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De la vuelta al cole a la vuelta a casa

Poco ha durado la vuelta al cole para algunos escolares. Y es que, apenas unos días después, la clase vuelve a trasladarse del aula a la habitación para centenares de alumnos extremeños. El protocolo hace que la aparición de un positivo en un aula conlleve el aislamiento del resto de compañeros y que se pase de las clases presenciales a la modalidad a distancia, donde el ordenador vuelve a ser el sustituto de los libros. Los pequeños vuelven así a formarse en solitario, sin pupitres ni compañeros, y sus padres tienen que volver a hacer malabares para cuadrar esos deberes con sus trabajos.

«En este caso el padre ha pedido días a la empresa, no sabemos aún si contarán como vacaciones, pero se los han concedido sin problema y hemos tenido esa colaboración para esta semana», explica Mercedes, madre de un alumno de 3º de Infantil del colegio Sagrado Corazón de Don Benito, «en los próximos días será más problemático porque a él no le quedan días, yo sigo trabajando y no sabemos cómo lo vamos a hacer».

Antes ya habían descartado recurrir a los abuelos, «porque en mi caso es mi padre el que trae a los niños y se los lleva al salir. Pero decidimos que los abuelos, al ser grupos de riesgo, no se quedaran con ellos».

Es el problema a la que se enfrentan muchos apenas una semana después de la vuelta al cole, ya que en su caso la normalidad ha durado poco. «Esperábamos que esto sucediera, pero no tan pronto, ni que fuéramos los primeros de Don Benito», lamenta esta madre afectada por los cierres de aulas que se están produciendo en toda la región. En el caso de la localidad dombenitense, son ya tres las burbujas afectadas, una en el Sagrado Corazón y dos aulas de distintos cursos de Infantil del colegio Claret.

La semana escolar arranca con 73 aulas extremeñas con enseñanza online

«En un principio, no te voy a mentir, sentimos un poco de los nervios porque había mucha confusión y estábamos sin saber qué iba a pasar. Era algo que se veía venir y que esperábamos, es inevitable al ser muchos niños, pese a los protocolos, de puertas para fuera cada uno no sabe lo que hace cada familia», asegura Mercedes. En cualquier caso, valora de forma positiva la reacción en el centro escolar, «porque desde el minuto uno nos mantuvieron informados de todos los pasos que se habían realizado. Por ahí, bastante tranquilidad. Además, el contagio no había sido en el colegio».

Sin embargo, esa tranquilidad no la sienten los más pequeños que, con curiosidad y cierto temor, preguntan quién es el compañero que se ha contagiado. «La primera reacción fue preguntar quién era el compañero contagiado, pero yo no se lo he dicho porque no creo que haya que perseguir ni culpar, porque nos puede pasar a cualquiera. Todos sabemos que los niños sin querer pueden llegar a ser muy crueles y por eso tampoco le he dicho el nombre», afirma. Aunque esa negativa no convenció a su hijo que, horas después insistía: «Entonces, alguno de mis amigos se encuentra muy enfermo», le dijo a su madre. «Comprendí su preocupación, pero le tranquilicé explicándole que los niños no lo llevan tan mal, que es como un catarro, para quitarle un poco de importancia».

Vuelta a las tabletas

Pese a ser un contagio externo, el protocolo obliga a que esta veintena de alumnos permanezca en cuarentena. En ese sentido, esta madre cree que el protocolo dentro del colegio se está realizando de forma correcta, pero entiende que son muchos los factores externos que pueden influir. «No se quitan las mascarillas en todo el día, excepto el momento de comer la merienda en el recreo. Pero en ese momento tienen las indicaciones del tutor y se vuelve a respetar el metro y medio de distancia para sentarse donde les indican», comenta sobre un protocolo que entiende que está funcionando.

Sin embargo, apenas han tenido que quitar el polvo a tabletas y ordenadores que se convirtieron en aliadas en el mes de marzo y meses después vuelven a ser las herramientas formativas de los más pequeños, aunque ahora con menos temor. «El confinamiento ya nos sirvió para entrenarnos en ese sentido, entonces tampoco nos asusta estar catorce días así. A muchos de ellos las actividades interactivas les resultan casi más atractivas que los ejercicios de un libro. Además, los pequeños nos están dando una lección desde el confinamiento, durante el verano y ahora también», asegura.

14 días de deberes

Aunque en este momento cada casa es un mundo y la capacidad de adaptación difiere, algo que se tiene en cuenta también desde los centros. «La situación cambia mucho de una casa a otra, algunos tienen que dejar a los niños en manos de otros porque los dos padres trabajan y aquellos en los que hay un padre que se está quedando con ellos y puede hacer un trabajo más intensivo», explica José María Cidoncha, profesor de esta clase de Educación Primaria en el Sagrado Corazón y que también se encuentra en cuarentena.

Además, advierte de que esta situación es muy diferente a la que se vivió hace unos meses cuando estas clases a distancia se iban a realizar durante todo un trimestre. «Estos días damos un mínimo porque el objetivo es retomar cuando volvamos, es otro punto de vista completamente distinto al del estado de Alarma, ahora son sólo catorce días», afirma este maestro, que pretendía ir preparando a sus alumnos para esta posible cuarentena, «calculando que esto podría ocurrir en unos meses, pero no tan pronto».

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