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El confinamiento de Julia Navarro

¡Si no fuera por los libros! No, no es fácil, al menos para mí, no poder salir de casa. De repente siento que las horas se alargan, que los días no se terminan. Menos mal que cuento con los libros. Libros que me acompañan desde que era niña, libros que he ido comprando o me han regalado a lo largo de mi vida, libros que tengo pendientes de leer, libros que ya he leído... Y la música, claro.

Confieso que no estoy al día de las series de moda. Pero empecemos con los libros. Acabo de leer Juego de espera, editada por Reino de Redonda; una novela firmada por Michael Powell, la única que escribió este cineasta genial. Además, entre mis lecturas recientes está la Poesía completa de Alejandra Pizarnik. En realidad, tengo este poemario sobre la mesa de trabajo, porque la poesía de Pizarnik hay que desbrozarla lentamente. Los secretos que guardamos,de Lara Prescott, es una novela muy entretenida sobre como Boris Pasternak pudo hacer llegar a Occidente el manuscrito de Doctor Zhivago.

Novedades y clásicos

Estremecedor es el relato de Lidia Chukóskaia en Crónica de un silencio. Esta gran escritora nacida en San Petesburgo vuelca en este libro el sufrimiento por el silencio impuesto por el estalinismo a novelistas, poetas, filósofos... en fin, a todo aquel que tuviera un pensamiento propio.

Marceline Loridan-Ivens nos conmueve con un relato de apenas noventa páginas, Y tú no regresaste, narrando sus propias vivencias en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Y ahora mismo tengo entre las manos Años de Hotel, de Joseph Roth, un retrato extraordinario de la Europa de los años 20. Me esperan El camino de la vida, de Lev Tolstoi, que se acaba de editar en español, Consuelo de la filosofía, de Boecio, y Lou Andrea Salomé. Una mujer libre, de Isabel Mons.

También es un buen momento para releer a los clásicos, en los estantes de la biblioteca me esperan Quevedo, Calderón, Jorge Manrique... Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz... Unamuno, Baroja, Lorca... y en mi mesa de trabajo un ejemplar de El Quijote me acompaña siempre.

Mozart. Escribo y leo en compañía de Mozart. El Ave Vereum Hábeas, la Sonata para piano en La Mayor, el Concierto para piano nº 21... Da igual, Mozart siempre está conmigo.

Melodias de siempre

También soy un poco obsesiva con la Romanza del Concertino para guitarra y orquesta de Bacarisse. Soy capaz de escucharlo diez veces seguidas.

De Schubert me gusta su Fantasía para piano a cuatro manos y de Brahms la Danza hungara, además de Vivaldi también y naturalmente las Sinfonías de Beethoven.

Me gusta la ópera: Don Giovanni, La Traviata, Carmen...

Y hay tres discos que siempre tengo a mano: Viaje a Ítaca, de Luis Llach, Songs from the road, de Leonard Cohen, y Ozoitzex, de Paco Ibáñez e Imanol.

Y si me animo a sentarme delante de la tele es para ver alguna «vieja» película. No sé cuantas veces he visto Casablancao Lo que el viento se llevó, Espartaco, El tercer hombre...

Así paso está «cuarentena» con la compañía de libros, música y viejas películas.... La mejor de las compañías, ¿o no?

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