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El Betis no sabe jugar cuesta arriba

En el fútbol profesional, tan importante es saber golpear como saber encajar. Y a este Betis al que da forma Manuel Pellegrini, de momento, le cuesta hacer lo segundo. Como el púgil de enfrente sea el primero en golpear al mentón, mal asunto. Le ocurrió ante Getafe y Real Sociedad y de nuevo lo sufrió el Betis ante el Atlético, que también lo tumbó. Sólo ante el Madrid se sobrepusieron los béticos para remontar de forma provisional. En el Metropolitano, tras cuajar una notable primera parte, se descosió en cuanto Marcos Llorente burló a todos a los 50 segundos de la reanudación. Y ya no hubo nada que hacer.

Ese gol descarriló al Betis de su prometedor plan. Todo el buen trabajo del primer acto fue papel mojado a partir de ahí. Y aunque los heliopolitanos tuvieron arrestos incluso tras la roja a Montoya en el minuto 74 para llegar vivos hasta el final, acabaron sucumbiendo con un segundo gol de Luis Suárez en el descuento. Para alivio de la grey bética, fue echar a rodar la pelota y reaparecer el Betis de Mestalla. El Betis agresivo, autoritario y seguro de sí. Atrás quedó el equipo dubitativo y quebradizo de las noches ante Getafe y Real Sociedad para confirmar la bipolaridad de este proyecto que ahorma la mano serena de Manuel Pellegrini.

La ambición y firmeza verdiblancas se reflejó sobre todo décimas de segundo después de que alguno de sus jugadores perdiera la pelota. Ahí se nota el trabajo de un buen entrenador: la presión tras pérdida en el mediocampo del rival fue efectiva, incomodó muchísimo a un Atlético de Madrid que, con el paso de los minutos, se convenció de que perdía el pulso en la medular.

El dúo Guido-William sincronizaba esa loable presión, que si no le dio apreciable botín en el plano ofensivo –a pesar de que los béticos ya habían rematado siete veces pasado el primer cuarto de hora, por ninguna de su enemigo–, al menos fue clave para domeñar a la impetuosa escuadra de Simeone.Apenas dos veces se acercaron con peligro los colchoneros en la primera mitad. La primera, en el minuto 20, al colarse Correa a la espalda de Álex Moreno y ceder atrás a Luis Suárez, que cruzó demasiado su tiro raso.

Otra vez chutó el uruguayo al filo de la media hora, esta vez con una posibilidad más franca de batir a Bravo, en un error de Willian Carvalho al cabecear hacia atrás y dejar muerto el balón al charrúa cuando salía la zaga verdiblanca. Los centrales reaccionaron con rapidez y hostigaron a Luis Suárez, que volvió a chutar desviado.

Hubiera sido muy injusto para William que Suárez se hubiera besado los dedos tras marcar. El luso, como acostumbra en los partidos señalaítos, dio una lección de manejo, calidad y despliegue. Firmó la primera llegada bética en un cabezazo al que respondió Oblak en un centro de Montoya (13’).

También Fekir, de nuevo volcado a la derecha para iniciar sus maniobras hacia dentro, empezó a soltarse a medida que el Betis, con su intensidad, desplazaba el centro de gravedad del partido hacia los tres cuartos de campo. Agarró el francés un zapatazo rasante que buscaba el palo derecho de Oblak. Pero el esloveno es lo más parecido a un felino (16’).

Con Guido y William sosteniendo el andamiaje, Canales pivotaba unos metros por delante. La recibía de espaldas y abría a un lado y a otro, cuando no servía de pantalla al propio medio luso, muy activo hasta el descanso. Sonaba bien la orquesta bética y mucho mejor que pudo sonar si Fekir no hubiera vuelto a enredarse consigo mismo otra vez, o si alguien hubiera aprovechado antes del descanso las incursiones de Tello, que superó a Trippier.

En el Atlético, el hombre que jugaba con una marcha más era Marcos Llorente, de nuevo segundo punta. Ya amanezó en el primer acto y ejecutó en cuanto pudo: de un saque de banda sacó oro al colarse a la espalda de Montoya, evitar el cruce de Mandi con su vigoroso sprint... e inventar el gol al burlar a Claudio Bravo, que se tiró a tapar el posible centro atrás. El colchonero optó por tirar aun con escaso ángulo para hacer un señor gol.

El tanto dio confianza a los de Simeone, que además mejoraron con Yannick por el inoperante Lemar en la izquierda y Herrera por Torreira en la sala de máquinas. De hecho, si no sentenciaron antes, fue por la aparición de Bravo ante Hermoso (57’), Yannick (58’, justo después de un tiro de Herrera al poste), Luis Suárez (68’) y sobre todo ante Yannick en un mano a mano en el 76, dos minutos después de que el inefable González Fuertes corrigiera a través del VAR la amarilla inicial que Mateu le mostró a Montoya por derribar a Yannick. El valenciano se convenció de que era último defensor y no tenía opción de jugar el balón.

Después de que Bravo mantuviera al Betis de pie, éste tuvo un último arreón de orgullo. El orgullo de Joaquín. Extrañó que Pellegrini lo introdujera por Tello y a Loren por William, que dio el mejor pase de la segunda parte a Sanabria para que tapara Oblak. Ya con el debutante Víctor Ruiz en la hierba para recomponer la zaga, Luis Suárez acertó en una contra en el descuento. Hacía ya tiempo que el Betis se sentía derrotado.

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