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El clásico de los entrenadores: Zidane contra Koeman, de la volea de Glasgow al gol de Wembley, dos iconos frente a frente

El técnico francés nunca perdió en el Camp Nou y el holandés, como entrenador, ganó su único duelo contra los blancos.

Zinedine Zidane, en su primera visita al Camp Nou, en 2016.
Zinedine Zidane, en su primera visita al Camp Nou, en 2016. EFE

Los dos dieron una Copa de Europa a sus clubes con goles inolvidables. La volea de Glasgow y el zambombazo de Wembley, Zidane y Koeman, dos iconos de Real Madrid y Barcelona que se cruzarán este sábado en los banquillos del Camp Nou. El primero, con mucha gloria a la espalda; el segundo, con todo por escribir vestido de chaqueta. Ambos, a su manera, se juegan bastante en el primer duelo que les enfrenta como entrenadores. De corto, nunca se vieron, pertenecientes a dos generaciones cercanas pero distintas. El holandés se retiró (1997) cuando el francés estaba a punto de convertirse en el rey del fútbol mundial. Curiosamente, el defensa marcó más goles con el Barça (83 en 254 partidos) que ZZ con el Madrid (49 en 227). La ventaja del rubio central: que tiraba los penaltis. Puede decir también que su único encuentro ante los blancos como técnico (del Valencia) acabó en triunfo en el Bernabéu (2-3, en 2008).

No encuentra el clásico liguero normalidad en el Camp Nou. Por segunda temporada, la cita entrará en los libros ya antes de que el árbitro pite el comienzo del partido. Si el año pasado, la violencia de las protestas independentistas obligó a retrasarlo dos meses, ahora es el maldito virus el que lo sacude al dejarlo por primera vez en la historia sin público en las gradas.

Extraordinaria circunstancia que será una ruina económica para el anfitrión y que está por ver su impacto sobre el juego. No es difícil imaginar que, a priori, la tarde se presenta más cómoda para el Real Madrid ante el silencio del estadio que más le aprieta durante 90 minutos. No hace falta que esté Luis Figo vestido de blanco sobre el césped para que la carga ambiental contra el gran enemigo sea muy potente, azuzada en los últimos años por el condimento político.

Pero lo cierto es que con el Madrid nunca se sabe, capaz en los últimos años de dar buena imagen -casi siempre- en la casa de su máximo rival, mientras que le cuesta un mundo derrotarle en la suya propia. Sí lo hizo el pasado 1 de marzo, con Vinicius abriendo aquella noche prepandémica del Bernabéu. El equipo de Zinedine Zidane desconcierta ahora, minimizado como local en Valdebebas ante dos rivales que no parecían, sobre el papel, el Bayern de Múnich. Esos dos manchones recientes (Cádiz y Shakhtar) marcan su visita esta tarde al Camp Nou, a la espera de ver si sabrá despertar como hizo otras veces, bajo presión y en día de etiqueta, o si seguirá ensanchando el tamaño de su incipiente crisis.

Con Ramos

El entrenador francés confirmó ayer que Sergio Ramos podrá jugar tras perderse el encuentro de Champions. Su participación alivia a una defensa que parece de plastelina cuando él falta. Estuvo, es verdad, en la primera parte ante el Cádiz, cuando los andaluces sacudieron a su antojo al Madrid, pero nadie discute que la presencia del capitán cambia por completo la imagen del equipo blanco. Urge al campeón de Liga recuperar la solidez perdida, tanto de la zaga como del centro del campo, donde seguramente esté la clave del choque. Zidane podría intentar ganar por mayoría en la medular, si acompaña a su trío clásico (Casemiro-Kroos-Modric) con Valverde o incluso con una pieza extra.

En función de eso, Benzema estaría más o menos acompañado arriba para intentar abrir las puertas de un rival que tampoco comparece con los violines muy afinados. La goleada al Ferencvaros es mejor cartel que los sofocos del Madrid ante el Shakhtar, pero el propio Ronald Koeman reconoce que aún le queda mucha plancha en un equipo en obras, que desea tanto el despertar de Leo Messi como la progresión de Ansu Fati. Su duda será Griezmann, amenazado de banquillo en el gran duelo de la Liga.

«Va a ser un buen partido a pesar de la situación y el campo vacío que vamos a encontrar. Es un día para reivindicarnos», dice Zidane, imbatido en sus viajes al Camp Nou desde que llegó al banquillo blanco, en enero de 2016. De hecho, desde entonces, la peor tarde madridista allí fue sin él, justo ahora hace dos años en la tarde que supuso el fin de Julen Lopetegui (5-1). «En estos partidos que te apoye tu público es importante porque es casi un jugador más», lamentó ayer Koeman, temeroso siempre, como buen veterano azulgrana, de su adversario de hoy: «Los jugadores tienen experiencia al alto nivel. No espero un Madrid vulnerable, al contrario». En su último clásico como futbolista del Barça, en mayo de 1995, ganó 1-0 con gol de Nadal, el tío del tenista. Fue la suave revancha al 5-0 de la primera vuelta en el Bernabéu.

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