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Del parque del siglo XIX a los columpios ergonómicos en Cáceres

Hoy lunes se abre al público la ampliación del parque del Príncipe, una obra ambiciosa aprobada en 2015 y para la que se han invertido 3,6 millones de euros. Una de las grandes novedades de esta esperada actuación es que el recinto, que se inauguró en el año 1978 cuando el antiguo ICONA cedió al Ayuntamiento de Cáceres una finca de gran magnitud, va a contar con un gran área de recreo infantil, algo de lo que actualmente carecía, ya que solamente ofrecía una pequeña área en la zona de Aguas Vivas con tres unidades para el esparcimiento infantil. Las nuevas áreas de juego incluyen toboganes gigantes que se despeñan por la ladera, tirolina, zona de escalada, todo con acabados que evitan que los niños se resbalen y con el aspecto «nórdico» y ergonómico que marca este tipo de equipamientos. Con esta actuación es muy probable que un parque que hasta ahora parecía más dirigido al paseo se abra a nuevo grupos de edad y abrace a los niños y las familias.

La ciudad dispone de aproximadamente de 102 áreas infantiles repartidas por distintas zonas, 18 de ellas con adaptaciones específicas como rampas de acceso y asientos aceptados. Desde 1989, momento en el que había casi 570.000 metros cuadrados de zonas verdes a actualmente con más de dos millones prácticamente se ha cuadruplicado la extensión de estas áreas. Lo explica el alcalde Luis Salaya, que también es concejal de Parques y Jardines. «Los principales parques de la ciudad son el Olivar de los Frailes, el Parque del Príncipe, el Paseo Alto, la Ribera del Marco, el Paseo de Cánovas y el Rodeo», enumera. Concibe una evolución de los parques de la ciudad del que podría ser ejemplo el Olivar de los Frailes. «Se trata de un modelo más sostenible, construir parques no es necesariamente poner césped, hay que buscar zonas con áreas infantiles y familiares pero también donde los pequeños puedan relacionarse con la naturaleza y hacer deporte». «Una de las cosas que hay que afrontar esta legislatura es buscarle un papel claro al Paseo Alto y al Olivar de los Frailes», resume.

Es un hecho relativamente moderno el de salir a pasear a entornos habilitados para ello como parques y paseos, según explica el archivero de la ciudad Fernando Jiménez Berrocal. Tradicionalmente las personas con un nivel económico elevado eran las que se podían permitir jardines privados en donde solazarse, ubicados sobre todo en la Parte Antigua. Fue a finales del siglo XVIII cuando se crea la primera alameda cacereña, que discurría junto a la Ribera del Marco, donde en 1800 se siembran álamos negros.

En 1852 el Ayuntamiento decide la creación del primer parque público de la ciudad. «Se piensa en un lugar conocido como el rollo, un mojón de granito donde se mostraba el derecho de villanía y se cumplían las penas de vergüenza pública». Este área había ido experimentando un proceso de innovación con la construcción de la Plaza Era de los Mártires en 1846 y la edificación de un polvorín en 1850, que se abandonó cinco años después. En esta zona donde se creó el primer parque de la ciudad se encontraba la ermita de los Mártires, que fue derruida por «ser un estorbo para el lucimiento del nuevo coso taurino», explica Jiménez Berrocal. En 1860 se inaugura la nueva ermita, en la parte superior el Paseo Alto.

Antonio Jiménez fue el arquitecto municipal que supervisó esta obra, que se desarrolló en dos fases. Se trata del paseo que se extiende desde la Plaza de Toros hasta la bandeja. La zona trasera no existirá hasta los años veinte del siglo XX, cuando construyen un depósito de agua. Según precisa Berrocal, el Paseo Alto es «un símbolo» de la ciudad. Se echa un firme de grava, se ponen bancos, se crea la bandeja junto a la ermita y se plantan, en una segunda fase, cipreses, acacias, pinos, almendras y séforas y se remata una verja para el paseo. Hasta 1918 no cuenta con luz eléctrica.

La construcción del Paseo de Cánovas también fue otro de los hitos para la vida social de la ciudad. En 1881, generado por la llegada del ferrocarril, la ciudad experimentó numerosos cambios. La ciudad se expande más allá de la Plaza Mayor y se genera un polo de desarrollo en torno a la estación. El denominado Paseo de las afueras de San Antón se inaugura en 1895 y cambia de nombre en 1897 en desagravio del asesinado presidente del gobierno Antonio Cánovas del Castillo. Paseo de jubilados, zona de galanteo o de juegos para los niños, no tendría área específica con columpios hasta los años 60. La evolución de los juegos en las últimas décadas ha sido enorme.

Parques señeros

«Tanto Paseo Alto como Cánovas son los dos parques señeros de la ciudad». También fue sonada la creación del parque del Rodeo, que se inauguró el 18 de octubre de 2001, una obra dirigida por Ángel González. La finca contempla los espacios donde se construyó la ciudad deportiva o el hospital San Pedro de Alcántara. En la zona, que cuenta con 8.000 plantas de 27 especies diferentes, se desarrolló en su día el mercadillo franco. A finales del siglo XIX el Ayuntamiento lo había comprado como Real de la Feria, hacia 1896-97 se empiezan a hacer las primeras ferias y la venta del ganado, y allí también se ha celebrado la fiestas hasta que se trasladaron a los Fratres.

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