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El club del dolor

Una evocación de Ignacio Villa, alias Bola de Nieve (1911-1971), aquel risueño entretenedor cubano que manejaba un repertorio internacional, aunque se especializó en el bolero filin y las canciones afro de los hermanos Grenet, a veces hechas a partir de poemas de Nicolás Guillén. Bola solía grabar con orquestas pero en pequeños locales ejercía de piano man. Eso explica que Martirio y Chano Domínguez hayan elegido ese formato escueto: piano más voz. Esto es material intenso, digno de ser vendido exclusivamente en farmacias. Bola tendía a lo desolador, con una abrumadora presencia de crónicas de renuncia y ruptura, así que se agradece que Martirio incluya un himno optimista como ‘La vie en rose’, o que Chano deje salir ocasionalmente al jazzman que lleva adentro. El secreto de Bola, decía Cristóbal Díaz Ayala, estaba en el diálogo entre voz y piano: aquí se entienden y se respetan.

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