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Spain

Deporte para prevenir y luchar contra el ciberacoso

La implantación de proyectos cooperativos que fomenten la práctica del deporte como elemento transversal es una de las fórmulas para luchar contra el acoso en las aulas y, sobre todo, contra el ciberacoso, más difícil de prevenir y detectar. es el punto de partida de un proyecto que ha realizado un equipo de docentes del área de formación de profesorado de la universidad de burgos. uno de ellos, david hortigüela, cree que es una fórmula que permite mejorar la convivencia. el trabajo se ha basado en un caso real de un centro educativo de burgos en el que la víctima fue una niña de 12 años.

El caso real de una niña llevó a diseñar un modelo para responder a los casos de ciberacoso y prevenir para que no se repitan. Fueron los padres de la alumna los que acudieron al centro para dar la voz de alarma cuando la niña llevaba meses recibiendo mensajes muy duros de acoso a través de una conocida red social.

El objetivo de la respuesta en este caso era «naturalizar» la situación, actuar contra los autores del acoso y no intentar enfocar toda la actuación hacia la víctima porque «ponerla en primer plano podía suponer un problema añadido para ella». El éxito del modelo ha hecho que se plantee como una fórmula de aplicación general en estos casos y se utilice de manera sistemática como "herramienta" de prevención, explica Hortigüela, que es director del Área de Didáctica de Expresión Corporal de la Universidad de Burgos.

Fueron los propios acosadores los encargados de organizar actividades durante todo un curso para favorecer la socialización. Se trata, en buena parte, de fomentar la práctica de la educación física fuera de las clases específicas. En la programación se incluyen «recreos activos», pero también actividad deportiva extraescolar con alumnos, profesores y familiares, e incluso rutas de senderismo de fin de semana abiertas a toda la comunidad educativa.

Hortigüela reconoce que «el inicio de la respuesta es duro» porque no se trata de obviar la situación de ciberacoso, sino de tenerla presente para analizarla y conocer los efectos que puede tener en la víctima. A medio plazo, se pretende olvidar lo ocurrido, una vez superado, pero mantener el recuerdo de su gravedad para que no se repita. En este caso concreto, se crearon grupos de discusión de alumnos para abordar el problema e incluso charlas y vídeos educativos. Insiste en que la lucha contra el acoso debe partir de todas las áreas del centro educativo porque «antes de las enseñanzas de Lengua, Matemáticas o Inglés tiene que haber una base de respeto, empatía y solidaridad, porque si no, no se puede hablar de educación».

Un elemento peligroso

Esta transversalidad es aún más importante en el acoso mediante las nuevas tecnologías, el ciberacoso, que es más difícil de detectar que el acoso físico, que es más medible y observable.

En el origen de este acoso tecnológico se encuentra en muchas ocasiones el teléfono móvil que para Hortigüela es «una herramienta de alto riesgo». Recuerda que es un «instrumento social» cuyo uso requiere educación. En su opinión, la prohibición de uso en los centros educativos no es una solución definitiva porque los chavales siguen usando el móvil cuando salen de las aulas y lo que hay que hacer es enseñarles a prevenir los riesgos que puede conllevar un uso inadecuado. Considera que los chicos no son conscientes en muchas ocasiones de que lo que suben a una red social queda allí aunque luego intenten borrarlo, pero tampoco ven con claridad cómo sus acciones ante la pantalla pueden afectar a los demás, en ocasiones de forma grave.

El manejo de esta «nueva realidad tecnológica» ya se está trabajando en las facultades de Educación, donde se forma a los futuros profesores. También es objeto de cursos de formación del profesorado, dado que muchos profesores no habían recibido estas pautas en su formación inicial.

Para Hortigüela, se debe aprovechar la mejora de la autoestima, la cooperación y la solidaridad que puede fomentarse desde la práctica deportiva bien empleada. Cree que «el uso del cuerpo» más allá del área de Educación Física debe ser algo transversal en los centros educativos. Se trata de un nuevo concepto en el que se apoye el éxito de cada alumno, en lugar de fomentar la competitividad o realizar una «gimnasia tradicional», muy exigente físicamente y que puede provocar que algunos alumnos no sean capaces y queden atrás.

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