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Spain

Cuando Costa no pudo evitar el KO en la Europa League y Vidal protegía al Bayer

Bayer - Atlético (21.00 horas)

El delantero, sumido en una crisis de gol, es el único superviviente junto a Lars Bender de aquel primer duelo de 2010. El Bayer es el rival alemán al que más veces se ha enfrentado el Atlético (8)

Quique Sánchez Flores, en el duelo ante el Leverkusen en 2010. REUTERS

El Hotel Best Western Leoso de Leverkusen está a unos 15 minutos a pie del BayArena (30.000 espectadores), el recinto donde el Bayer juega sus partidos. Todos los empleados de este hotel llevan un pin del equipo en la solapa y una bandera del conjunto de la ciudad ondea en la entrada principal. En Leverkusen, todo orbita en torno a la actividad de la famosa empresa farmacéutica que da nombre al club de fútbol (Bayer) y, por supuesto, a la entidad deportiva. Y, sin embargo, aunque allí viven más de 160.000 personas, la mayoría de los futbolistas, sin ir más lejos su joven estrella Kai Havertz, que se perdió un partido frente al Atlético por un examen en el instituto (2017), residen en Colonia (más de un millón de habitantes), a sólo media hora. Así que Leverkusen se empieza a apagar en cuanto el sol desaparece. Y en noviembre eso ocurre a partir de las 17.00 horas.

El Atlético conoce bien este rincón de Alemania porque el Bayer Leverkusen es el equipo germano al que más veces se ha enfrentado. El de esta noche será el octavo duelo entre ambos (al Bayern y al Borussia Dortmund se ha medido seis veces) y cuarto en el BayArena, donde sólo ganó en 2017 (2-4). Todos, en la segunda década del siglo XXI. Desde su primer duelo en 2010, durante la fase de grupos de la Europa League, los rojiblancos tienen por costumbre alojarse en el Hyatt Regency de Colonia y desplazarse a Leverkusen con tiempo, ya que el tráfico suele jugar malas pasadas.

De aquella primera vez sólo sobrevive un jugador en ambas plantillas. Uno es el capitán del Bayer, Lars Bender (30 años), que defendió el lateral izquierdo en el duelo de hace dos semanas en el Metropolitano. En aquel invierno de 2010 era un jovenzuelo que empezaba como pivote a las órdenes de Jupp Heynckes. El otro, en plena guerra psicológica con el gol, es Diego Costa (31), que en aquella época trataba de hacerse un hueco definitivo en el Atlético tras un puñado de cesiones, pero que no pudo marcar en ninguno de los dos duelos. Quique Sánchez Flores le empezó a dar peso en el equipo, pero tendría que marcharse cedido al Rayo, un año después, tras superar una rotura del ligamento cruzado. Hace nueve años, la vida era muy distinta para todos, sobre todo para el Atlético, que deambulaba en la Liga y anduvo no pisó la Champions durante casi cuatro años (2009-2013), ya en la segunda temporada completa de Simeone.

"Hay que transmitirles seguridad"

Curiosamente, Costa no ha vuelto a pisar el BayArena desde aquella lejana y fría noche de diciembre de 2010, donde sólo jugó 25 minutos y el Atlético, coronado en Hamburgo meses atrás, acabó marchándose de la competición por la puerta de atrás. Sobre aquella gélida hierba, por cierto, también correteó el hoy barcelonista Arturo Vidal, que meses después se marcharía a la Juventus por 12,5 millones. En las dos eliminatorias de Champions frente al Bayer (2015 y 2017), el delantero rojiblanco defendía los colores del Chelsea. Aunque al final de cada curso, incluso durante la competición, Simeone no dejaba de pensar en él. Incluso hubo algún que otro encuentro. Ambos se echaron de menos hasta que, en septiembre de 2017, Diego volvió a Madrid a cambio de 66 millones de euros.

De aquello ya han transcurrido más de dos años en los que, sin embargo, el delantero no ha logrado recuperar su versión goleadora más fiera. Al contrario. Vive sumido en una depresión anotadora, como demostró hace sólo unos días en el Sánchez-Pizjuán, donde perdonó un penalti y tuvo en sus botas la victoria. En resumen: dos goles en 13 partidos. "Trabajamos para transmitir a los futbolistas seguridad en consecuencia con lo que han marcado en el campo. Hay que ayudar a todos los futbolistas y en eso trabajamos", explicaba ayer Simeone, convencido de que en cualquier momento irrumpirá el mejor Costa, como en aquel derbi veraniego de Nueva Jersey donde atronó al mundo (y al Real Madrid) con cuatro goles.

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