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El calzado español vuelve a hacer pie tras disparar sus exportaciones

En 2008 había en España unas 4.000 fábricas de calzado. Ahora son poco más de 3.000, según los últimos censos anuales. En doce años, por tanto, el sector se ha dejado por el camino prácticamente un millar de empresas. Si se va más atrás en el tiempo y la comparativa se hace con los años 80 y primeros 90, la merma es mucho más rotunda. Refleja la dura reconversión a la que ha hecho frente este subsector industrial, de gran raigambre en nuestro país y concentrado, además, en territorios muy específicos, en comarcas concretas en las que esta industria no solo ha sido y sigue siendo un pilar económico fundamental, sino también su sostén demográfico. Y, cuando falla, se produce un severo declive de la zona, como ha ocurrido en la comarca zaragozana del Aranda por el cierre de empresas de calzado en Illueca y Brea.

Pero esa pérdida de empresas zapateras, a la postre, ha permitido asegurar el presente de esta industria en España. La reducción -menos productores, pero más punteros- ha sido una de las consecuencias de la reconversión a la que ha tenido que hacer frente este sector. El resultado es que ahora hay muchas menos empresas que en el pasado, pero el calzado fabricado en España ha ganado en reconocimiento internacional tras una apuesta por la calidad, por el diseño y por la innovación.

Todo eso ha hecho que, tras las sucesivas crisis que han golpeado a esta industria en España -unas han sido crisis económicas generales y otras específicas del sector-, el tejido empresarial que ha sobrevivido pisa ahora con más firmeza. Eso sí, una gran parte de empresas -y de empleo- quedaron por el camino, y las que aguantan tienen que luchar a diario por la competitividad. Ahora, su nuevo reto es la crisis desatada por el coronavirus, que ha desplomado la actividad comercial y, por ende, también la fabricación de calzado.

Hasta noviembre, la producción zapatera acumulada ha caído en España un 27,7% interanual. En 2020 se perdieron 7.300 empleos en este subsector industrial. Sin embargo, sus exportaciones resisten. Han caído de forma más moderada, un 17% interanual hasta noviembre. Y hay que tener en cuenta que las ventas al exterior son un aliado fundamental del calzado fabricado por las marcas españolas. En 2019 se exportó por valor de 2.855 millones de euros, y entre enero y noviembre de 2020 la cifra alcanzó los 2.219 millones. Francia, Italia y Alemania son, por este orden, los tres mayores importadores de calzado español.

Marca España

«En el mercado mundial del calzado, años atrás el ‘made in spain’ estaba rezagado, en el cuarto o quinto lugar a nivel mundial; ahora es el segundo más reconocido a nivel internacional, solo por detrás de Italia», explica el presidente de la patronal zapatera de La Rioja y director general de su Centro Tecnológico del Calzado (CTCR), Javier Oñate. Ese reconocimiento de marca se ha logrado, fundamentalmente, con una apuesta por la calidad, por el diseño y por la modernización de los procesos productivos y comerciales a partir de la I+D+i. Competir en gamas baratas fue una batalla perdida hace años para quienes acabaron barridos por el calzado de bajo coste que llegaba de Asia.

«Aunque el precio nunca hay que perderlo de vista, el diseño es una parte fundamental y la industria española del calzado tiene que apostar por la calidad, porque siempre va a haber alguien que pueda fabricar más barato», afirma el secretario de la patronal del sector en la provincia de Zaragoza, Jaime Forcén. Y una de las claves para fortalecerse y competir es «trabajar una imagen de marca que te dé fuerza en el mercado, pero eso no es sencillo porque, entre otras cosas, implica unas inversiones tremendas en diseño y en publicidad que difícilmente pueden asumir empresas que se han quedado sin músculo financiero tras años haciendo frente a dificultades», indica Forcén.

Precio y calidad

En la disyuntiva entre competir por precio o por calidad, la industria zapatera de Menorca lo tiene claro: llevan años especializándose en calzado de mujer y de gama media-alta. Pero el presidente de la Asociación de Fabricantes de Calzado de Menorca, Juan Carlos Fernández, indica que eso no significa que a otros no les vaya bien apostando por el precio en vez de por una calidad más cara. «Cada segmento tiene su mercado. Lo que cada uno tiene que hacer es ser bueno y puntero en el nicho de mercado en el que se mueva, sea el del precio o el de las gamas altas».

El gigante Inditex, con su buque insignia Zara, pisa fuerte desde hace años con el calzado, apostando por competir con gamas de precio asequibles. Tempe, su fabricante de calzado, se ha convertido así en un productor a gran escala, de tremendo peso en la industria zapatera española. Una gran parte de su manufactura la hace fuera de España.

Más allá de este caso concreto, de una u otra forma el sector en su conjunto ha tenido que optar por sacar fuera de España una parte significativa de su proceso de fabricación. Marruecos y Portugal se cuentan entre los países a los que los fabricantes españoles derivan fases de producción intensivas en mano de obra de baja cualificación, pero que tienen un impacto significativo en el coste agregado. El corte de la piel, el cosido a mano o el aparado son susceptibles de esa externalización internacional. Los fabricantes italianos también lo hacen con países de su entorno, como Hungría o Rumanía.

Los efectos del Covid

Ahora el sector se enfrenta a la crisis del coronavirus. Más allá de su impacto actual -caída de ventas y producción-, algunos están convencidos de que va a acelerar otra reconversión forzosa. Por ejemplo, hará todavía más urgente que los fabricantes apuesten por el mercado digital, porque la crisis erosiona el canal tradicional de las tiendas clásicas, multimarca.

«La crisis del Covid está hiriendo a la industria del calzado, y parte de esa herida quedará para el futuro, seguramente tumbando a las empresas que estén en una posición más débil. Creo que eso va a desencadenar un nuevo proceso de concentración industrial, en el que las marcas más sólidas absorban otras en dificultades. Habrá una criba», augura el riojano Javier Oñate. Y acelerará también la innovación: «Tenemos que reinventarnos todos», insiste Juan Carlos Fernández desde Menorca.

Expertos en innovación

España cuenta con una larga experiencia en investigación aplicada a la industria del calzado. Sus dos centros de referencia están en dos históricas zonas zapateras: el Centro Tecnológico del Calzado Inescop, en Elda (Alicante), y el Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja (CTCR), situado en la localidad riojana de Arnedo. Inescop acumula medio siglo dedicado a la innovación al servicio de la industria del calzado; el CTCR, 14 años. Ambos, en sus respectivos campos de especialización, contribuyen a la modernización y mejora de la competitividad de la industria zapatera española.

«Si no se innova, no hay futuro. La innovación es la facturación del futuro», resume Miguel Ángel Martínez, director de Inescop. Esta entidad nació centrada en el campo de la calidad y evolucionó hacia la innovación y la I+D. Inescop es una entidad privada, nació en 1971, promovida por y para la industria del calzado. Afronta la innovación en múltiples áreas, tales como la formación, el desarrollo de soluciones de I+D+i, o la experimentación y acreditación en laboratorio.

Instalaciones de análisis e I+D del riojano CTCR, especializado en tecnificación y sostenibilidad aplicadas a la industria del calzado
Instalaciones de análisis e I+D del riojano CTCR, especializado en tecnificación y sostenibilidad aplicadas a la industria del calzado

En 2020, Inescop impartió 48 cursos en los que formó a 1.323 profesionales, emitió más de 4.000 informes de laboratorio y participó en 41 proyectos de I+D+i. Entre los avanzados campos en los que trabaja se cuenta la aplicación de las neurociencias para evaluar la percepción del confort y la calidad del calzado. Y un ejemplo de la proyección que tiene su trabajo es el software que desarrolló en su día para diseñar calzado por ordenador, una solución tecnológica de alcance internacional, de la que actualmente hay casi 3.000 licencias utilizadas por empresas de todo el mundo.

El riojano CTCR, por su parte, está especializado en los campos de la tecnificación, digitalización y sostenibilidad aplicadas a la industria del calzado. Su director, Javier Oñate, explica que eso se traduce en aplicaciones tales como la incorporación de la robótica colaborativa en los procesos de producción, la reducción e emisiones de CO2, el aprovechamiento de productos residuales en la cadena industrial (economía circular) o la obtención de materiales ecosostenibles.

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