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De botellón o avistando pájaros, el anecdotario del confinamiento

La crisis sanitaria por el coronavirus ha paralizado casi por completo la vida de miles de ciudadanos en todo el mundo. En Euskadi, hace poco más de quince días aún se miraba al virus como un ente extraño y ajeno, sin imaginar que en muy poco tiempo iba a dar un giro de 180º a nuestra forma de vivir. Las normas de limitación de movimientos impuestas por el Real Decreto de estado de alarma han confinado en sus casas a la población, una situación para la mayoría desconocida. Sin embargo, aún los hay escépticos, rebeldes que se niegan a asumir las normas, bien por insolidaridad y egoísmo o por no terminar de creerse del todo que el hecho de quedarse en casa vaya a servir para que el virus deje de propagarse. Y eso que los médicos, enfermeros y el resto del personal sanitario no se cansan en insistir en ello. Qué más quisieran ellos que estar encerrados, a salvo, con sus familias.

Las denuncias interpuestas por la Policía desde el día 14 de marzo, cuando entró en vigor el estado de alarma, se acumulan a diario. Y eso que las multas van de los 600 euros para arriba. Pero da igual. Todavía hay quienes se niegan a quitarse el paseo de los domingos. Aunque hay que reconocer que las razones y excusas que algunos alegan para justificar su presencia en la calle podrían ser dignas de servir para el monólogo de un humorista.

Testigo de algunos casos cuanto menos curiosos han sido los agentes de la Guardia Municipal de San Sebastián, que en estas dos semanas acumulan centenares de sanciones y alguna que otra detención. Uno de los casos apuntados en rojo es el de un hombre y una mujer que fueron denunciados este miércoles en Martutene. Quién les iba a decir a ellos que no podían vender patatas a gritos desde su furgoneta. Cuando los agentes abrieron su vehículo encontraron 16 corderos y medio con sus correspondientes cabezas, 460 kilos de patatas, 45 de cebollas, 7 berzas, 40 litros de leche de oveja en marmitas metálicas, once cuartos de queso envasado, 20 paquetes de jamón, 25 de carne y cuatro de chorizo. Todo un 'súper' ambulante.

Varias personas mayores han sido apercibidas por salir a tirar migas de pan a las palomas y gaviotas en San Sebastián

Una pareja fue denunciada el miércoles por vender patatas a gritos desde la furgoneta, donde también tenían cebollas o corderos

Hay muchos ciudadanos que han pasado a engrosar el anecdotario del confinamiento. Como un vecino de Pasaia, que fue localizado en el Peine del Viento tomando un café con un termo que él mismo había preparado. Si no fuera por los 600 euros que le podría costar, la verdad es que es un planazo que habría que imitar, cuando el estado de alarma se levante, claro. Lo mismo que le podría ocurrir a un hombre que fue localizado en un parque de Aiete. Había salido a avistar pájaros. Otros dos hombres recibieron su llamada de atención por estar, tranquilamente, mirando a los patos en el río en Loiola. También hay personas mayores que, temerosas de que las palomas, gaviotas y otras aves de la ciudad no tengan qué comer, han sido apercibidos por salir a tirarles migas de pan.

Siguiendo con las razones ligadas al mundo animal, hay algunos que gracias a sus perros se están haciendo auténticas maratones por la ciudad. Habría que preguntarles a los perros qué opinan de tan desinteresados y sobre todo largos paseos a diario. Los agentes han sancionado a vecinos de Gros sacando a su mascota por Ondarreta, por ejemplo.

También hay jóvenes que se han rebelado y que no quieren dejar las noches de fiesta en suspenso durante tanto tiempo. Un grupo fue pillado en Sagüés haciendo botellón. Más allá fueron en un piso de la Parte Vieja, donde montaron una fiesta, aunque tuvieron el detalle de hacerla con las ventanas abiertas, para hacer partícipe al vecindario. Parece que no les gustó la música, porque solo consiguieron que avisaran a la Policía. Otros tienen dudosas formas de pasar el tiempo, como dos chicos que fueron localizados tras saltar la valla y entrar en el cementerio el sábado pasado.

Lo que ha dejado claro el confinamiento es que Donostia es una ciudad llena de deportistas en potencia. Ha costado y mucho encerrar a ciclistas, korrikalaris, patinadores y demás, aunque haya tenido que ser a golpe de denuncia. Algunos casos que fueron sancionados: unos chicos que jugaban a basket en Añorga, otro grupo que hacía lo propio en unas canchas de Amara o un patinador haciendo virguerías en el skatepark, que estaba precintado.

Otro tema es el de los bañistas que religiosamente entran al mar a diario. Este mismo lunes la Policía pilló a dos personas bañándose en la playa de Ondarreta, y la semana pasada fueron varios los que lo hicieron en La Concha. No obstante, la mayoría de quienes salen a la calle sin justificación alegan, simplemente, que están paseando. Como ellos, personas que toman el sol en los bancos, que se beben una cerveza en un parque o que leen un libro. Las excusas, para otros. Aunque algunos meten la pata por no estar al día de los cambios en la ley. Este martes una mujer dijo a los agentes que iba a la peluquería, pero su cierre se había decretado hacía una semana.

Vecinos convertidos en espías

Cabe destacar además que en la labor por garantizar que se cumple la ley la Policía cuenta con numerosos aliados. Aunque la mayoría de las denuncias se realizan cuando la Guardia Municipal está patrullando las calles, también se dan muchos casos en que son avisados por vecinos, que se han convertido en auténticos espías desde sus ventanas y balcones.

Estas son solo algunas de las anécdotas registradas en Donostia, pero se dan muchas más a diario en otros territorios. Aunque la Ertzaintza no ha dado a conocer ninguna de ellas, la Policía Foral de Navarra retransmite a diario desde su cuenta de Twitter algunas de las sanciones más sonadas. Hubo una que se hizo viral, y fue la triple denuncia a una mujer de 80 años que fue interceptada en la calle con varias papelinas de 'speed', alegando que se las estaba guardando a su nieta. La mujer fue denunciada también por realizar actos obscenos, ya que se levantó la falda, dejando sus partes íntimas a la vista de los agentes, mientras les decía: «Toma, mira aquí también si quieres». En su 'top ten' también está un hombre que conducía sin justificación, bajo los efectos de las drogas y sin puntos en el permiso de conducir, y una pareja que fue cazada el sábado pasado de picnic en Goizueta y pescando sin licencia.

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