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El caos en el Gobierno dispara las críticas del PSOE a Moncloa

Acusan a Iván Redondo de imponer argumentarios para justificar giros de 180 grados y de pensar sólo en el corto plazo

Pedro Sänchez sobrevuela el pasado jueves las zonas de Cataluña...
Pedro Sänchez sobrevuela el pasado jueves las zonas de Cataluña afectadas por la borrasca Gloria. EFE | MONCLOA

Vuelven a surgir los recelos, la desconfianza y la desorientación en las filas socialistas. Los argumentarios impuestos desde La Moncloa para justificar los giros de 180 grados en las decisiones de Pedro Sánchez no convencen y la legislatura acaba de empezar. En apenas dos semanas, el Gobierno ha dinamitado el discurso con el que el socialismo acudió a las urnas: hay enfrentamiento con el Poder Judicial, se abren los brazos al independentismo, se desconcierta con la actitud hacia Venezuela, se negocia con Bildu y se tropieza con la transparencia y los medios de comunicación. En el PSOE empieza a correr el murmullo del descontento: «Vamos de estropicio en estropicio».

Ninguno de los nombres puestos a dedo por Pedro Sánchez se presta a la crítica, pero las cosas son distintas entre quienes han ganado su posición desde abajo y con el voto de los ciudadanos porque deben responder ante ellos. Los españoles contemplan el viraje y se preguntan qué pasa. «Y lo que pasa», explica un alto dirigente socialista, «es lo que parece y es muy preocupante».

Lo es, principalmente, porque quienes optaron por el PSOE en las urnas lo hicieron apostando por unos compromisos políticos de los que en apenas dos semanas ya no queda ni rastro. Del «nunca» y el «jamás» con el que Sánchez despachaba en campaña la posibilidad de pacto con populistas e independentistas, se ha pasado a situarlos como pilares en los que se sustenta la legislatura. Y en el socialismo de viejo cuño no se entiende.

Entre las fuentes consultadas hay quienes mantienen la esperanza de que esta estrategia cambie una vez que Sánchez consiga su principal objetivo: aprobar los Presupuestos. «En seis meses quizá todo sea al revés», reflexiona un dirigente con muchos trienios a la espalda. En su opinión, Sánchez y su mano derecha, Iván Redondo, han decidido «meter la directa», acometer «todos los destrozos de una tacada», para lograr que le apoyen las cuentas y con los dos años mínimo que estas le facilitan, regresar a una senda de normalidad. Da la impresión, señala, de que en los próximos seis meses «hará de su capa un sayo para aprobar los Presupuestos y, luego, ya veremos».

Quienes contemplan esta teoría advierten, sin embargo, que los ciudadanos «tienen memoria». «No son personajes secundarios de House of Cards, la serie que entusiasma en la Moncloa». Es todo demasiado brusco, demasiado evidente, demasiado contradictorio como para que los votantes lo asuman sin más explicaciones que el recurso fácil de atribuírselo todo a «las derechas». «El lodo se va posando en el fondo pero al final hay más barro que agua», avisan recordando el uso y abuso que hizo el Gobierno de Rajoy de «la herencia recibida».

La negociación con el independentismo y el último «gesto» -plantear la revisión del delito de sedición para rebajar las penas que conlleva- sumado a la decisión de mantener un encuentro con Quim Torra pese a su inhabilitación ratificada por el Tribunal Supremo, ha levantado ampollas entre quienes mantienen que socialismo es mucho más que pedrismo.

Estas fuentes opinan que entre el equipo de Sánchez y el de Junqueras «hay muchas más cosas habladas de las que se conocen». Creen que la intención es conducir la situación al punto de que sea JxCat quien «dinamite la mesa bilateral». De esta forma, argumentan, tanto Sánchez como ERC quedarán como adalides del diálogo y las culpas recaerán sobre la intransigencia y la cerrazón de Torra y Puigdemont.

Estrategia cortoplacista

La estrategia, añaden, «tiene muchos riesgos, tensa demasiado y no ofrece garantías». Cae de lleno en el «cortoplacismo». Responde así al modelo impuesto por Iván Redondo. Al todopoderoso jefe de Gabinete de Sánchez se le achacan muchas culpas. Entre ellas la de abrir un cortafuegos entre Sánchez y el partido.

«España», apunta un socialista de la vieja escuela, «afronta ahora un momento histórico; Sánchez propicia el giro más grave desde la Transición y lo hace sin descolgar el teléfono para hablar con nadie». Todo se queda en La Moncloa, en un círculo súperrestringido en el que la máxima imperante es la de actuar «a semana vista». Los órganos del PSOE no tienen ningún papel.

El presidente deposita en su principal asesor toda la confianza, pero en el partido no ven el brillo de los supuestos éxitos que se le atribuyen. Más aún, algunos creen que los fracasos han sido más que sonados.

«Se impulsó la repetición de las elecciones porque así conseguiríamos que los españoles hablaran más claro apoyando al PSOE; se nos aseguró que llegaríamos a 150 escaños y que podríamos gobernar sin depender de nadie. ¿Cuál ha sido el resultado? Descendimos de 123 a 120 diputados y perdimos 700.000 votos y, además, dependemos de todo el mundo: de Unidas Podemos, de los independentistas, de Bildu y hasta de partidos que sólo tienen un diputado. No puede hablarse precisamente de éxito», lamentan las fuentes que echan en falta «más visión de país, de futuro y de proyecto común».

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