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David Byrne se va por las ramas

Muchos artistas suelen decir que piensan dibujando, algo que también podría hacer suyo el músico y compositor David Byrne, exmiembro de los legendarios Talking Heads. Desde hace décadas dibuja diagramas y figuras de árboles, con sus ramas por arriba y sus raíces bajo tierra. En ellos combina «falsa ciencia, escritura automática, autoanálisis, sátira y, quizá, hasta un intento serio de encontrar conexiones donde no se pensaba que las hubiera».

Byrne ha reunido 92 de esos dibujos en el libro 'Arboretum', que ahora publica Sexto Piso. En el árbol 44, titulado 'Gestión del tiempo', aparecen por sus ramas las indigestiones, los encuentros casuales, el tiempo perdido, los enamoramientos repentinos y las promesas incumplidas. Las raíces se refieren a los días festivos, las licencias, los sabáticos, los días libres, las vacaciones y los puentes.

Al cantante no le falta cerebro. De hecho, en su última gira, que pasó por el Bilbao BBK Live en 2018, salía al escenario con una reproducción de la masa cerebral entre las manos. Es de los pocos músicos que ha sabido conjugar los ritmos de las músicas del mundo con la suya propia, y que ha destacado por el tono intelectual con el que ha vestido sus composiciones.

«Mapas mentales»

En sus inicios, Talking Heads compartieron el escenario de la cochambrosa sala CBGB, en el Bowery neoyorquino, con rockers, punkis y nuevaoleros como Patti Smith, Ramones y Blondie. Pero ellos -sobre todo él- destacaron por ser los más finos, trajeados y artísticos.

Años después, Byrne se casó con la artista Cindy Sherman, muy querida por los críticos, la academia y el mercado. La marca 'cultureta' siempre estuvo en las producciones de este músico que estudió en la prestigiosa Escuela de Diseño de Rhode Island. En ella conoció a Tina Weymouth y Chris Frantz, bajista y batería respectivamente de Talking Heads. Para marcar terreno, ya ha declarado unas cuantas veces que en aquella época se durmió en un concierto de Led Zeppelin, bandera del rock duro.

«Estos dibujos comenzaron como instrucciones para mí mismo en un pequeño cuaderno: 'Dibuja un árbol evolutivo del placer', o: 'Dibuja un diagrama de Venn sobre relaciones (…) Son órdenes para mí mismo para realizar mapas mentales de territorios imaginarios (…) Quizá era una suerte de terapia personal que permitía a mi mano 'decir' lo que la voz no podía», escribe en la introducción a su 'Arboretum'.

Su técnica consiste en partir de una idea o fórmula sin sentido -'Stop Making Sense', se tituló uno de los mejores discos de su grupo- y desarrollarla con una lógica implacable. Byrne se tira a la piscina y asegura que «el objeto de muchas investigaciones científicas no es, en el fondo, sino la justificación elaborada desde el deseo, el prejuicio, el capricho y la gloria». Reconoce que esta perspectiva sobre la ciencia más bien desanima, pero le da la vuelta a este pesimismo y subraya la belleza y el placer que han resultado de la «actividad cerebral a lo largo de los siglos».

El autor de 'Psychokiller' y 'Burning Down My House' ya había mostrado sus ambiciones intelectuales en uno de sus libros anteriores, 'Cómo funciona la música'. El último capítulo se titula 'Harmonia Mundi' y por él desfilan los babilonios y los egipcios, armados con sus reglas musicales. También analiza las raíces biológicas de la música. Nos suena bien y nos gusta porque sus sonidos son similares a los del habla pero más bellos y armónicos, producto de la aplicación de secuencias matemáticas.

Cabeza visible del movimiento ciclista urbano en Nueva York, Byrne ha publicado también 'Diarios de bicicleta'. «Para mí, la sensación física del transporte autoimpulsado, junto con la impresión de autocontrol inherente a esa situación sobre dos ruedas, tiene un efecto vigorizante y tranquilizador que, aunque pasajero, me basta para estar centrado el resto del día», escribió este músico que, a un mes de cumplir 69 años, sigue estando en plena forma.

El ajuste de cuentas del batería de Talking Heads

La publicación del libro de David Byrne coincide en las mesas de novedades de las librerías con las memorias del batería de Talking Heads, Chris Frantz, tituladas 'Amor crónico' (Libros del Kultrum, traducción de Íñigo García Ureta). Como suele ser habitual en libros de esta clase, Frantz ajusta cuentas con el mundo y en particular con Byrne. Fue él y la que luego fue su mujer, la bajista Tina Weymouth, quienes le propusieron unirse al grupo. En el capítulo artístico, apenas le reconoce su aportación, aunque sí sus intentos de apartarlos de la producción de 'Remain in Light', que suele considerarse como el mejor disco de la banda, para quedarse solo con Brian Eno, acreditado productor de, entre otros muchos, David Bowie, John Cale y Coldplay.

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