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«El cierre se tenía que haber hecho antes»

Incertidumbre ante lo que es una actividad esencial o no. Resignación al cerrar sus empresas sin margen para amortiguar un golpe que, por otro lado, muchos venían venir. Sensación de que la vuelta de tuerca al confinamiento decretado por el Gobierno ante el avance del Covid-19 llega tarde. Temor por lo que venga en el futuro una vez que la crisis sanitaria sea controlada y dé paso a un agujero económico del que no todo el mundo va a poder salir indemne. Esta es la valoración generalizada de los trabajadores que el viernes (o el sábado) se fueron a sus casas tras cumplir su jornada laboral habitual con la esperanza de no ser una fuente de contagio a sus familias y que, de pronto, se ven hoy ante un lunes al sol. Aunque no haga precisamente buen tiempo.

Tal como sucedió dos semanas antes, cuando el Gobierno decretó el Estado de Alarma durante un fin de semana, el sábado y el domingo implicaron un enorme trasiego de llamadas y mensajes telefónicos entre gerentes, asesores, trabajadores, enlaces y representantes sindicales, para tratar de comprender el significado del giro de tuerca que el Gobierno ha aplicado al confinamiento de la ciudadanía, con la esperanza de frenar la expansión del coronavirus. «¿Bastarán dos semanas?», se pregunta con escasa convicción Jokin, nombre ficticio de un trabajador de una empresa de electricidad en la comarca de Bidasoa.

En general, detener toda la actividad de una compañía con varios trabajadores, «supone un gran inconveniente para muchas empresas, algo que, como trabajador, puedo comprender», avanza V.Z., comercial de una firma de herramienta manual. Sin embargo, este donostiarra también «entiende» la paralización de la actividad económica con el propósito de frenar una pandemia que «se nos ha ido de las manos. Y no me refiero a Euskadi, pese al importante foco de Vitoria, sino especialmente Madrid, donde la situación es realmente preocupante y da la sensación de estar descontrolada».

Quien más, quien menos, ya había tenido que aplicar en sus puestos de trabajo las medidas de seguridad para evitar el contagio del coronavirus. Eusebio Carrasco se encontraba trabajando en las obras del Metro de Donostia pero su empresa, Altuna y Uria, lo trasladó a otra obra de Azpeitia, donde reside, para evitarle al menos el traslado por carretera. En su caso, sabía que hoy no trabajaría porque «el viernes me llamó el médico para otra cosa y al notarme con catarro me dio la baja de cuarentena por precaución». Se le nota molesto al otro lado del teléfono porque «este cierre debía haber llegado antes del puente del día 19. Durante este tiempo, por mucho que trates de trabajar con mascarilla o mantener el metro de distancia con el compañero, es complicado no exponerte a un contagio. Y te pones en riesgo tú y tu familia». Su pareja se halla en Boston por motivos laborales, sin poder regresar, por lo que ahora vive solo con su madre, de 73 años, que «es clara población de riesgo».

El miedo al contagio es general, pero «lo que importa es el dinero», se queja el irundarra Jokin, cuya empresa de electricidad firmó la pasada semana un ERTE que «ahora no sabemos si se podrá suspender, si la empresa nos seguirá pagando o nos mandará al paro», misma situación que vive la Antxon E. en su empresa en Buruntzaldea. En su opinión, «ni los asesores ni el propio Gobierno tienen claro cómo se puede resolver esta crisis, que será larga».

Una grieta en las medidas

Otro trabajador, que también opta por el anonimato por razones obvias, asegura que hoy irá a trabajar a una empresa de construcción de Debabarrena, porque así lo han decidido sus superiores, que se han acogido a la cláusula sexta de las medidas adoptadas por el Gobierno, en la que se recoge que «en caso de ser necesario», podrán «mantener la actividad indispensable» siempre que establezcan «el número mínimo de plantilla o los turnos de trabajo estrictamente imprescindibles». Una grieta en la normativa que no gusta al trabajador.

V.Z. es uno de los pocos eslabones de su compañía de herramienta manual que podría seguir fichando hoy, dado que es comercial y ejercía vía teletrabajo. Sin embargo, no lo hará. Estará operativo para atender a los clientes con los que tienen concertados pedidos, algunos ya en camino a distintos países, pero «por respeto también a los compañeros que están en el taller, nuestro jefe hoy (por ayer) ya ha ido a cerrar la empresa y poner las alarmas, porque no es lo mismo cerrar para un fin de semana que para quince días».

Este hecho es motivo de más de una queja ante lo que consideran «falta de previsión» del Gobierno. «No se puede parar una actividad de un día para otro», señala Igor San José, representante de ELA. Sin embargo, considera que el cierre «lo veíamos exigiendo» ante «el riesgo» al que se expone el trabajador. La semana pasada «para ir a ver una obra en Donostia, debí pasar dos controles policiales, que está muy bien. Sin embargo, habría que controlar más cómo se viene trabajando. Cuando llegué a la obra, no se cumplían muchas medidas de seguridad». Por ello, se cuestiona si «¿de verdad no se puede parar la obra en un hotel?».

Las horas a recuperar

«Nos lo tendrán que aclarar». Es una frase que oímos a más de uno ayer durante la elaboración del reportaje. Las dudas se amontonan entre los trabajadores. Como la manera en la que recuperarán las horas retribuidas de estas dos próximas semanas, «si no son más, porque quince días no serán suficientes», coinciden casi todos.

El plazo para ello acabará el 31 de diciembre, y Eusebio Carrasco no ve mucho margen para devolver a la empresa este tiempo que les será abonado más allá de «lo que llamamos jornada abusiva (más de nueve horas al día) o descontándonos de las vacaciones». En la compañía de V.Z., podrían estirar la jornada de los viernes, de seis horas y media, «trabajar sábados o alguna semana de agosto, cuando cierra la empresa», lo cual no sería del agrado colectivo. Pero el donostiarra aporta un matiz: «Damos por hecho que cuando este caos pase, las empresas tendrán tarea para hacer. Pero a lo mejor no es así».

Su teoría coincide con la de Jokin: «Si muchas empresas están cerradas, mucha gente no cobra, por tanto no consumirá. Y si no consume, tampoco habrá demanda de producción salvo cuando sea imprescindible. ¿Y se mantendrán los pedidos hechos ahora? Nos viene una crisis gorda».

La cuerda floja del autónomo

Esto mismo teme Maika García al bajar la persiana de la carpintería de aluminio que regenta, junto a su hermano, en el polígono 27 de Donostia. Han suspendido los trabajos que venían desarrollando en fachadas, pero «debemos seguir pagando la cuota de autónomos, la seguridad social y el salario del trabajador que tenemos contratado, la luz, el agua... Si no trabajas, no entra dinero y entonces, ¿cómo pagas?», reflexiona, según informa Elena Viñas. Teme que a su Carpintería J. García se le acumulen las deudas y quiebre. «Si no nos dejan trabajar, que nos den al menos alguna ayuda, como reducirnos el gasto de seguridad social en un 50%, que es el tiempo que nos paralizan, medio mes». Pasado este plazo, «nadie nos asegura que los clientes cuyos trabajos tenemos en marcha, luego no se van a echar atrás porque igual tampoco pueden pagarlos».

Con 25 años de experiencia como fisioterapeuta, los últimos 18 como autónomo en su consulta en el barrio donostiarra de Loiola, Txomin Jiménez ve con «inquietud» la situación de su colectivo. Al pertenecer al sector sanitario privado, es uno de los que salvó la criba del estado de alarma. Sin embargo, «nos movilizamos junto a otros nueve o diez colegios como nutricionistas, pedagogos, podólogos... para tratar de cesar la actividad, dado que, en nuestro caso, es imposible no mantener el contacto con un paciente. El día 26, en el Boletín Oficial del País Vasco, quedó reflejado el cierre forzoso para el sector. Como Maika García, no sabe cuándo levantará la persiana. «Viendo a Italia, no será antes de finales de abril. Si no es más». Atiende consultas por videollamada sin cobrar, pese a que «la capacidad de aguante es limitada».

«Se debía haber cerrado antes del puente del día 19, hemos estado expuestos al contagio y al de nuestras familias»

«Si el autónomo no trabaja, ¿cómo afronta los pagos? Si nos quitaran el 50% de impuestos por el medio mes que nos paralizan...»

«Viendo a Italia, esto no acabará antes de finales de abril o más; con la consulta cerrada, la capacidad de aguante es limitada»

«Ni los asesores ni el propio Gobierno tienen claro cómo se puede resolver esta crisis, que será larga»

«La semana pasada nos hicieron un ERTE; ahora no sabemos si se podrá suspender, si nos pagarán o nos mandarán al paro»

«No se puede parar una actividad de un día para otro, aunque era algo que veníamos exigiendo por el riesgo del trabajador»

«Se da por hecho que cuando pase este caoslas empresas tendrán tarea que hacer, peroa lo mejor no es así»

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