Spain

Dubravka Suica: «Vengo a dar esperanza a los pueblos de la España vacía»

Dubravka Suica (Dubrovnik, 62 años) vino por primera vez a España en 1974 en un viaje de estudios, cuando era una adolescente y su país, Croacia, formaba parte de Yugoslavia. Conoció Madrid, Barcelona, Toledo, Granada…, aprendió algunas frases en castellano y vio cómo su mejor amiga y compañera de pupitre se enamoraba de nuestra lengua hasta el punto de que hoy es profesora de español en una universidad croata. En estos últimos 46 años, Suica, hija de una familia muy modesta y licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales, ha visto cómo su vida ha dado un giro espectacular: maestra de instituto, profesora universitaria, la primera alcaldesa de esa perla amurallada del Adriático llamada Dubrovnik, eurodiputada desde 2013 y vicepresidenta de la Comisión Europea de Democracia y Demografía, una cartera de nueva creación que depende directamente de la presidenta Ursula von der Leyen.

En este casi medio siglo también ha cambiado, pero a peor, la vida de la España rural: se ha acentuado la sangría de la despoblación y se han cerrado empresas y escuelas ante la indiferencia de las administraciones. Suica es la política de mayor rango en la UE para tratar de revertir esta situación. Ayer conoció por primera vez los problemas de la España vacía en un cara a cara en Valladolid con alcaldes de Castilla y León, una de las comunidades más afectadas con municipios muy envejecidos y poquísimos habitantes. Posteriormente se desplazó a Villahoz, un pequeño pueblo burgalés, donde se están implantando empresas de toda la UE al calor de un proyecto europeo. Lo que está sucediendo en Villahoz igual no sirve de modelo para todos los núcleos de la llamada ‘Laponia española’, pero abre la esperanza de que no todo está perdido.

Suica viene de recorrer zonas rurales de Estonia, Letonia, Francia... reuniéndose con regidores y vecinos y tomando nota para redactar un documento que quiere tener listo en marzo con una batería de medidas («una caja de herramientas», lo llama ella), de modo que cada localidad escoja las que mejor le pueden encajar para devolverles la vida. En esa especie de ‘menú a la carta’ personalizado para cada territorio, la conectividad digital es, sin duda, la gran prioridad.

¿Qué propone para llenar la España vacía?

La esperanza de vida en España, 83 años, es la mayor de Europa. Por eso queremos implementar lo que llamamos ‘Silver economy’ (silver significa en inglés plata, en referencia al cabello plateado de nuestros mayores), que pasa por el envejecimiento activo. Cuando una persona se jubila a los 65 años hay una percepción de que parece que ya no es útil para la sociedad y que sólo genera un gasto en pensiones, pero hay mucha gente que a esa edad quiere y puede seguir activa en el mercado de trabajo. Entre mis competencias está cómo mejorar este concepto de envejecimiento activo y conseguir que quien lo desee se pueda quedar más tiempo en el mercado laboral. En definitiva, hacer la vida más vibrante e interesante en los pueblos.

¿Cómo quiere afrontar esa idea?

Con un plan a largo plazo para las áreas rurales. Vamos a hacer un ‘mapping’, una especie de radiografía de las diferentes regiones rurales de Europa, para conocer con exactitud en qué situación se encuentran y cuáles son sus necesidades y ver cómo podemos ayudar desde la Comisión Europea. Queremos tener listo el documento a finales de marzo.

En muchos pueblos españoles se quejan de que ni siquiera tienen internet, algo básico para emprender y poner en marcha una nueva empresa…

El reto digital es una de las prioridades. Tenemos que hacer llegar la banda ancha e internet a cada pequeño pueblo de la UE. Para crear nuevos puestos de trabajo en zonas rurales, necesitamos esta digitalización. Me gusta mirar el ejemplo de Finlandia, donde el 40% de todos los puestos de trabajo se hacen desde casa sin necesidad de ir a la oficina.

Su vicepresidencia se llama de Democracia y Demografía. ¿Le preocupa que un problema demográfico derive en un problema de falta de democracia?

Sí me preocupa porque democracia y demografía están conectados. En España hay mucha gente que deja sus hogares en el medio rural para buscarse la vida en las ciudades, y los que se quedan en los pueblos se sienten abandonados, con un poso de insatisfacción. Empiezan a echar la culpa a la democracia, a no tener confianza en las instituciones, a no participar en las convocatorias electorales. Sienten que se quedan atrás y eso es un gran problema que lo ha reconocido la presidenta Ursula von der Leyen, y por eso ha creado esta cartera, la primera con ese nombre.

No hay una solución única

Está conociendo de primera mano los problemas de los pueblos de Castilla y León, pero viene de recorrer otras zonas rurales del continente. ¿Qué se ha encontrado allí?

He hecho un tour por Estonia, Letonia, República Checa, Francia, Países Bajos, Bélgica y ahora España, en Castilla y León, y lo que he visto es que los problemas en cada lugar son diferentes y no hay una solución única que sirva para todos. Por eso hay que hacer planteamientos específicos para cada una de esas zonas, y tengo claro que debemos actuar en coordinación con las autoridades locales, provinciales, regionales y nacionales. O vamos de la mano o no solucionaremos el problema.

¿Puede ayudar la inmigración a repoblar las zonas vacías y generar riqueza?

Sin la inmigración, el mercado de trabajo no se sostiene porque falta población. Puede ser una solución, pero hay que ir con cautela porque es un asunto sensible para los estados miembros.

¿Cree que los pueblos sienten que hay indiferencia hacia ellos en las instituciones?

No lo sé. Yo le puedo decir que en absoluto hay indiferencia. Todos queremos ayudar.

¿Qué va a decir a esos alcaldes de la España vacía o vaciada?

Quiero darles esperanza en el futuro y creo que después de mi visita van a tener más esperanza. Pregúnteles después.

Si regresa en 10 años, ¿qué le gustaría ver en estos pueblos?

Que estuvieran bien conectadas física y digitalmente, y que las personas que quisieran quedarse allí tuvieran la posibilidad de trabajar y disfrutar de una alta calidad de vida porque ofrecen oportunidades profesionales a la gente y un futuro a las familias.