ISBN: 9788401023903. Precio: 9 euros.

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