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De la mitología a la vida

Personajes mitológicos han alentado históricamente no pocos montajes de los balletsflamencos. Han sido una inspiración recurrente, quizás por su valor simbólico para expresar aspectos de la condición humana. El de Ariadna, que curiosamente goza de distintas resoluciones, ha sido el elegido por la bailaora sevillana para hilvanar un relato libre este viernes en el Festival de Jerez, que toma diferentes elementos del mito para reflejar estados vitales comunes a todos los mortales: la soledad y el abandono, la atracción amorosa, el laberinto de la duda, el ansia de libertad… En la labor de trasladar esos sentimientos y emociones universales al baile estriba el valor de una obra que se presentó inusualmente cohesionada para ser un estreno y que ofreció una representación formal austera, pero muy rica en sus contenidos dancísticos y musicales.

En los primeros, Rafaela Carrasco se reafirma en su línea de exigencia y búsqueda de la excelencia hasta obtener un espectáculo muy perfilado, sin aristas, con un trabajo grupal equilibrado y muy fluido. El baile de la directora está presente en la mayoría de los cuadros, ya sea interactuando con la compañía como brillando en solitario con una multiplicación de recursos que, sin dejar de ser flamencas, pudieron evocar formas orientalizantes acordes con el relato, pero sin perder en ningún momento la necesaria precisión. Una cierta contención domina los gestos y la expresión durante una obra, que, a la vez, se dinamiza en las coreografías exclusivas de los hombres y, de forma especial, en los diferentes pasos a dos que Rafaela mantiene con los cuatro bailaores del elenco, que destacan por una homogeneidad grupal que no diluye sus rasgos individuales.

Musicalmente, el espectáculo suena flamenco, pero dominado por la misma libertad y riesgo que inspira la obra toda. La música de Jesús Torres no parece tener límites expresivos y adquiere aromas de una singular inspiración, como en el cuadro de los girasoles. Las interpretaciones de cante de Campos y Ortega se llenan de una multiplicidad de matices para mejor ilustrar el relato que se quiere contar. No es que canten por uno u otro estilo concreto —peteneras, soleares, tangos, tonás…—, sino que en cada uno de ellos ofrecen toda una galería de variantes. Y todo ello, y eso es algo que hay que destacar, con letras completamente originales y referidas a la historia en cuestión. Una aportación que solo se explica porque se trata de artistas que rebasan de largo la condición por la que se les identifica.

Con una conclusión abierta, la obra regresa a la petenera con la que arrancó, pero con otros componentes musicales y otro tono vital: frente a la desolación inicial se impone la esperanza. La obra completa apenas una hora de tiempo. No provoca insatisfacción y sí el deseo de permanecer más tiempos en las formas y músicas que la han configurado.

Con normalidad y sin mascarillas

Cuando hace unas semanas, casi medio centenar de inscritos en los cursos de formación del Festival de Jerez procedentes de China anunciaron la cancelación de sus viajes, hubo quien pensó que la epidemia del coronavirus en China podría afectar a la celebración este evento, en cuanto congrega a más de un millar de cursillistas en su programa formativo, muchos de ellos venidos de países orientales (Japón, Taiwan…). Sin embargo, las bajas debidas a la epidemia se quedaron en eso. La ciudad ha recibido a sus visitantes, de hasta treinta nacionalidades, con total normalidad: no se observa prevención y las calles del centro histórico han vuelto, como cada año, a convertirse en una animada y colorista muestra de multiculturalidad. Ni en ellas ni en los espacios escénicos se ha podido ver mascarilla alguna.

Compañía Rafaela Carrasco. 'Ariadna (Al hilo del mito)'

Dirección y coreografía: Rafaela Carrasco. Dramaturgia y letras: Álvaro Tato.

Voz en off: Carmelo Gómez. Dirección musical: Jesús Torres. Baile: Rafaela Carrasco, Rafael Ramírez, Gabriel Matías, Ricardo Moro y Felipe Clivio. Palmas: Jesús Perona y Jesús González. Guitarras: Jesús Torres y Salvador Gutiérrez. Cantaores: Miguel Ortega y Antonio Campos. Composición musical: Jesús Torres y Antonio Campos. Tangos: Antonio Campos y Salvador Gutiérrez. Coreografía Los Girasoles: David Coria. Diseño de escenografía e iluminación: Gloria Montesinos.

Teatro Villamarta, Jerez. 21 de febrero.

Se trata del evento internacional más importante dedicado al baile flamenco y la danza española con la presencia de las principales compañías que llegan al Teatro Villamarta para presentar sus más recientes espectáculos. Casi medio centenar componen el programa de la edición de este año, que cuenta con diez estrenos absolutos, entre los que se cuentan los de Rafaela Carrasco, Antonio El Pipa, Marco Flores, Belén Maya o el Ballet Nacional de España, que ha elegido Jerez para estrenar las primeras coreografías de su nuevo director, el sevillano Rubén Olmo, Premio Nacional de Danza en 2015. También traen sus obras otros galardonados con la misma distinción como son Sara Baras, Olga Pericet, Manuel Liñán, Rafael Estévez y Valeriano Paños o Javier Latorre, que dirige la producción del legendario artista japonés Shohi Kojima, un habitual en la cita.

Mas no todo son grandes nombres. También los valores emergentes encuentran la oportunidad de presentar sus trabajos en las salas alternativas, que también acogerán estrenos. Y, más allá del baile, el cante y el toque, protagonistas de ciclos propios con presencia de artistas como los guitarristas Rafael Riqueni y Paco Jarana, la cantaora María Vargas, reciente Medalla al Mérito en las Bellas Artes, y los cantaores David Carpio y Mateo Soléa, entre otros. Todo ello repartido entre seis distintos espacios no muy distantes entre sí, que otorgan al evento su condición humana y una particular cercanía.