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Economía azul: el tesoro aún por descubrir de la economía española

La Unión Europea y los más relevantes organismo internacionales, como Naciones Unidas y el Banco Mundial, han virado su mirada hacia nuestros mares y océanos. Son todo un universo de riqueza por descubrir. Uno de los motores que impulsarán el rumbo de una nueva economía tras la pandemia, que navegará hacia un futuro sostenible, descarbonizado y libre de emisiones, y donde existirá un reparto más equitativo de la riqueza. Generarán corrientes de innovación, mayores y más eficientes niveles de crecimiento económico, serán caladeros de empleo —además de calidad— y grandes bancos para que se desarrolle el emprendimiento. Ya hay ciencia y tecnología suficiente para ello. Las oportunidades de negocio que se abren son tan infinitas como el horizonte que dibujan nuestros océanos. Porque de las ya tradicionales actividades que todos conocemos como la pesca, la construcción naval, el transporte marítimo, la desalinización e incluso el turismo costero, emergen sectores innovadores como la acuicultura, las energías renovables (la eólica marina), la biotecnología (con usos medicinales, en cosmética y alimentación) y los minerales marinos, entre otros ejemplos. El potencial de la economía azul es tan sugerente como el nombre que recibe.

Y nuestro país tiene una oportunidad histórica. Es nuestro momento. Somos la segunda economía azul de la UE, tras el Reino Unido. El último informe de la Comisión Europea («The Blue Economy 2020»), que se ha publicado en 2020 con datos de 2018, indica que el sector marítimo español tiene un Valor Añadido Bruto (VAB) superior a los 32.700 millones de euros (el 15% de lo que estas actividades generan en toda la UE) y emplea a casi 945.000 personas (el 19% de todo el empleo de la economía azul en Europa). Unos resultados más que atractivos. Teniendo en cuenta que la economía azul en Reino Unido generó 47.778 millones de euros y en Alemania, el tercer país en este sector, 29.784 millones. En toda la UE, estas actividades tuvieron un volumen de negocio de 750.000 millones de euros y emplearon a cinco millones de personas.

Ante este escenario, «tenemos que apreciar el papel privilegiado de España en este ámbito y aprovechar su efecto arrastre y dinamizador sobre multitud de actividades económicas. Y también sobre las pymes. Es un activo estratégico para nuestro país con un fuerte impacto económico, gracias a su efecto multiplicador sobre la producción y el empleo», afirma Alejandro Aznar, presidente del Clúster Marítimo Español (CME). Se trata, continúa, de «una próspera industria, muy heterogénea y reconocida en todo el mundo, con la mirada puesta en las nuevas tecnologías, la digitalización, la eficiencia y sostenibilidad energética».

Nuestros casi 8.000 kilómetros de litoral dan para mucho. De esas costas y sus mares viven multinacionales, grandes empresas, pymes, micropymes, startup, trabajadores autónomos, universidades, institutos de investigación, centros tecnológicos y científicos, administraciones... Y también una ingente industria que abarca desde la construcción y reparación de grandes barcos, o de un pantalán para la náutica deportiva y de recreo, o la electrificación de un puerto para dar servicio a buques automatizados y más sostenibles, hasta actividades recreativas como el buceo, pasando por iniciativas innovadoras como la incorporación de nuevos ingredientes marinos en nuestra dieta o en cosmética, o reciclar materiales y desechos marinos dándoles una segunda oportunidad en ropa y calzado. «Podemos liderar el mundo de la economía azul», pronostica Ignasi Ferrer, CEO y fundador de Seastainable Venture, que asesora a científicos y empresarios en proyectos de economía del mar.

Será sostenible, sí o sí

La economía azul es toda actividad relacionada con los recursos costeros y del mar, pero tiene que ser sostenible. «Es la economía verde aplicada en el mar. La ciencia y la tecnología ya nos permiten explotar y gestionar de forma sostenible la riqueza de los mares y restaurar los espacios que hemos degradado. Así recuperamos biodiversidad, que genera riqueza y mejora la calidad de vida de la comunidad», explica Ferrer. Así también lo quiere Europa a través de la estrategia «Crecimiento Azul» que apoya al crecimiento sostenible de los sectores marino y marítimo.

El 19% del empleo de la economía azul en la Unión Europa fue generado en las ctividades maritímas españolas

La hoja de ruta acaba de activarse. En el sector marítimo español hay actividades que han sido grandes tractores económicos, que están en pleno proceso de transformación y tienen retos por delante para sumergirse en esta nueva economía del mar. Por ejemplo, España es el primer productor pesquero de la Unión Europea, con un 20% de cuota, y un referente mundial. Y podrá seguir siéndolo. No en vano, este sector desde hace unas décadas evoluciona hacia una mayor modernización y profesionalización. Pero como indica Juan Vidal Pérez, coordinador técnico del Ceimar, el Campus de Excelencia Internacional Global del Mar, todavía tiene objetivos por alcanzar: «La pesca extractiva —dice— tiene que encontrar nuevos mecanismos de recuperación y mantenimiento de los caladeros, así como la modernización de los buques y artes de pesca en aras de una mayor sostenibilidad».

Para eso hace falta inversión. «En los recursos vivos, como la acuicultura o la pesca, hay necesidades de financiación porque los operadores son empresas pequeñas y familiares que no tienen capacidad de ser todo lo innovadoras que les gustaría o que podrían llegar a ser», sostiene José Luis Santiago, técnico del área de Socioeconomía de la Pesca del Centro Tecnológico del Mar-Fundación Cetmar.

La construcción naval es otro de los grandes motores. También afronta una profunda transformación de procesos que culminará en el Astillero 4.0. «Dará servicio a los requerimientos de un transporte marítimo cada vez más exigente y encaminado hacia una mayor sostenibilidad y automatización», afirma Alejandro Aznar.

Ese mismo rumbo han tomado nuestros puertos, otro de los grandes baluartes marítimos que tenemos, que deberán hacer un esfuerzo por descarbonizarse y a los que se les señala como fuente de innovación. «Juegan un papel importante en los tráficos marítimos internacionales y son líderes en la recepción de cruceros. Están cambiando para poder acoger buques automatizados, suministrar servicios y bunkering de combustibles alternativos, reducir los ruidos y emisiones mediante la electrificación de sus dársenas y mejorar la eficiencia energética de sus infraestructuras», dice Aznar.

España también es líder indiscutible en turismo de sol y playa. Y aquí es donde se plantea uno de los grandes retos, porque el turismo de costa tiene que ser cada vez más sostenible. «El volumen de atracción del turismo costero tiene que respetar el medio donde trabaja. Y a veces eso no ha sido posible», indica José Luis Santiago. Por ello, explica, la Comisión Europea «está acompañando a los Estados en la planificación del espacio marino. Se trata de decir qué zonas del litoral de cada uno de los países se puede hacer qué. Delimitar los usos».

32.700 millones de euros es el Valor Bruto Añadido (VAB) que generó el sector marítimo español en 2018

Al mismo tiempo el turismo de costa tendrá que evolucionar hacia un nuevo consumidor, hacia «nuevas demandas por parte de turistas más concienciados en los valores medioambientales o ávidos de nuevas experiencias que integran aspectos como la gastronomía del mar, actividades y deportes náuticos o los relacionados con la salud y el mar», considera Juan Vidal. Ferrer, por ejemplo, propone recuperar espacios costeros degradados y generar nuevos modelos de ecoturismo: rutas en barcos de cristal submarino, pesca recreativa y sostenible...

Los emergentes

Es también en nuevos sectores emergentes hacia donde viran muchas miradas. Todos los expertos consideran las energías renovables marinas, con especial énfasis en la eólica, y la biotecnología marina como los grandes caladeros de crecimiento económico.

Pero el foco también apunta a otras actividades. La acuicultura tiene un futuro muy prometedor. «La pesca tradicional se va a limitar cada vez más. De ahí que la acuicultura cobre cada vez más importancia», asegura Elba Bueno, gerente del Clúster Marítimo de Canarias. «Crecerá un 300%», augura José Joaquín Hernández, director de la Plataforma Oceánica de Canarias. «Se tenderá —explica— a desarrollar estructuras de miles de toneladas en aguas más profundas. Jaulas innovadoras con sistemas de cultivo integrados, con nuevas especies, utilizando la tecnología para controlar alimentadores o usando la Inteligencia Artificial para optimizar los procesos de producción».

En los minerales marinos también se han fijado muchos ojos. «La extracción de minerales en los fondos marinos está también en pleno auge debido a la demanda creciente de cobre, cobalto, aluminio y otros metales, que se utilizan para productos de tecnología como los teléfonos móviles o las baterías», cuenta Juan Vidal.

Los retos

Pero para que todo eso emerja de las aguas de nuestros océanos hace falta financiación, adaptar la legislación, planificar el espacio marino-marítimo, fomentar la transferencia del conocimiento e innovación, colaboración de las administraciones... Y como se han dado cuenta en Canarias «acercar el sector a la sociedad —cuenta Bueno—. Que la sociedad vea en los recursos marinos un futuro laboral y de crecimiento. Inculcar a los jóvenes que actividades como la acuicultura puede ser su medio de vida». De ahí que se reclame formación para nuevos profesionales cualificados en economía azul, que ahora faltan.

Los fondos de recuperación europeos serán un acicate «porque la economía azul cumple todos los requisitos: es nueva economía, es sostenible, regenera el modelo económico y crea bienestar social», concluye Ferrer. Por tanto, no hay tiempo que perder para navegar por esta nueva economía del mar.

Un buzo recoge muestras marinas para analizar en el Campus de Excelencia Internacional del Mar
Un buzo recoge muestras marinas para analizar en el Campus de Excelencia Internacional del Mar

Los nuevos productos que da el mar

En la última Feria Internacional del Mar, que se celebró en 2019, se sirvió helado de espirulina, una microalga que la Organización Mundial de la Salud (OMS)ha dado el visto bueno como complemento alimenticio. Lo que puede parecer pura anécdota da ejemplo de la gran riqueza y posibilidades que tiene la biotecnología marina, un sector emergente en la economía azul y al que todos los expertos reconocen su potencial económico. La Agenda Sectorial Marítima del CME revela que España es el séptimo productor de Europa en biomasa de algas y el tercero con mayor financiación dedicada a esta industria, cuyas aplicaciones van desde la medicina (medicamentos, vacunas y terapias) y cosmética a la alimentación humana y piensos para acuicultura o para detergentes menos contaminantes, papel y textiles. «Se está invirtiendo mucho en investigación biotecnológica del mar», afirma José Luis Santiago. «Existen empresas que realizan cultivos marinos de determinadas algas y obtienen productos que van a la cesta de la compra. El chef Angél León es uno de sus exponentes», comenta Ignasi Ferrer.

La biotecnología marina abre un campo de posibilidades infinito. «Realmente es el presente y futuro. En Canarias tenemos ya un amplio conocimiento en la producción de micro y macro algas para distintos usos comerciales. Además. tenemos el Banco Español de Algas», cuenta Elba Bueno. Podrán ser un gran aliado para el ser humano. «Los recursos procedentes de bioproductos pueden permitir obtener alimentos o productos farmacéuticos que permitan la búsqueda de nuevos tratamientos para enfermedades, como el cáncer, a través de organismos marinos», Juan Vidal.

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